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Full text of "Contra la vacunacion"

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CONTRA. 


POR 

ESTEBAN  WÓNNER 

DOCTOR  EN  MEDICINA  Y  C1RU.IÍA 


Fiat  lux . .  .  . 

Et  lux  facía  est; 


MOKTBVIDIO 

Imprenta  á  vapor  de  El  Siglo,  calle  25  de  Mayo  número  58 


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POR 


ESTEBAN  WÓNNER 


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\YVaVa  <VyV  AVyy^  *\  ÍyVoy  'K\  aYWYcV  \yoy  Vos  syyyVyyos  \YYYs\aCVos  c\\  rV\v- 
y'yyy  yyy  Va  c\YY(VeY\\YYY  (VyV  eóVYva  yayoyVyyys  (\^  o  K)  \\  yoyy  oVva  voraaV 

C\YYyVy  eOYY^YYYO  Va  VKvY\aYSa  YYVVOYYYYS  ^LeYYYYYYYVC,  CAY  V?  YYY*  YYY  a  \YOY 
Yt^YYaV  YAYOVVwO  (\^Vo  V>)\  YYOYtY¿YtY«Vo  \YOY  yV  ~£vYV^  (Vy  7VYvVVa  WyYYAyVy  YY*- 
\0  \  YOYY  Va  YYYY-%,  *Vy  YYyVíyVVyYO  C\.Y  Va  Óy'CYYYY  CvY  ^YYYY  YYYYYYYYO  Y\ 
TjYY-^IYYO  (\%77)i  «'W  \YY YYYYYO  ‘V.Y  VOS  Sí.  Y*  YYYYYO  S  \\A*  YSVavVoS  á  Vos  V\tY- 
Vyyyyyos  yyy  WoyyVyyyyíVyo  yyy  Vas  yV^y*Vywyyyys  cVy  ^yyV>yy  yyyyyyyy’yVVyy 
(Ví>  t>7  «>  7  V ,  H>)  \\  cay  Va  <VeV  YoVYva  yayo  yYv  yys  (\%^%)*,  \  yyy-7*y*ysy- 
^YYYVY  <Vy  Va  &  OYYYtVa<V  \\a\YYYYYYYaYYYaYYa  \\  YYYOTYYtYV^YY,  YVY. ,  í\Y. 


Fiat  lux. .  .  . 

Et  lux  facta  est. 


MONTEVIDEO 

Imprenta  á  vapor  de  El  Siglo,  calle  25  de 


» 


las  Fajvulias 

que  siguiendo  mis  -consejos  no  vacunaron  á  sus  fi 
jos  como  yo  no  vacuné  á  los  mies , 


•Ofrezco  estos  ayuntes, 


ESTEBAN  WÓNNEE. 


Montevideo,  Noviembre  de  1882. 


A  LOS  LECTORES 


Desde  el  año  1868,  fecha  harto  dolorosa  para  mí,  pues  reinando  epidé¬ 
micamente  la  Difteritis  (croup  y  llagas)  en  toda  esta  República,  perdí  á 
dos  de  mis  hijos;  viendo  los  estragos  que  hacia  aquella  enfermedad  y  la  re¬ 
sistencia  que  oponia  a  cualquier  método  empleado,  me  preocupé  asidua¬ 
mente  de  su  estudio  y  de  las  causas  que  pudieran  hacerla  tan  rebelde,  tan 
mortal,  tan  contagiosa,  y  tan  connm  en  este  país. 

En  los  años  1865,  1866  y  después  de  16  continuos  de  ejercer  pura  y 
únicamente  la  medicina  homeopática,  ya  en  Turin  (1850  á  1856),  ya  en 
el  Paraná  (1856  á  1857),  ya  en  esta  ciudad  desde  1857  hasta  la  fecha,  y 
después  de  haber  visto  las  funestas  y  numerosas  consecuencias  de  la  vacu¬ 
nación  de  brazo  á  brazo  y  su  relación  con  el  croup,  empecé  á  publicar  al¬ 
gunos  artículos  contra  ella,  apoyando  mi  opinión  en  la  de  otros  autores. 

Poco  tiempo  después  viendo  evidentemente,  por  un  sin-número  de  ejem¬ 
plos,  que  si  es  verdad  que  por  la  vacuna  traida  directamente  de  la  vaca  el 
hombre,  sea  niño  é)  de  mayor  edad,  no  corre  el  peligro  de  contraer  la  sífilis 
ú  otras  enfermedades  peculiares  de  este,  como  harto  frecuentemente  su¬ 
cede  por  la  vacunación  de  brazo  á  brazo,  por  lo  contrario  contrae  dispo¬ 
siciones  á  la  locura,  al  suicidio  y  á  la  difteritis  (vulgarmente  llagas),  las 
que  se  observan  en  las  epizootias  del  animal  vacuno,  sobre  todo  en  este 
país,  escribí  contra  la  vacunación  en  general. 

Debiendo  ahora  discutirse  por  los  señores  Representantes  de  la  Asam¬ 
blea  Legislativa  de  esta  República,  la  ley  de  vacunación  obligatoria  pro¬ 
puesta  por  el  Superior  Gobierno  á  instancia  de  la  Junta  de  Higiene,  me 
decidí  á  publicar  todos  esos  artículos  reunidos  en  un  folleto. 

Era  mi  intención  ofrecer  gratuitamente  á  los  asociados  de  la  Revista  Ho¬ 
meopática,  organo  oficial  de  la  sociedad  Halmemaniana  Uruguaya,  estas 
páginas  como  haciendo  parte  de  la  misma  Revista  y  llevando  el  número 
de  orden  9.°  y  10.  7 

Sin  embargo,  habiéndose  opuesto  algunos  socios  que  son  vacunistas,  so 
pretesto  de  que  mi  opinión  no  era  la  de  la  Sociedad,  me  decidí  á  publi¬ 
carlo  sin  esa  calidad,  ofreciéndolo  del  mismo  modo  á  ellos. 


CONTRA  LA  VACUNACION 

POR 

ESTEBAN  WÓNNER 

-  <i  a  m - 


I— Algunas  observaciones 

RELATIVAS  AL  CROUP  Y  SU  TRATAMIENTO,  ACOMPAÑADAS 
,  DE  UNA  ESTADÍSTICA  DE  MORTALIDAD  (1) 

Desde  acunas  semanas  el  croup  hace  más  estra¬ 
gos  que  de  ordinario  en  esta  ciudad.  Como  se  verá 
mas  adelante,  si  en  todo  el  mes  de  Agosto  ha  habi¬ 
do  cuatro  casos  solamente  mortales  de  esta  enfer¬ 
medad,  en  Setiembre  hubo  nueve,  y  en  lo  que  va 
de  Octubre  alcanzan  ya  á  catorce,  sin  contar  los  que 
no  están  certificados  por  los  hombres  de  la  ciencia. 
Decimos  mortales,  porque  no  conocemos  todos  los 
que  no  lo  han  sido. 

A  pesar  de  haberse  publicado  varios  artículos  so¬ 
bre  esta  temible  y  terrible  dolencia,  sobresaliendo 
entre  ellos  los  que  dio  á  luz,  dos  años  hace, nuestro 
colega  el  Dr.  D.  Adolfo  Brunel,  nos  decidimos,  sin 
embargo,  á  publicar  hoy  las  siguientes  observacio¬ 
nes  que  venimos  recogiendo  desde  mucho  tiempo 
atrás  sobre  este  flagelo. 

El  croup  ó  angina  membranosa,  según  varios  au¬ 
tores,  llamado  también  por  Guersant  Angine  couen- 
neuse,  es  una  variedad  de  la  Diphtherie,  del  renom¬ 
brado  Bretonneau,  y  su  nombre  más  propio  y 
adecuado  es  Difteritis  de  la  laringe.  Muchos  lo 
confunden  con  la  angina  gangrenosa.  Así  en  el 
Diccionario  de  Nysten  (edición  de  1855,  pág.  77), 
hablando  de  las  anginas,  so  observa  esta  confusión, 
lo  que  es  un  gran  error.  Bastan  para  distinguir  la 
gangrenosa,  las  manchas  negras  de  la  garganta  y 
de  la  laringe,  el  olor  fétido  que  despide  la  boca 
del  enfermo  que  las  tiene, (color  negro  y  olor  fétido 
que  jamás  tienen  los  enfermos  del  croup, )  y  la  rᬠ
pida  marcha  déla  enfermedad,  que  ordinariamente 
en  menos  de  dos  dias  puede  matar  al  enfermo.  La 
hemos  visto  pocas  voces,  poro  una  sobre  todo,  que 
observamos  en  1856,  en  Turin,  tenía  dichos  carac- 
tóres  tan  marcados,  que  podía  distinguirlos  aún  la 
persona  más  profana  á  la  ciencia. 

El  croup,  ó  difteritis  de  la  laringe,  es  una  enfer¬ 
medad  bastante  común  conocida  entre  nosotros,  para 
que  sus  síntomas  puedan  ser  olvidados  ó  confundidos 
con  los  do  otra.  La  tos  particular  que  la  acompaña, 
además  de  la  fiebre  continua,  las  manchas  blancas 
en  la  boca  y  en  la  garganta  (vulgo  llagas),  y  la  afo- 
DÍa  ó  falta  de  voz  que  se  presentan  en  ella,  consti¬ 
tuyen  sus  síntomas  propios,  sobre  todo  los  últimos, 
que  la  diferencian  del  falso  croup  ó  angina  estridu- 
losa. 

[  1 )  Este  artículo  fué  publicado  en  los  diarios  siguientes  : 

El  Siglo  de  Montevideo  número  354 fecha  30  de  Octubre  de  1865. 

El  Pueblo  de  idem  número  884  y  885  id.  id.  id. 

El  Criterio  Medico  de  Madrid,  Ñs.  20  y  21  págs.  475,  497  (1867). 


El  croup,  conocido  desde  mucho  tiempo  en  todas 
las  partes  del  mundo,  so  ha  presentado  en  eslos  paí¬ 
ses  desde  pocos  años  acá  con  una  fuerza  extraordi¬ 
naria. Verdad  es  que  cuando  el  croup  es  epidémico  es 
mucho  mas  temible,  poro  la  difteritis  tan  fatal,  sin 
síntomas  de  croup  como  ahora  so  vó,  pocas  veces  se 
ha  conocido.  Diremos  entre  tanto  que  la  difteritis  es 
una  afección  esencialmente  general,  cuyo  carácter  es 
formar  falsas  membranas  en  las  varias  partes  del 
cuerpo.  Si  ataca  la  garganta  sola  y  la  faringe,  llᬠ
mase  difteritis  de  la  faringe’,  si  la  laringe,  toma  el 
nombre  de  difteritis  de  la  laringe,  ó  croup,  etc» 
Puede  también  atacar  las  partes  exteriores  y  presen¬ 
tarse  en  un  intertrigo  ó  en  una  llaga  do  un  cáusti¬ 
co,  y  también  en  los  intestinos  (2).  Es  revistiendo 
todas  estas  formas,  que  ha  aparecido  en  estos  últi¬ 
mos  años  entre  nosotros.  Así  lo  hemos  visto,  por 
desgracia,  en  uno  de  nuestros  hijos,  que,  atacado  de 
la  difteritis  eu  las  partes  exteriores,  falleció  sin  pre¬ 
sentar  el  mas  pequeño  síntoma  de  croup. 

Tanto  aquí  como  en  la  Colonia,  Concordia  y  Bue¬ 
nos  Aires,  la  difteritis  presentó  esas  variedades; 
pero  las  manchas  difteríticas  en  el  centro  de  la  lla¬ 
ga  de  un  cáustico,  del  intertrigo,  etc.,  ó  en  la  boca  y 
garganta  mostraban  bien  cuál  era  su  naturaleza. 

A  nuestro  parecer,  en  estas  regiones  la  difteritis 
afecta  de  un  modo  mas  violento  que  en  otras  par¬ 
tes,  contribuyendo  quizas  á  esto  condiciones  loca¬ 
les,  (3)  que  la  hacen  por  oso  mas  grave. 

El  croup  es:  l.°  una  afección  general,  como  diji¬ 
mos;  2.°  suele  ser  epidémico;  3.°  es  contagioso; 
4.°  á  veces  es  hereditario;  5.°  no  respeta  edades. 

1. °  El  croup  (  y  las  otras  variedades  de  difteritis ) 
es  una  afección  general  con  manifestaciones  loca¬ 
les  (4).  Tenemos  á  la  vista  una  obra  que  creemos 
de  las  mejores  publicadas  á  este  respecto.  Quizá  po¬ 
cos  la  conozcan.  Traite  de  la  diphtherie  de  la  larynx 
par  le  Dr.  Millet.  París  1865 ,  ouvrage  couronné 
par  la  Société  des  Sciences  Médicales  de  Bruxelles. 
Véase  lo  que  ese  autor  dice  en  la  página  237,  como 
también  la  observación  contenida  en  la  página  35 
sobre  un  niño  que  murió  de  resultas  de  la  afección 
difteritica  general,  á  pesar  de  no  presentar  mas  sín¬ 
tomas  de  croup  y  después  de  quince  dias  que  se  le 
creía  sano.  Este  carácter  es  de  suma  importancia 
para  su  tratamiento,  como  lo  veremos  más  ade¬ 
lante 

2. °  El  croup  es  epidémico.  El  mismo  autor  habla 
de  varias  epidemias  de  croup  que  cundioron  en  To- 
losa  en  el  año  1859,  y  en  varias  otras  partes  de  la 
Francia  en  el  año  1858;  pero  la  fuerza  con  que  se 

(2)  Véase  obra  citada  mas  adelante,  pág.  131. 

(3)  El  abuso  de  la  carne. 

(4)  Véase  obra  citada,  páginas  13  y  237. 


—  o  — 


ha  desarrollado  epidémicamente,  tanto  en  la  Co¬ 
lonia,  Concordia  y  Buenos  Aires,  como  en  esta  ciu¬ 
dad,  on  el  año  62  63,  deja  quizás  atrás  aquellas 
epidemias.  Más  adelante  se  verá  la  prueba. 

3. "  El  croup  es  contagioso.  Dicho  autor  (1  )  ad¬ 
mite  el  contagio,  y  dice  que  es  tan  contagioso  como 
■ía  viriuela,  la  escarlatina  y  el  sarampión,  propa¬ 
gándose  del  mismo  modo.  No  son  las  teorías  las 
4ue  en  medicina  pueden  decidir  un  juicio,  sino  los 
(hechos  observados  por  los  médicos,  y  todos  saben 
■que  la  medicina  es  la  ciencia  de  la  observación. 
Véase  dicha  obra,  páginas  49  y  52.  y  en  la  16,  don¬ 
de  refiere  que  el  año  1858  fueron  destruidas  por  el 
«croup  faindias  enteras,  compuestas  do  cinco  y  seis 
•personas,  on  dos  departamentos  do  la  Francia.  En 
-otra  obrita  alemana  leemos  que  en  Berlín,  el  año 
1854,  un  tal  Hurre.l,  profresorde  música,  perdió  sus 
-cinco  lujos  en  pocos  dias,  y  un  empleado  público 
también  cinco  en  quince  dias.  Nosotros  sabemos 
que  en  la  Concordia,  entre  otras  familias  la  de  D.  J. 
Megget,  inglés,  perdió,  en  1863,  ocho  hijos  en  pocas 
-semanas.  Un  tal  Gómez,  do  la  Union,  perdió  siete 
■aiños  en  dos  ó  tres  dias,  siendo  tres  de  ellos  enter¬ 
rados  en  el  mismo  dia.  Nosotros,  que  escribimos 
estas  observaciones,  tuvimos  la  desgracia  de  perder 
-dos  robustas  criaturas  en  un  mismo  dia,  uno  de 
croup  y  el  otro  do  difteritis  exterior.  Al  señor 
don  J.  M.  Barboza  le  aconteció  eso  mismo;  y  en 
-este  año  al  Sr.  Blaizac  calle  25  de  Mayo,  al  Sr.  Ba- 
glietto  calle  Cerrito,  y  á  la  familia  Anavitarte  calle 
Reconquista.  En  la  Colonia  el  señor  Quintana  perdió 
¿res  niñas  de  regular  edad  en  poco  tiempo.  Así  en 
Rueños  Aires  y  otras  partes  repitiéronse  iguales 
•desgracias.  Además  de  esto,  como  prueba  convin¬ 
cente  del  contagio,  lóase  la  obra  de  que  hemos  ha¬ 
blado  mas  arriba,  página  31,  y  las  observaciones, 
«en  las  páginas  38  y  39,  las  que  no  dejao  duda  del 
•  contagio.  (2) 

4. °  Es  hereditario.  El  Dr.  Millet  (página  23)  cuen¬ 
ta  que  una  señora  de  Tours  perdió  sus  cinco  niños, 
todos  del  croup,  en  la  edad  de  diez  y  ocho  meses  á 
tres  años.  Conocemos  eu  esta  ciudad  al  Sr.  J.  J.  B., 
quien  perdió  ya  tres  hijos  del  croup  y  otros  de  afec¬ 
ción  al  pecho.  No  tenemos  otras  observaciones. 

•5-°  No  respeta  edades.  Aunque  coo  mayor  fre¬ 
cuencia  afecte  á  los  niños  de  dos  á  ocho  años,  sien¬ 
do  en  ellos  mortal  muchísimas  veces,  por  razón,  no 
-solo  del  pequeño  diámetro  de  la  laringe  y  de  la 
íraquea,  la  que  mas  prontamente  se  obturan  por 
¿as  falsas  membranas,  sino  también  de  la  poca  re¬ 
sistencia  do  esos  seres  á  la  afección  general,  no 
,,por  eso  deja  de  ser  fatal  en  las  personas  mayores. 

Qigánse,  en  comprobación,  las  siguientes  obser¬ 
vaciones  tomadas  de  dicha  obra,  página  18.  La  em 
peratriz  Josefina,  primera  mujer  de  Napoleón  el 
«Grande,  murió  de  croup,  á  los  51  años  de  edad. 
Washington  falleció  de  la  misma  dolencia,  á  los  67 
.años.  El  general  Durrouchet,  á  los  63  años.  Enrique 
Blache,  practicante  de  un  hospital  de  Paris.  á  los  26. 
El  Dr.  Gilleto  murió  igualmento  do  croup,  á  los  58 
-años,  de  resultas  del  contagio  recibido  en  una  ope 
jacion  hecha  á  un  niño  atacado  de  ól.  Nosotros 
¿añadimos  que  la  reina  Estefanía  de  Portugal,  aun¬ 
que  operada,  murió  á  los  22  años,  en  1859,  y  una 

(1)  Páginas  38  y  siguientes  de  dicha  obra. 

(2)  Consignaremos  otro  caso  muy  triste.  La  familia  Bustos  per¬ 
dió  5  hijos  en  el  espacio  de  pocas  semanas.  En  el  cementerio  de 
esta  ciudad  hay  un  monumento  que  los  recuerda  con  estas  pocas 
■y  dolorosas  palabras:  Los  cinco  murieron  de  croup'! 


tal  Ana  Rosa,  de  36  años,  murió  en  esta  ciudad,  en 
Marzo  de  este  año,  como  resalta  de  los  registros  de 
la  Junta  Económica.  (3)  Creemos  que  esto  bastará 
para  evidenciar  la  aserción  de  que  el  croup  no  res¬ 
peta  edades.  (4) 

¿Hay  alguna  relación  entre  el  croup  y  otras  afec¬ 
ciones  contagiosas?  Creomos  que  sí.  Tanto  el  doc¬ 
tor  Millet  como  la  mayor  parto  de  los  autores,  nada 
dicen  ú  este  propósito;  sólo  dicho  autor  confiesa,  en 
la  página  101,  quo/atnásha  visto  sanar  á  niños  de 
croup  morbiloso  ó  con  sarampión.  Varios  casos  he¬ 
mos  oído  de  cronp  mortal  consecutivos  al  saram¬ 
pión,  como  el  del  hijo  del  Sr.  Schiaffino,  de  Bue¬ 
nos  Aires,  etc;  pero  aceptando  esa  confesión  alopᬠ
tica,  diremos  que  nos  cupo  la  suerte  este  año  de 
curar  á  un  niño  del  señor  Palacios,  de  croup,  re¬ 
sultado  del  sarampión.  Pero  hay  otra  relación,  á 
nuestro  parecer,  entre  el  croup  y  otra  enfermedad. 
Hablarnos  da  la  viruela  y  de  la  vacuna. 

No  seremos  nosotros  los  que  levantaremos  nues¬ 
tra  voz  contra  la.  vacunacion,  pero  sí  la  levantaremos 
contra  el  sistema  que  se  emplea  para  vacunar  á  los 
niños,  y  de  brazo  á  brazo,  sin  tener  todas  las  pre¬ 
cauciones  posibles,  observando  coa  esmero  si  el 
niño  que  cede  el  virus  tiene  condiciones  de  buena 
salud. 

Pero  no  queremos  hablar  de  esto;  fundados  en  las 
observaciones  que  desdo  hace  tiempo  vamos  reco¬ 
giendo,  creemos  que  los  niños  vacunados  desde  muy 
temprana  edad,  si  suelen  quedar  preservados  f or¬ 
dinariamente  por  ocho  ó  diez  años)  de  la  viruela, 
quedan,  en  cambio,  dispuestos  d  muy  graves  enfer¬ 
medades  como  las  difteritis,  y  sobre  todo  al  croup. 

Esta  opinión  quizás  parecerá  á  muchos  muy  atre¬ 
vida,  pero,  convencidos  del  esmero  quo  hemos  te¬ 
nido  en  nuestras  observaciones,  la  externamos,  no 
sin  el  deseo  de  que  los  hechos  nos  muestren  que 
nos  equivocamos. 

lió  aquí  los  puntos  en  que  fundamos  nuestra  opi- 
nioo: 

1. °  Casi  todos  los  niños  que  sucumben  do  croup 
están  vacunados. 

2. “  Algunos  do  los  que  liemos  salvado  del  croup, 
ó  no  estaban  vacunados  ó  cayeron  después  con  vi¬ 
ruela,  como  un  niño  del  Sr.  Perrone. 

3. °  Desde  que  la  viruela  abunda  tanto  entre  nos¬ 
otros,  el  croup  se  presenta  con  menos  frecuencia.  (5) 

4. °  En  los  muchos  variolosos  que  asistimos,  siem¬ 
pre  hemos  observado  difteritis  ó  en  la  boca  ó  en  la 
faringe. 

5. °  En  las  familias  en  que  ha  habido  algún  vario¬ 
loso,  cuyos  otros  miembros  hemos  podido  preser¬ 
var  do  la  viruela,  hemos  visto  varios  de  ellos  enfer¬ 
marse  de  difteritis  faríngea. 

Si  estos  puntos  de  contacto  no  bastasen  para 
establecer  nuestra  opinión  á  este  respocto,  añadire¬ 
mos  el  experimento  practicado  por  el  Dr.  Millet  (6), 
quién,  habiéndose  picado  el  brazo  con  una  lanceta 
mojada  en  una  falsa  membrana,  vió  aparecer  eu 
este  lugar  una  pústula  semejante  á  la  de  la  vacuna. 


(3)  El  ingeniero  Evbcr,  murió  en  Paris  el  año  1S67,  del  croup, 
véase  Les  Mondes,  Vol.  XII,  pág.  263. 

(i)  Después  de  publicado  este  trabajo,  hubo  un  caso  muy  espe¬ 
cial  del  croup,  cu  persona  mayor,  y  fue  el  de  la  Princesa  Alicc 
de  Inglaterra,  esposa  del  gran  duque  de  Hessc,  fallecida  el  14  de 
Diciembre  de  1878  de  croup  á  la  edad  de  36  años. 

(3)  Véase  al  linal  de  estas  páginas  y  en  los  anexos  la  tabla  rela¬ 
tiva  á  las  variaciones  del  croup  con  ia  viruela. 

(6)  Véase  obra  citada,  pág.  30, 


7 


Conocida  la  naturaleza  de  esla  enfermedad,  cuyo 
pronóstico  es  muchas  veces  fatal,  nos  toca  hablar 
de  su  tratamiento.  ¿Cuál  de  los  sistemas  conocidos 
y  adoptados  en  esta  ciudad  es,  pues,  el  más  eficaz 
para  curarla?  ¿el  alopático,  el  hidropátíco  ó  el  ho¬ 
meopático?  Fácil  será  comprender  que  damos  la  pre¬ 
ferencia  á  este  último,  pero  en  fuerza  de  razones 
y  de  hechos  prácticos,  de  que  vamos  á  ocuparnos  y 
que  nos  parecen  decisivos. 

La  alopatía  usa  en  la  difteritis,  máxime  si  revisto 
la  forma  croupal,  los  vomitivos,  purgativos,  las  un¬ 
turas,  (antiguamente  las  sanguijuela*),  el  pereloro- 
rurode  fierro,  etc.;  las  cauterizaciones  y  la  opera¬ 
ción  ó  traqueotomía.  Nada  de  esto  puedo  curar  el 
croup,  en  la  mayor  parte  délos  casos.  Muchos  son 
los  que  todavía  creen  que  los  vomitivos  son  efica¬ 
ces  en  esta  enfermedad.  ¡Lamentable  error!  El  croup 
se  vé  que  es  una  enfermedad  general,  cuyo  asiento 
está,  digámoslo  vulgarmente,  en  la  masa  de  la  san¬ 
gre,  pues  que,  á  pesar  de  expectorar  ó  lanzar  mu¬ 
chas  falsas  membranas,  el  enfermo  se  muere.  ¿A. 
qué,  pues,  molestar  á  éstos,  sobre  todo,  cuando  ni¬ 
ños,  con  tan  duro  tratamiento?  Si  se  pregunta  á  las 
familias  que  perdieron  sus  hijos  de  esta  enferme¬ 
dad,  que  es  lo  que  obtuvieron  con  semejante  siste¬ 
ma,  se  adivinará  cual  es  la  contestación.  Sabemos 
muy  bien  que  no  faltará  quien  nos  cite  algún  caso 
de  curación  de  ella  con  vomitivos  repetidos  en  pocos 
dias  y  hasta  en  pocas  horas;  pero  nosotros  lo  duda¬ 
mos,  y  creemos  que  se  trataba  do  una  angina  estri- 
dulosa,  ó  falso  croup,  en  la  que  admitimos  que 
alguna  vez  tales  medicamentos  alopáticos  puedan 
ser  inofensivos.  Véase  además  la  obra  citada,  página 
143, en  la  que  el  autor  dice,  que  los  vomitivos  admi¬ 
nistrados  á  menudo  son  nocivos. 

Lo  mismo  decimos  de  la  cauterización,  sea  por 
medio  de!  percloruro  de  fierro  ú  otras  sustancias, 
como  prefiere  el  autor  susodicho,  y  do  la  operación. 
La  garganta,  ó  mejor  la  laringe,  so  desocupará, 
quedará  limpia  como  en  la  observación  de  la  pági¬ 
na  35  (1),  y  como  lo  hemos  visto  en  el  niño  del 
señor  Blaizac;  pero  las  falsas  membranas  invadirán 
la  tráquea,  los  bronquios,  y  el  niño  so  morirá  como 
si  no  hubiese  sido  atormentado  con  las  cauteriza¬ 
ciones  ó  con  la  operación. 

Mas  adelante  se  verá,  en  la  tabla  que  hemos  for¬ 
mado,  lo  que  valen  los  vomitivos,  las  cauterizacio¬ 
nes  y  la  traqueotomía;  y  si  en  Francia  esta  última 
ha  dado  algún  resultado,  puesto  que  salvó  á  48  so¬ 
bre  131,  los  que  hubieran  seguramente  muerto  sin 
ella  (2),  en  esta  ciudad,  sin  duda  por  la  gravedad  de 
la  difteritis  no  dió  aquellos  resultados. 

Sobre  el  uso  del  percloruro  de  fierro,  que  es  in¬ 
útil  por  las  razones  ya  aducidas,  y  que  si  tiene  una 
acción  química  sobre  la  sangre  cuando  está  fuera 
del  cuerpo  humano,  no  la  tiene  cuando  está  en  cir¬ 
culación,  dirémos  que  la  experiencia  en  estos  paí 
ses  habla  poco,  hasta  ahora,  en  su  favor. Véase  tam¬ 
bién  lo  que  dice  dicho  autor  en  las  páginas  186  y 
224.  Hemos  visto,  entro  varios  otros,  morir  un  niño 
del  señor  Blaizac  tratado  por  el  percloruro  de  fierro, 
á  pesar  de  tenor  toda  la  faringe  sin  una  sola  man¬ 
cha.  Igual  opinión  tenemos  del  azufre. 

En  cuanto  á  los  demás  recursos  alopáticos,  repe¬ 
timos  lo  que  el  mencionado  autor  alópata  dice  en  la 
página  121,  «que  él  método  antiflojístico  mata  inevi- 

(1)  M  Millct,  obra  citada. 

(2)  ¡Vlillet,  página  232. 


tablomente  á  los  pobres  niños,  en  los  cuales  se  pono, 
en  práctica,  y  que  el  tralamiento  mercurial  ha  dado 
lugar  á  espantosas  catástrofes.» 

Los  tratamientos  hidropático  y  homeopáieo  no 
tienen  estos  peligros;  aquel  puede  salvará  los  niños 
afectados  del  croup  verdadero.  Véase  la  observación, 
do  la  página  178  do  dicha  obra.  No  conocemos  ca¬ 
sos  acaecidos  en  esta  ciudad,  y  para  cerciorarnos  so 
necesitaria  del  concurso  de  autoridades  cientificas,. 
do  que  carecemos. 

Resta  probar  que  el  tratamiento  homeopático  es- 
el  mejor  de  los  tres.  Las  razones  y  los  hechos  nos 
facilitarán  la  pruebe  de  esta  aserción  de  una  manera 
incontestable.  Es  sabido  que  los  medicamentos  ho¬ 
meopáticos  no  tienen  acción  ni  do  vomitivos  ni  da 
purgantes,  tampoco  pueden  cauterizar  los  pequeños 
glóbulos  ó  las  tinturas  homeopáticas.  La  acción  de 
estos  remedios  es  dinámica,  es  general,  es  en  la 
masa  de  la  sangre,  por  eso  es  perfectamente  ade¬ 
cuada  á  esta  enfermedad.  ¿Quién  desconoce  el  po¬ 
der  del  tratamiento  homeopático  en  esta  capital? 
¿Cuál  es  la  persona  que  no  ha  visto  ú  oido  hablar 
de  las  curas,  casi  prodigiosas,  hechas  por  los  varios- 
homeópatas  que  hay  en  ella,  en  una  multitud  des. 
enfermedades? 

Podemos  disponer  para  curar  esta  afección  de  una 
gran  masa  do  remedios  desconocidos  á  los  alópatas... 
El  Bromum,  preconizado  por  el  Dr.  Ozanam,  en. 
fuerza  de  sus  felicísimos  resultados  (3);  el  Apis, 
Lachesis ,  Kali  bycromaticum,  Amonium-causticum, 
Phosphorus ,  Spongia  y  otros  más,  son  todos  indi¬ 
cadísimos  en  él,  según  sus  varios  estados.  No  que¬ 
remos  con  esto  decir  que  se  pueden  curar  á  todos, 
los  enfermos  tratados  por  ellos.  ¡Ojalá  fuera  así! 

Hemos  dicho  que  no  son  las  teorías  solas,  y  mé— 
nos  las  charlas  de  algunos,  las  que  valen  en  me¬ 
dicina,  sino  los  hechos  prácticos  y  la  observación 
esmerada  de  ellos.  Vamos,  pues,  á  citar  algunos» 
El  Sr.  Estrázulas  salvó  del  croup  á  un  niño  del  se- 
¡  ñor  Penal  va,  y  las  falsas  membranas,  que  él  guarda, 
fueron  arrojadas  en  su  presencia.  El  Dr.  De  Kort 
salvó  á  otro  niño  del  Sr.  Maeso,  y  las  falsas  mem¬ 
branas  las  conserva  también  dicho  doctor.  Nosotros 
curamos,  en  lo  más  fuerte  de  la  epidemia  de  1863, 
á  un  niñodelSr.  Perrone  (callo  Reconquista  N.°137),. 
y  las  falsas  membranas  están  á  disposición  del  que 
desée  verlas.  Curamos  además  en  1857,  á  otro  niño 
de  D.  Amaro  Sienra  y  en  1860  á  otro  del  Sr.  D.  Luis 
Lerena;  así  otros  más,  como  se  verá  en  la  tabla 
que  insertamos. 

Pueden,  pues,  las  dosis  homeopáticas  sanar  ei 
croup.  En  cuanto  á  la  difteritis  faríngea,  y  en  la  ge¬ 
neral  sin  localidad  en  la  laringe,  no  dudamos  en 
aposlarcon  quien  lo  desée,  que  sanaremos  95  de 
100  atacados,  sin  echar  mano  del  agua,  del  fierro  á 
del  fuego. 

¿Cuál  es,  pues,  el  tratamiento  más  conforme  con 
aquellas  célebres  palabras  de  cito,  tuto,  ju cunde? 
¿Será  jucunde  la  cauterización  de  la  alopatía?  ¿Será 
tuto  los  niños  muertos  después  do  la  operación? 
Sera  cito  sanar,  cuando  acontece,  después  de  una 
convalecencia  de  muchas  semanas? 

Después  de  haber  hablado  de!  medio  de  arreba¬ 
tarlos  á  la  muerte,  vamos  á  indicar  la  manera  como 
se  puede  precaver  á  los  niños  y  á  las  personas  ma¬ 
yores  de  esta  fatal  enfermedad.  Además  de  los  va- 

(3)  Véase  ¡uiticí,  página  IS7,  y  Cosmos,  Revuc  des  Sciences,  18G0, 
página  123. 


8  — 


rios  preservativos  qae  el  sistema  homeopático  posee, 
adoptados  á  las  varias  epidemias  de  cólera,  escarla¬ 
tina,  etc.,  creemos  que  los  tiene  también  para  la  dif¬ 
teritis.  Pero  dejando  éstos,  en  los  cuales  no  todos 
tienen  confianza,  creemos  que  el  paseo  al  aire  libre, 
el  vivir  en  casas  bien  ventiladas,  y  sobre  todo  oí 
alejamiento  do  las  casas  ydelas  ciudades, donde  hay 
esta  epidemia,  pueden  servir  á  salvar  en  parte  á 
muchos;  sin  embargo,  si  los  primeros  de  que  ho¬ 
rnos  hablado,  basados  en  nuestra  convicción  y  en  los 
hechos,  los  declaramos  ciertos,  los  segundos  suelen 
sor  inciertos. 

No  terminaremos  este  artículo  sin  declarar  so¬ 
lemnemente  aquí,  que  el  único  objeto  que  hemos 
tenido  al  hacer  esta  publicación,  ha  sido  unir  nues¬ 
tras  pobres  observaciones  á  las  de  tantos  otros  prác¬ 
ticos  de  mucha  más  ciencia  que  nosotros,  aunque 
creemos  que  nadie  nos  supere  en  el  amorque  te¬ 
nemos  á  nuestros  semejantes  y  á  la  ciencia  que 
practicamos  desde  1850.  Menos  nos  ha  impulsado  á 
esto  el  deseo  do  polémicas,  que  evitaremos  siompro 
que  podamos,  ó  el  desprecio  do  la  alopatía.  Vemos 
que  nuestros  niños,  tratados  tanto  por  la  alopatía 
como  por  la  homeopatía,  se  mueren.  Vemos  que  se 
salvan  por  ésta  y  por  la  otra.  Unamos,  pues,  todas 
nuestras  observaciones,  juntémonos  y  tentemos  de 
reunir  nuestras  vistas  sobredicha  enfermedad;  qui¬ 
zás  de  este  modo  alcanzaremos  lo  que  todos  los 
módica  deseamos,  salvar  á  todos,  ó  al  ménos  la 
mayor  parto  de  los  enfermos  que  se  confian  á  nues¬ 
tros  cuidados. 

Concluidas  nuestras  observaciones,  pasamos  ú 
corroborarlas  con  dos  tablas  estadísticas,  una  de  los 
casos  de  croup  acontecidos  desde  1863  en  esta  ciu¬ 
dad,  otra  de  várias  personas  tratadas  por  los  dos 
sistemas. 

La  estadística  do  mortalidad  podría  ser  mejor,  y 
quizás  se  podrían  añadir  muchos  otros  á  estos  ca¬ 
sos,  si  todos  los  certificados  de  defunción  fuesen  por 
porsonas  de  la  ciencia.  Competiría  esto  al  médico 
de  policía,  ó  como  se  acostumbra  en  otros  países,  á 
un  módico  municipal,  sin  cuyo  certificado,  expedi¬ 
do  en  presencia  del  cadáver,  no  se  puede  enterrar. 
Si  la  Junta  Administrativa,  además  de  otras  gran¬ 
des  mejoras  realizadas  en  estos  últimos  años,  y  so¬ 
bre  todo  en  estos  últimos  meses,  tuviese  á  bien 
introducir  ésta,  creemos  que  haría  un  servicio  á  los 
habitantes  de  esta  capital.  El  decreto  fecha  12  de 
Junio  de  1850,  que  autoriza  á  los  tenientes  alcaldes 
para  expedir  certificados  de  defunción,  debería  mo¬ 
dificarse  ó  abolirse  como  varios  otros,  y  como  ya 
dijimos,  ó  confiar  este  cuidado  al  Médico  de  Policía, 
6  nombrar  un  módico  municipal,  ó  si  no,  módicos 
de  sección  (á  semejanza  de  lo  que  se  hizo  en  la  Co¬ 
misión  de  Salubridad  Pública),  á  los  que  competiría 
expedir  tales  certificados,  que  serian  más  válidos 
que  aquellos  de  los  tenientes  alcaldes,  quienes  casi 
siempre  los  expiden  sin  reconocer  el  cadáver,  y  sin 
tener  más  pruebas  que  las  declaraciones  de  un  pa 
riente  ó  amigo,  etc.,  que  declara  haber  muerto  Fu¬ 
lano  de  Tal,  de  muerte  natural !.... 

Además  de  esto,  se  comprenderá  muy  bien  que 
no  podemos  publicar  esta  estadística  con  más  deta¬ 
lles,  por  el  espacio  deque  podemos  disponer  en  este 
diario,  pero  pensamos  hacerlo  en  una  publicación 
separada. 

Todos  estos  datos  los  hemos  sacado  de  los  libros 
de  la  Comisión  de  Cementerios,  cuyo  presidente, 
D.  Juan  Pedro  Castro,  con  su  acostumbrada  bondad, 


■  nos  los  facilitó,  por  lo  cual  lo  damos  las  más  since¬ 
ras  granas. 

Montevideo,  26  do  Fobroro  de  1865. 

RELACION  de  casi  todos  los  casos  de  croup  opera¬ 
dos  en  esta  ciudad.  Como  se  observará,  en  un 
solo  caso  la  operación  fue  coronada  de  feliz  su¬ 
ceso. 

Aldabe  Natalia  .  .  4  años, 

Acevedo . 6  <s 

Guerra  Nicolás.  .  5  * 

Garaicochea.  ...  5  « 

González  Matilde.  7  « 

Mornies  María  .  .  5  « 

Suló  Juan . 4  %  <- 

TABLA  que  demuestra  la  mortalidad  del  croup  y 
otras  difteritis,  en  Montevideo,  Cordon  y  Aguada 
desde  Enero  de  1865  al  27  de  este  mes,  sacada  de 
los  apuntes  existentes  en  la  oficina  de  la  Junta 
E.  A.  de  esta  ciudad. 


Años 

Meses 

Mujeres 

Varones 

TOTAL 

1863 

Enero  .  .  . 

1 

1 

2 

» 

Febrero  .  . 

» 

1 

1 

» 

Marzo  .  .  . 

» 

2 

2 

Abril .... 

3 

1 

4  2  hermanos 

Mayo.  .  .  . 

4 

4 

8 

Junio.  .  .  . 

3 

2 

5  2  hermanos 

» 

Julio  .  .  .  . 

9 

7 

16  7  hermanos 

Agosto .  .  . 

1 

3 

4 

I> 

Setiembre  . 

» 

» 

» 

Octubre  .  . 

6 

1 

7 

» 

Noviembre. 

1 

3 

4 

» 

Diciembre  . 

1 

4 

5  3  hermanos 

1864 

Enero  .  .  . 

1 

1 

2 

» 

Febrero  .  . 

2 

3 

5 

» 

Marzo  .  .  . 

5 

2 

7 

3 

Abril .... 

-  » 

1 

1 

» 

Mayo.  .  .  . 

1 

2 

3 

» 

Junio.  .  .  . 

1 

» 

1 

» 

Julio  .  .  .  . 

3 

2 

5 

Agosto .  .  . 

1 

5 

6 

2> 

Setiembre  . 

» 

» 

» 

» 

Oetubre  .  . 

1 

1 

2 

» 

Noviembre. 

1 

3 

4 

2> 

Diciombre  . 

3 

1 

4 

1865 

Enero  .  .  . 

1 

1 

2 

» 

Febrero  .  . 

1 

2 

3 

2> 

Marzo  .  .  . 

3 

» 

3 

» 

Abril.  .  .  . 

1 

» 

1 

2> 

Mayo.  .  .  . 

1 

7 

8  2  hermanos 

Junio.  .  .  . 

3 

6 

9 

» 

Julio  .  .  .  . 

4 

3 

7 

» 

Agosto .  .  . 

» 

4 

4  2  hermanos 

Setiembre  . 

4 

5 

9 

Octubre  .  . 

5 

9 

14 

71 

87 

158 

Se  puede  observar  en  esta  tabla  que  si  en  el  mes 
de  Setiembre  de  los  años  1863  y  1864  no  ha  habido 
un  sólo  caso  de  croup  mortal,  en  este  año,  al  con¬ 
trario,  hubo  9. 


1865  operada,  muerta 
1859  «  sanó 

1864  «  muerto 

1862  «  « 

1865  «  « 

1863  «  « 

1864  «  « 


9 


RELACION  de  algunos  casos  de  croup  que  han  sido 
curados  por  los  varios  homeópatas  de  esta  ciu¬ 
dad,  como  también  de  todos  los  que  han  sido  Ira 
lados  (1)  por  el  abajo  firmado. 


Anavitarto  Ricardo. 
»  Manuela 

Artau  Julia . 

Blanco  María.  .  .  . 
Blaizac  Virginia  .  . 
Baeza  Adolfo.  .  .  . 
Brander  Francisco  . 
D’  Albonas  María.  . 
Lapuente  Mercedes. 
Lerena  Gilberto.  .  . 

Maeso . 

Márquez  Carlos.  ,  . 
Nuñez  Enriqueta.  . 
Peñalva  David  .  .  . 
Perrone  Juan.  .  .  . 
Palacios  Josefina.  . 
Sienra  Juanita  .  .  . 
Sienra  Dorotea.  .  . 
AVónner  Juan  .  .  . 


9  meses.  W  1865  muerto 

8  años.  1865  » 

7  «  1865  sano 

3  «  W  1865  muerta 

18  meses.  1865  « 

6  años.  1865  « 

3  «  W  1862  sano 

3  «  W  1863  muerta 

5  «  1863  « 

4  «  W  1858  sano 

5  «  1863  « 

4  «  W  1858  muerto 

3  «  1865  muerta 

9  «  1865  sano 

12  «  W  1865  « 

4  «  W  1863  sana 

9  «  1865  « 

3  «  W  1857  « 

4  «  1863  muerto 


II— Vacuna  y  método  do  -vucunar  (2) 

Apreciado  señor: 

Me  permito  pedir  á  V.  conceda  un  espacio  en  las 
columnas  de  su  popular  diario,  á  una  publicación 
de  suma  importancia  para  el  pueblo,  y  en  particu¬ 
lar  para  los  padres  de  familia. 

Quiero  hablar  de  la  vacuna  y  del  método  de  pro¬ 
pagarla. 

Si  bien  es  cierto  que  ella  preserva  temporᬠ
neamente  de  la  viruela,  no  es  menos  cierto  que 
muchos  niños,  y  algunos  de  familias  respetables  de 
esta  ciudad,  que  podria  citar,  han  quedado  afectos 
de  enfermedades  desconocidas  en  su  familias,  des¬ 
pués  de  haber  sido  vacunados. 

A  pesar  de  las  observaciones  modernas  conocidas 
de  todos,  entre  nosotros  está  en  uso  todavía  la  an¬ 
tigua  práctica  de  vacunar  do  brazo  á  brazo.  Este 
método  es  malísimo  y  lo  criticamos  francamente 
esternando  el  deste  de  que  sea  sustituido  por  el 
método  adoptado  en  Nápoles  hace  ya  tiempo  y  eo 
Paris  en  estos  últimos  años,  que  consiste  en  tomar 
la  vacuna  natural  de  la  vaca  ó  de  la  ternera,  y  una 
de  sus  pústulas  para  cada  individuo  por  separado, 
método  muy  fácil  de  practicarse  en  este  país. 

Es  realmente  sensible  que  se  permita  á  algunas 
parteras  el  vacunar,  porque  siendo  ellas  en  general 
poco  observadoras,  transmiten  de  ese  modo  dispo¬ 
siciones  á  graves  enfermedade5,  cuando  no  trans¬ 
miten  la  enfermedad  misma. 

A  este  propósito  y  como  prueba  de  estas  opinio¬ 
nes  someramente  emitidas,  me  es  grato  traducir 
para  el  popular  diario  de  Usted  un  artículo  in¬ 
serto  en  el  periódico  Les  Mondes  en  la  página  344 
del  tomo  I  de  la  2.a  série,  y  es  el  siguiente  : 

«  La  práctica  de  vacunar  experimenta  en  este 
momento  en  Paris  un  cambio  decisivo.  Se  renuncia 
cada  vez  más  á  la  vacuna  humana  para  volver  al 

(1)  Están  señalados  con  una  AV. 

(2)  Este  articulo  lité  publicado  en  el  numero  933,  fecha  26  de 
.Noviembre  de  1867,  del  diario  El  Siglo  de  Montevideo. 


verdadero  cow-pox,  tomado  de  la  vaca  ó  de  la  ter¬ 
nera. 

«  Hay  que  observar  que  esta  vez  también  la 
Francia  que  so  cree  siempre  la  primora  on  la  vía 
del  progreso  se  ha  dejado  sobrepasar  por  otras  na¬ 
ciones  y  sobretodo  por  la  Alemania  y  la  Italia  (Nᬠ
poles  ). 

«  i  Hace  más  de  50  años  el  Archiduque  de  Austria 
Juan,  había  multiplicado  en  la  Estiria  el  CoAV-pox  y 
lo  ceiia  con  placer  á  los  médicos  que  se  lo  pedían  y 
hasta  hece  poco  podia  obtenerse  del  Dr.  Víctor  An- 
drae  en  Francfort.Gallen  Gasse  núm.  10.  Estos  dato» 
los  tengo  del  Dr.  Gallardin  de  León,  quien  los  reco- 
jió  en  su  viaje  médico  que  hizo  por  Alemania  en 
1819.  Pero  mucho  antes  y  desde  1802,  se  habia  in¬ 
troducido  en  Napelos  esia  práctica  por  el  Dr.  Galbia- 
ti.  Este  inoculaba  por  primera  vez  una  ternera  con 
vacuna  humana  y  la  multiplicaba  dospues  de  tal 
modo  que  pudiese  dar  abasto  á  la  vacunación  de 
aquella  gran  capital. 

«  Hace  como  seis  meses  que  el  Dr.  Palasciana, 
dio  una  lección  sobre  >a  vacuna  animal  pero  veinte 
y  dos  años  hace,  el  Dr,  Negri  habia  tenido,  por  tres 
veces,  la  suerte  de  hallar  el  cow  pox  natural  en 
unas  vacas  de  los  cerros  de  la  Calabria,  cow-pox 
totalmente  puro,  y  sin  ninguna  coincidencia  con  el 
horse  pox.  Vacunó  entonces  varios  ternorosy  por 
medio  de  ellos  vacunaba  constantemente  á  los  niño3 
de  la  ciudad. 

«  Y  es  de  Nápoles  que  el  Dr.  Latmoix,  testigo  de 
la  premura  con  que  aquella  población  habia  acep¬ 
tado  la  vacunación  animal,  trajo  á  Paris  osla  salu¬ 
dable  costumbre.  La  primera  ternera  vacúnala  en 
Nápoles  y  conducida  á  Paris  vivo  todavía  y  presen¬ 
temente  él  vacuna  dos  veces  por  semana  tres  ter¬ 
neras  haciendo  á  cada  una  de  ellas  60  punturas 
obteniendo  así  360  botones  que  le  sirven  para  dis¬ 
tribuir  el  precioso  antídoto  á  todos  los  que  lo  de¬ 
sean. 

«  Esto  joven  y  sábio  médico  ha  llegado  á  conclu¬ 
siones  particulares,  y  ha  adoptado  de  esto  modo  la 
costumbre  tan  necesaria  y  reclamada  desde  tanto 
tiempo,  de  no  mezclar  las  sangres.  Cada  pústula 
está  destinada  á  un  individuo  ó  á  una  familia  y 
bajo  este  puQto  da  vista  ttdo  cuidado  y  advertencia 
será  siempre  poca.  Porque  si  algunos  ejemplos  fe- 
lizmenie  raros  han  venido  á  probar  que  la  sifiüs 
podia  trasmitirse  con  la  vacuna  tomada  de  un  niño 
atacado  de  ella  y  desarrollarse  en  personas  sanas  (3) 
éstos  no  prueban  que  la  misma  infección  no  pueda 
desarrollarse  procediendo  en  modo  contrario  del 
que  ¡o  pido  al  que  lo  dá. 

«  Y  por  cierto  que  observando  bien  el  proceder 
en  este  antiguo  método  de  vacunar  eso  se  puode 
esplicar.  Supongamos  diez  ó  veinte  personas  que 
desean  ser  vacunadas.  Ellas  so  quitan  los  vestidos,, 
levantan  la  manga  de  la  camisa  y  so  acercan  at 
Administrador  de  la  vacuna.  Este  pica  con  su  lan¬ 
ceta  la  pústula  de  la  vacuna  y  con  olía  comunica  el 
virus  á  un  niño  ó  á  un  estudiante  ó  á  un  militar  ó  á 
un  obrero.  Pero  ¿quién  nos  garante  que  estén  li¬ 
bres  de  ciertas  enfermedades?  No  se  les  ha  exami¬ 
nado,  ni  se  les  ha  preguntado  cosa  alguna.  Coa 
mucha  precipitación  se  hacen  las  punturas  desea- 


(3)  Véase  al  linal  de  este  folleto  la  nota  de  la  Comisión  Muni¬ 
cipal  de  Buenos  Aires.  Véase  también  el  periódico  francés  l.es 
Mondes,  1866,  vol.  XII,  pág.  5C6,  ambos  relativos  al  caso  de  sí¬ 
filis  trasmitidos  por  la  vacunación. 


10  — 


das  y  la  lanceta  ó  aguja  aún  llenas  de  la  sangre  de 
olios  y  nunca  limpiada  se  vuelve  á  poner  en  la 
pústula  del  niño  que  cede  su  vacuna. 

«  Por  varias  experiencias  modernas,  se  ha  proba¬ 
do  que  la  sangre  puede  en  ciertas  circunstancias, 
propagar  la  sífilis  :  por  consiguiente  si  el  militar 
que  ha  sido  vacunado  tiene  esa  enfermedad,  su 
sangre  puedo  inocularla  á  la  pústula  del  niño,  y  al¬ 
gunos  dias  más  tarde  a!  fin  del  período  de  la  vacu¬ 
na,  cuando  su  virus  habrá  cesado  de  existir  el 
principio  sifilítico  apoderándose  de  esta  lesión  ya 
'¿aecha,  se  transformará  y  le  comunicará  toáoslos 
caracléres  de  una  úlcera. 

«  Pero  esto  no  es  todo:  con  esta  lanceta  cargada 
de  humores  do  la  vacuna  del  niño  y  de  la  sífilis  del 
militar,  so  vacunan  después  mujeres,  jóvenes  y  ni¬ 
ños:  calculad  si  os  es  posible,  á  dónde  pueden  con¬ 
ducir  tales  inoculaciones. 

«  Una  sola  cosa  me  maravilla,  y  es  que  no  se 
produzcan  mas  accidentes,  desgracias  y  complica¬ 
ciones  con  tal  método;  pero  de  seguro  que  pueden 
suceder  y  á  mas  de  eso  ¿de  qué  está  cargada  la 
lanceta  que  pica  la  pústula  de  la  vacuna?  ¿Será  so¬ 
lamento  de  virus  vaccinieo?  Por  cierto  que  nó.  Bas¬ 
ta  examinar  con  el  microscopio  un  átomo  de  ese 
virus  para  reconocer  en  él  además  de  serum,  vehí¬ 
culo  posible  do  muchos  humores,  muchos  glóbulos 
sanguíneos,  glóbulos  de  pus,  células  epiteliares,  y 
muchas  otras  cosas.  Guantas  disposiciones  pueden 
así  comunicarse  sin  que  uno  lo  sospecho.  Un  nue¬ 
vo  campo  al  estudio  so  ofrece  después  de  las  obser¬ 
vaciones  hechas  por  el  Sr.  ViUcmain,  quien  cree 
haber  demostrado  que  el  tubérculo,  engendra  el 
tubérculo.  Y  la  historia  de  Leannec  parece  apoyar 
esta  grave  proposición.  Habiéndose  Leannec  pincha¬ 
do  un  dedo  durante  la  autopsia  de  un  tuberculoso, 
él  vió  desarrollarse  en  el  lugar  picado  un  verdade¬ 
ro  tubérculo  con  sus  períodos  característicos,  y  to¬ 
dos  saben  que  mas  tarde  Laennec  murió  tísico” 

«Seha  supuesto  por  mucho  tiempo  que  la  vacuna 
no  podia  trasmitir  nada  mas  que  la  vacuna.  Esto 
es  verdad  en  la  mayor  parte  de  los  casos,  pero  no 
os  absoluto.  Aunque  se  ha  podido  vacunar  en  Milán 
en  1810  con  vacuna  tomada  do  niños  que  también 
tenian  la  escarlatina  ó  el  sarampión  ó  la  sarna,  sin 
haberso  conocido  resultado  do  estos  virus,  esta  ob¬ 
servación  que  parece  concluyente  se  halla  debilita  ¬ 
da  por  otras  contrarias.  Así  &e  puede  leer  en  las 
actas  de  la  Academia  de  Londres  la  historia  do  dos 
niños  á  quienes  se  inoculó  al  mismo  tiempo  la  va 
cuna  y  el  sarampión,  y  Girtaner  en  su  tratado  de  las 
enfermedades  de  los  niños,  cuenta  de  una  señora 
vacunada  que  padecía  al  mismo  tiempo  do  añas  y 
de  anginas,  y  que  comunicó  estas  distintas  afeccio¬ 
nes  al  niño  que  fue  vacunado  con  el  virus  de  ella. 

«  Por  consiguiente,  doben  suprimirse  estas  re¬ 
glas  ;  no  comuniquemos  con  la  vacuna  y  la  saliva 
del  módico  (1),  la  serosidad  del  linfático  ó  el  epi- 

(I)  «La  mayor  parte  de  las  obras  de  medicina  recomiendan  di¬ 
solver  la  vacuna  con  la  saliva,  método  pésimo,  pues  ia  saliva  es  un 
liquido  de  una  composición  tan  complicada  que  no  puede  prever¬ 
se  su  influencia  sobre  la  vacuna.  Hay  en  ella  albúmina,  ptialina, 
mucus,  osmazono,  sales  fosfóricas,  cloruros,  fosfatos,  carbonadas 
y  lactatos  alcalinos  y  hasta  el  sulfo-cianuro  de  potasa;  señales  de 
silícea,  óxido  de  fierro,  á  veces  glóbulos  purulentos  y  sanguíneos; 
los  productos  amoniacales  de  los  dientes  picados  y  ademas  la  nico¬ 
tina  los  que  fuman,  células  epiteliales  de  la  lengua,  residuos  de  ali¬ 
mentos  o  pedazos  del  tártaro  de  los  dientes  y  también  vibriones  y 
bacterias  que  se  desarrollan  en  este  último.  Tal  es  el  liquido  en  él 
-cual  se  va  sin  escrúpulo  á  derretir  la  vacuna.  ¿Se  puede  imaginar 
mas  incuria? 


teliiim  del  herpético,  ó  la  sangre  envenenada  del 
canceroso  ó  del  sifilítico.  Porque  si  por  la  influencia 
de  tales  mezclas  constantemente  renovadas,  un  virus 
tan  poderoso  como  lo  es  el  de  la  vacuna,  ha  podido 
degenerar  tanto  hasta  el  punto  de  perder  su  poder 
de  preservar  ¿  por  qué  es  que  la  vida  normal  y  re¬ 
gular  de  los  individuos  no  ha  degenerado  también, 
dando  causas  para  constituciones  tanto  más  débi¬ 
les  cuanto  mas  veces  la  vacuna  ha  sido  repetida? 

«  Ua  nuevo  camino  se  nos  abre  el  mismo  que  ha 
dado  tan  felices  resultados  á  Jenner.  Empleemos  el 
cow-pox  natural.  Se  nos  observará  que  es  muy  ra¬ 
ro  obtenerlo  natural,  pero  si  se  consigue  vacunemos 
la  ternera,  y  sirvámonos  de  este  medio  multiplica¬ 
dor  para  conservar  la  fuerza  ó  integridad  de  nues¬ 
tras  familias.  No  es  bastante  que  Ñapóles  y  París 
den  el  ejemplo,  es  preciso  que  él  sea  adoptado  por 
todas  las  grandes  ciudades  y  que  la  campaña  pue¬ 
da  venir  á  ellas  para  obtener  este  precioso  remedio 
cuyo  primer  ejemplo  ella  nos  ha  procurado.  Y  es 
inútil  que  so  diga  que  este  nuevo  método  ha  pro¬ 
ducido  accidentes  inflamatorios  violentos,  ó  que  no 
ha  dado  resultados.  Notamos  desde  ya  que  estas 
dos  acusaciones  son  contradictorias  y  se  escluyeu 
recíprocamente. 

«  Si  la  vacuna  de  Jenner  ha  poseído  verdadera¬ 
mente  las  propiedades  que  se  le  han  atribuido, 
cuanto  más  nos  acercáremos  á  las  condiciones  pri¬ 
mitivas,  más  el  virus  debe  guardar  su  pureza  y  su 
eficacia.  Asi  pues,  la  vacuna  animal  debe  preferirse 
á  la  vacuna  humana. 

«  Respecto  á  los  accidentes  inflamatorios,  estos 
se  ven  producidos  también  violentos  por  la  vacuna 
humana.  Hace  como  cinco  años  he  visto  en  una 
niña  la  vacuna  del  tamaño  de  una  avellana,  acom¬ 
pañada  de  fiebre  violenta.  El  año  pasado,  (1865), 
he  asistido  á  un  niño  de  ocho  meses,  muy  robusto, 
en  el  cual  una  sola  vacuna  fue  acompañada  de  eri¬ 
sipela  (2)  tau  violenta,  que  saliendo  del  brazo  inva¬ 
dió  todo  el  pecho,  el  cuello,  la  cara  y  la  misma  ca¬ 
beza  causando  la  muerte  á  los  nueve  dias,  eu  medio 
de  las  convulsiones  y  do  la  meningitis. 

«  Así,  pues,  la  vacuna  humana  nada  tiene  que  la 
haga  preferible  á  la  vacuna  animal  y  si  ella  es  algo 
menos  fuerte,  es  también  monos  preservadora. 

«  Sin  embargo  es  necesario  tanto  para  la  una  co¬ 
mo  para  la  otra  dejar  bastante  espacio  entre  las 
punturas,  á  fin  de  aislar  este  punto  inflamatorio  ó 
impedir  por  la  reunión  de  ellos,  la  erisipela  y  el 
flogmon. 

«  En  cuanto  al  modo  de  conservar  la  vacuna  el 
medio  mejor  es  el  de  emplear  los  tubos  capilares 
llenos  y  sellados  por  medio  de  las  llamas.  Si  se 
quiere  guardar  entre  dos  vidrios  se  debo  emplear 
la  glicerina  y  jamás  la  saliva.  Hablamos  de  la  gli- 
cerina  perfectamente  pura  como  la  prepara  el  far¬ 
macéutico  Cullier.  Esto  proceder  ha  sido  empleado 
en  Norte- América  por  el  Dr.  Cufien  quien  disuelvo 
con  este  vehículo  las  costras  de  la  vecuna.  De  24 
niños  así  vacunados,  en  22  se  desarrolló  perfecta¬ 
mente.  » 

Nada  puedo  agregar  á  ese  artículo  publicado  por 
el  Dr.  Ozanam,  una  do  las  más  notables  autorida¬ 
des  de  la  ciencia  módica  de  Francia.  Divido  com¬ 
pletamente  las  ideas  emitidas  por  este  ilustre  hom¬ 
bre  de  la  ciencia  por  ser  conformes  con  la  razón  y 
la  experiencia  me  lo  comprueba  cada  día  coq  ma¬ 
yor  claridad. 

(2)  véase  la  nota  del  Ministro  Argentino,  pág.  21. 


—  II 


III— De  la  gripe  epidémica  (I) 


Hacen  cuatro  semanas  qne  reina  en  esta  ciudad 
epidémicamente  la  gripe.  Es  do  lamentar  que  el 
invierno  de  1869  no  haya  continuado  como  empezó; 
pues  en  los  meses  de  Junio  y  principios  de  Julio,  la 
mortalidad  mínima  de  esta  ciudad  atestaba  la  falta 
de  enfermedades  endémicas  y  epidémicas.  Pero  á 
fines  de  Julio,  hacen  como  28  dias  que  so  desarro¬ 
lló  dicha  enfermedad,  gripe  ó  resfriado,  como  se 
dice  vulgarmente,  y  mochos  niños  y  personas  ma¬ 
yores  fueron  víctimas  de  ella. 

Se  habla  de  pulmonías  en  los  niños.  Es  cierto.  La 
pulmonía  gripal  en  ellos,  si  es  epidémica,  es  casi 
tan  fatal  como  el  croup.  Como  empieza  por  un  res¬ 
friado,  de  ordinario  se  descuida  ó  se  cura  con  reme 
dios  caseros  poco  útiles  en  ese  caso.  Siguen  la 
fatiga  y  la  tos  afectándose  el  pulmón,  y  la  bronquitis 
capilar  á  otras  una  grave  pulmonía,  son  el  resul¬ 
tado  de  tal  descuido,  ni  dan  tiempo  entonces  al 
módico  para  recurrir  á  todos  los  medios  que  al  prin¬ 
cipio  hubioran  podido  usarse  para  salvarlos.  La 
muerte  es  la  consecuencia  de  tal  descuido. 

En  estas  cuatro  semanas  la  mortalidad  do  Monte¬ 
video,  Cordon  y  Aguada,  está  dividida  como  si¬ 
gue  (2)  (23  de  Julio  al  19  de  Agosto): 


De 

» 

1  dia  á 
6  años  á 

5 

10 

años 

» 

“I! 

123 

» 

11 

» 

20 

» 

10 

» 

21 

» 

30 

15 

)) 

31 

40 

» 

18 

» 

41 

» 

50 

» 

9 

» 

51 

» 

60 

» 

10 

61 

» 

70 

» 

12 

» 

71 

80 

» 

4 

» 

81 

» 

90 

5 

» 

91 

J> 

100 

2 

» 

101 

» 

110 

■ 

1  209 

Como  se  vó,  y  como  siempre  ha  sucedido,  y  como 
lo  hice  notar  dosdela  primera  estadística  quo  publi¬ 
qué  el  año  1859  en  la  Guía,  la  mortalidad  mayor 
es  en  los  niños  y  aprovecho  la  ocasión  para  lamen¬ 
tar,  corno  todos  ío  harán.que  la  Junta  de  Higiene  no 
haya  todavia  contestado  á  la  nota  que  la  J.  E.  A.  le 
pasó  hace  ya  meses  haciéndole  notar  esto  hecho  para 
que  indicase  (es  de  suponer)  los  medios  adecuados 
para  disminuir  tal  muerte  demasiado  frecuente. 

Al  escribir  estos  renglones,  mi  objeto  fue  de  emi¬ 
tir  mis  creencias  sobre  dicha  enfermedad,  hacerla 
conocer  y  distinguir  del  croup,  que  felizmente  no 
reina  en  este  año  como  en  los  años  anteriores  y 
calmar  á  muchas  madres  justamente  alarmadas  por 
estas  muertes  tan  numerosas. 

La  gripe,  como  el  croup,  se  desarrollan  del  mis¬ 
mo  modo:  es  decir,  empiezan  por  un  resfriado.  Poro 
á  las  pocas  horas  y  en  algunos  niños  á  los  dos  ó 
tros  dias,  aquella  se  distingue  fácilmente  del  croup 
por  los  siguientes  síntomas: 

En  la  gripe  hay  fiebre  aguda  y  tos  ordinariamen 
te;  puede  haber  tos  ronca,  jamás  hay  afonía  ó  pér¬ 
dida  de  voz,  jamás  manchas  blancas  en  la  garganta 
(Difteria). 

En  el  croup  hay  fiebre  aguda,  debe  haber  tos  ron¬ 
ca,  hay  afonía  y  las  manchas  blancas  ya  citadas. 

Además  de  estos  caracteres  visibles  y  sobresa- 


(1)  Publicado  en  El  Siglo  X.°  1463  (Agosto  25  de  1869)  y  repro¬ 
ducido  en  ios  periódicos  El  Criterio  Médico,  de  Madrid,  ¡V.»  19, 
p.  444,  del  año  1869  v  Annali  Med.  Omeo.,  Palcrmo  1869,  p.  226. 

[2]  Estos  datos  son  sacados  de  la  Oficina  de  Cementerios. 


Mentes  repitiré  mi  opinión  (3)  y  ha  de  venir  tiempo-' 
que  será  generalmente  admitida,  que  los  niños  no- 
vacunados  no  pueden  sino  rarisimamente  tener  el 
cronp,  mientras  los  vacunados  lo  tienen  con  mas- 
facilidad  y  en  ellos  es  la  mas  de  las  veces  fatal. 

Bastará,  pues,  saber  que  un  niño  no  está  vacuna¬ 
do,  para  no  tener  miedo  del  croup  y  suponer  que 
tiene  la  gripe.  Esto  en  la  presente  ocasión. 

Los  niños  vacunados  de  brazo  á  brazo,  sin  ser  la 
vacuna  tomada  directamente  de  la  vaca  son  muy 
dispuestos  al  croup.  No  se  debe  vacunar  á  los  ni¬ 
ños  sino  de  tres  años  en  adolante.  Y  ya  he  espuesto- 
las  bases  de  esta  opinión  (4)  que  son  las  siguientes: 

1. °  Casi  todos  los  niños  que  mueren  del  croup^ 
son  vacunados  en  edad  muy  tierna. 

2. °  Algunos  do  los  niños  que  he  salvado  dol  croup. 
ó  no  estaban  vacunados  ó  tuvieron  después  la  vi¬ 
ruela. 

3. °  Desde  que  la  viruela  abunda  tanto  entre  nos¬ 
otros, el  croup  se  presenta  con  meDor  frecuencia  y  en- 
esto  apelo  á  la  estadística  de  mortalidad  conservada 
en  la  Oficina  de  Cementerios  (J.  E.  A). 

4. °  En  los  muchos  virolentos  que  asistí,  he  obser¬ 
vado  siempre  difteritis  en  la  boca  ó  en  la  farige. 

5:°  En  las  familias  en  que  ha  habido  algún  viru¬ 
lento,  cuyas  otras  personas  he  podido  preservar  de 
la  viruela,  he  visto  frecuentemente  á  varias  de  ellas 
enfermarse  de  difteritis  faríngea. 

6  °  El  Dr.  Millet  en  su  obra  Traite  de  la  diphterie 
de  la  larynx  (obra  premiada  por  la  sociedad  de 
ciencias  médicas  de  Bruxelles),  Parisl863,  en  la  pᬠ
gina  50,  dice  que  habiéndose  picado  el  brazo  con 
una  lanceta  mojada  en  una  falsa  membrana,  vio- 
aparecer  en  este  lugar  uua  pústula  semejante  á  la 
de  la  vacuna. 

7.“  Cuando  no  se  vacunaba  no  se  cooocia  ol  croup. 
Para  que  pierda  esta  opinión,  se  me  podrán  dar 
otros  hechos  contra  los  que  yo  he  citado. 

Desearía,  á  mas  de  estos  hechos,  que  se  me  indi¬ 
case  á  un  niño  quo  habiendo  tenido  la  viruela, 
haya  padecido  después  el  verdadero  croup. 

Hecha  esta  digresión  y  enunciados  ios  caracteres 
especiales  de  las  dos  enfermedades,  que  sobresalen 
á  la  vista  del  mas  ignorante  en  medicina,  voy  á  de¬ 
cir  algo  de  las  causas  que  hacen  desarrollar  la  gripe 
y  son  el  esponer  los  niños  al  aire  frío, á  las  corrien¬ 
tes  de  aire,  el  demasiado  abrigo  cuando  de  día  se 
ponen  á  dormir,  ó  sacarlos  de  un  cuarto  con  estufa 
á  otro  que  no  tenga  ó  los  baños  y  semejantes. 

Su  pronóstico  es  la  mayor  parto  de  las  veces  fa¬ 
vorable  si  se  atiendo  la  gripe  con  los  medios  con¬ 
venientes  desde  su  desarrollo.  Pero  si  se  descuida, 
entonces  ella  pasa,  como  ya  he  dicho,  en  pulmonía 
gripal  (que  es  la  mayor  parte  de  las  veces  fatal  ea 
los  niños  chico?)  en  bronquitis  capilar  también  gra¬ 
vísima  y  mueren  los  pobres  seres  en  pocas  horas  ó 
á  los  cuatro  ó  cinco  dias. 

Su  curación  es  muy  fácil  y  derla  si  se  siguen  los 
consejos  de  la  ciencia  homeopática.  La  Pulsatilla 
es  el  remedio  quo  he  observado  útil  para  preservar 
á  muchos  niños  y  curarles  en  esia  epidemia.  Basta¬ 
rá  ver  mi  nombro  para  comprender  que  no  puedo 
aconsejar  otro  tratamiento. 

Cuiden,  pues, las  madresy  los  padres  de  sus  niños; 
evítenles  los  resfriados,  no  se  alarmen  por  la  tos 
ronca,  atiéndanlos  bien  y  no  perderán  sus  niños. 

Agosto  19  de  1869. 

(3)  Véase  el  diario  El  Siglo  miro.  334,  año  (863. 

(4)  Véase  el  art*.  sobre  la  vacuna  publicado  en  El  Siglo  n.  935, 


—  12  — 


IV — Vacunación 

A  !a  Redacción  del  Boletín  de  la  Sociedad  Hahne- 
manniana  Argentina  (1)  dirijo  la  presente  rectifica¬ 
ción,  á  propósito  de  lo  que  acabo  de  leer  en  la  pígi- 
Da  207  de  ese  periódico  (número  10). 

Y  si  siento  decirles  que  esa  redacción  no  es  la 
primera  que  ha  levantado  su  voz  contra  la  vacuna¬ 
ción  y  ei  método  con  que  esta  se  práctica,  tentó  en 
esa  como  en  esta  ciudad,  tengo  mucho  placer  en 
ver  que  en  el  terreno  de  la  observación,  todos  los 
homeópatas  estamos  unidos,  como  mas  adelante  de¬ 
mostraré,  teniendo  como  fin  el  beneficio  de  nuestros 
semejantes. 

En  el  año  de  1867  y  en  EL  Siglo,  diario  de  esta 
ciudad,  en  su  número  955,  publiqué  un  largo  artí¬ 
culo  del  que  copio  algunas  líneas. 

«  Si  bien  es  cierto  que  la  vacuna  preserva,  tem 
«  porariamente,  de  la  viruela,  no  es  menos  cier- 
«  to  que  muchos  niños  y  algunos  de  familias  respe- 
«  tables  de  esta  ciudad,  cuyos  nombres  podría  citar, 
«  han  quedado  afectos  de  enfermedades  dosconoci- 
«  das  en  sus  familias,  después  de  haber  sido  vacu- 
«  nados. 

«  A  pesar  de  las  observaciones  modernas,  cono- 
■«  cidas  de  todos  (los  que  están  al  corriente  de  los 
«  descubrimientos)  entre  nosotros  está  en  uso  toda- 
«  via,  la  antigua  práctica  do  vacunar  de  brazo  á  bra- 
«  zo.  Este  método  es  pésimo  y  lo  criticamos  franca  - 
«  mente,  manifestando  el  deseo  deque  sea  sustitui- 
«  do  por  el  que  se  adoptó  en  Nápoles  hace  ya  tiempo 
«  y  en  París  en  estos  últimos  años,  que  consiste  en 
«  tomar  la  vacuna  de  la  vaca  ó  ternera  y  una  de 
«  sus  pústulas  para  cada  individuo  por  separado, 
«  método  muy  fácil  para  practicarse  en  esto  país. 
«  Además,  es" realmente  sensiblo  que  se  permita  á 
«  las  parteras  el  vacunar,  porque  siondo  ellas,  en 
«  general,  poco  observadoras,  trasmiten,  por  ese 
«  medio,  disposiciones  á  graves  enfermedades,  cuan- 
«  do  no  trasmiten  la  enfermedad  misma.» 

Como  prueba  deesa  opinión  mia,  publicaba  una 
traducción  de  un  artículo  del  doctor  Ozanam  que 
babia  leido  en  el  periódico  El  Cosmos  y  concluía 
con  las  siguientes  líneas  : 

«  Nada  puedo  agregar  á  ese  artículo  del  doctor 
•«  Ozanam,  una  de  las  mas  notables  autoridades  de 
«  la  ciencia  módica  en  Francia  Abrazo  completa- 
•«  meóte  las  opiniones  omitidas  por  este  ilustre  hom- 
«  bro  de  la  ciencia,  por  ser  conformes  con  la  razón; 
«  y  porque  la  esperioncia  me  lo  prueba  cada  dia  con 
«  mayor  claridad.  » 

Después  del  año  1867  han  vonido  otras  opiniones 
4  confirmar  más  mis  creencias. 

En  el  periódico  Les  Mondes  (página  506,  vol.  XII, 
Paris)  so  refieren  varios  casos  do  sífilis  secundaria, 
comunicada  á  niños  por  medio  de  la  vacuna. 

Estos  hechos  confirmados,  son  el  resultado  do  ob¬ 
servaciones  practicadas  por  los  doctores  Depaul  y 
Roger,  alópatas  comisionados  oficialmente  á  eso  ob 
jeto.- 

A  ustedes  no  les  faltarán  casos  prácticos,  casi  co¬ 
tidianos  para  el  apoyo  de  esta  opinión. 

Pero  no  es  esto  solo  lo  que  puede  resultar  de  Ya¬ 
ití'  Este  articulo  fue  publicado  en  el  diario  La  Tribuna  de 
Montevideo  número  151 2  perteneciente  al  21  de  Mayo  de  1870  y 
•en  los“  periódicos :  Criterio  Medico  de  Madrid  (10  de  Julio  dé 
I87<\1,  Annali  di  Medicina  Omeopat.,  Palermo,  pág.  117,  vol 
III,  serie  2.«,1870,  y  en  el  núm.  24  del  liolelin  de  la  Sociedad 
flahnemaniana  Argentina,  fecha  10  de  Mayo  de  1870.  Buenos 
Aires. 


cunar  de  brazo  á  brazo,  como  mas  adelante  voy  á 
manifestar. 

Yo,  señores  redactores,  he  leido  el  artículo  del 
Criterio  Médico  que  ustedes  han  reproducido  en  el 
ya  citado  número  10  y  en  la  página  218  del  periódi¬ 
co  de  ustedes,  leo: 

«  Si  es  cierto  y  positivo  que  la  vacuna  no  es  un 
«  preservativo  directo  de  la  viruela,  es  también 
«  claro  y  evidente  para  nosotros,  que  la  vacunación 
«  especialmente  de  brazo  á  brazo  trastorna  prifun- 
«  damente  la  fuerza  vital  en  la  inmensa  mayoría 
«  de  los  casos  y  lleva  envueltos  en  el  pus  de  la  vi~ 
«  rucia  los  miasmas  hereditarios  del  individuo  de 
«  quien  se  ha  tomado.  » 

«  Nuestra  esperiencia  nos  hace  conocer  frecuen- 
«  temente  esta  triste  verdad  y  hemos  visto  suceder 
«  á  la  vacunación  las  escrófulas,  el  raquitismo,  la 
«  tisis,  la  sífilis  y  otras  enfermedades,  á  pesar  de 
«  haberse  fiado  en  la  aparente  robustez  y  buena 
«  constitución  del  niño  de  cuyo  brazo  se  ha  tomado 
«  la  vacuna.  Por  eso  hemos  aconsejado  á  todos 
«  nuestros  clientes,  con  el  valor  que  produce  la  con- 
«  viccion,  que  no  vacunen  á  sus  lujos,  y  no  hemos 
«  tenido  ocasión  do  arrepentimos  de  este  saludable 
«  consejo,  y  tanto  menos  cuanto  que  lo  hemos  acom- 
«  pañado  con  los  medicamentos  preservativos  que 
«  han  demostrado  mas  eficacia  en  ei  tratamiento  de 
«  esta  enfermedad.  » 

Pues  bien:  me  bastaría  esta  opinión  de!  Marqués 
de  Nuñez,  primer  médico  homeópata  de  la  España, 
del  observador  concienzudo,  del  secuaz  verdadero 
delinmortal  Iíahnemann.para  nocambiar  de  opinión. 

Supongo  á  ustedes  enterados  de  la  opinión  mia, 
corroborada  de  hechos  y  estadística  sobre  la  relación 
del  croup  con  la  vacuna. 

Esta  opinión,  si  ustedes  la  ignoran,  es  la  siguiente: 

Los  niños  vacunados  de  brazo  á  brazo,  en  edad 
muy  tierna,  sin  ser  la  vacuna  tomada  directamente 
de  la  vaca,  están  muy  dispuestos  al  croup,  casi 
siempre  fatal  en  estos.  No  se  debe  vacunar  á  los  ni¬ 
ños  sino  de  tres  á  cuatro  años  en  adelante  y  siem¬ 
pre  con  vacuna  directa. 

Yo  ya  expuse  desde  el  año  1865,  en  un  artículo 
publicado  en  El  Siglo  de  esta  ciudad  (número  354), 
artículo  que  fuá  reproducido  por  el  periódico  ho¬ 
meopático  español  El  Criterio  Médico  (año  1867, 
página  475)  y  repetidamente  en  otro  número  (pági¬ 
na  -444  del  año  1869)  las  bases  de  este  parecer  mió, 
que  creo  ser  una  observación  que  me  pertenece. 

1. °  Casi  todos  los  niños  que  mueren  del  croup 
(difteritis)  fueron  vacunados  de  brazo  á  brazo  y 
en  edad  tierna. 

2. "  Algunos  de  los  niños  que  he  salvado  del  croup 
ó  no  estaban  vacunados  ó  tuvieron  después  la 
viruola. 

3. °  Desde  que  la  viruela  abunda  tanto  entre  nos¬ 
otros,  el  croup  se  presenta  con  menos  frecuencia 
(y  en  esto  apelo  á  la  estadística  de  mortalidad 
conservada  en  la  oficina  del  Cementerio  de  la 
J.  E.  A.)  (2) 

4. "  En  los  muchos  variolosos  que  he  asistido  he 
observado  siempre  difteritis  en  la  boca  ó  en  la 
faringe. 

5. °  En  las  familias  on  que  ha  habido  algún  vario¬ 
loso,  cuyas  otras  personas  he  podido  preservar 
de  las  viruelas,  he  visto  frecuentemente  á  va¬ 
rias  de  ellas  padecer  de  difteritis  faríngea. 

6. “  El  Dr.  Millet  en  su  obra  tTrailé  de  la  Diphterie 

1  (2)  Véase  tabla  relativa  en  la  página  29. 


—  13 


du  larynx »  (obra  premiada  por  la  Sociedad  de 
Ciencias  médicas  de  Bruselas),  París  1863,  pᬠ
gina  50  dice:  «que  habiéndose  él  picado  el  brazo 
con  una  lanceta  mojada  en  una  falsa  membra¬ 
na,  vió  aparecer  en  este  lugar  una  pústula  se¬ 
mejante  á  la  de  la  vacuna.» 

"7.°  Cuando  no  se  vacunaba  no  se  conocía  el  croup. 

8.1  Deseo  que  se  me  haga  conocer  el  hecho  de  un 
niño  que  habiendo  tenido  la  viruela,  haya  des¬ 
pués  fallecido  de  croup  verdadero. 

9.°  Contagiosa  la  vacuna  como  es  contagiosa  la 
difteritis  por  contacto  inmediato,  (y  sea  entre 
otras  una  prueba  lo  acontecido  al  Dr.Gillete,  mó¬ 
dico  do  París,  que  murió  de  resultas  del  conta¬ 
gio  recibido  por  una  parte  de  saliva  del  enfer¬ 
mo  de  croup.  que,  operándolo,  recibió  en  la  bo¬ 
ca  (véase  dicha  obra),  el  modo  de  desarrollo  y 
proceder  en  los  dos,  es  muy  semejante. 

Creo  estos  hechos  y  estas  consideraciones  bastan¬ 
tes  seguras  Dara  establecer  mi  creencia,  esperando 
nuevos  Prefchos  que  vengan  á  destruir  ó  fortalecer 
mi  opinión. 

Concluyo  pues,  como  sigue,  empleando  el  orden 
cronológico. 

1. °  En  el  año  1865,  yo  publico  que  el  croup  es 
causado  por  la  vacunación  de  brazo  á  brazo  y 
en  edad  muy  tierna. 

2. °  El  año  1866  el  Dr.  Zoilo  Perez,  en  la  sesión  de 
la  academia  homeopática  matritense  tenida  en 
Abril  dal  mismo  año,  lee  un  discurso  que  con¬ 
cluye  como  sigue: 

«  i.  Que  la  viruela  es  una  crisis  orgánica,  al- 
«  gunas  veces  terrible,  violenta  y  necesaria,  pero 
«  saludable  constantemente. 

«  ii.  Que  la  vacuna,  no  impidiendo  en  mu- 
«  chos  casos  la  manifestación  de  la  viruela,  iu- 
«  troduce  con  ella  una  enfermedad  en  el  indivi- 
«  dúo,  bajo  la  'problemática  probabilidad  de 
«  preservarlo  de  otra  menos  dañosa  que  el  me- 
«  dio  profiláctico  indicado. 

«  iv.  Que  cuando  se  vacuna  de  brazo  á  brazo 
«  se  introduce  en  la  economía  de  los  individuos, 
«  todos  los  miasmas  crónicos,  todos  los  virus 
«  de  que  está  saturado  el  organismo  del  que  se 
«  extrae  la  vacuna. 

.«  vii.  Que  oponiéndose  la  vacuna  al  desar- 
«  rollo  de  la  viruela  cuando  nuestro  cuerpo 
«  tiene  necesidad  de  esta  crisis,  abre  paso  á 
«  enfermedades  tan  terribles  como  la  tisis  pul- 
«  monary  mesentérica,  el  croup,  la  fiebre  ti- 
«  foidea  y  muchas  otras.  » 

3. °  1867.  Los  doctores  Depaul  y  Royer,  comisio¬ 
nados  oficialmente  á  ese  objeto,  declaran  que 
varios  casos  de  sífilis  secundaria  fueron  comu¬ 
nicados  por  la  vacunación  de  brazo  á  brazo. 

4. °  E!  año  1867,  el  doctor  Ozanam  publica  un  ar¬ 
tículo  en  el  periódico  Les  Mondes,  criticando  la 
vacunación  do  brazo  á  brazo. 

5. °  El  año  1869  el  señor  Marqués  do  Nuñez  no 
solamente  declara  la  vacunación  de  brazo  á 
hrazo  dañosa,  sino  dice  que  on  todas  las  fa¬ 
milias  de  su  relación  ha  prohibido  vacunar. 

6. °  En  los  distritos  de  Francia  y  de  Inglaterra,  en 
los  que  está  mas  propagada,  y  es  obligatoria  la 
vacunación,  existen  mas  locos,  tontos  ó  idiotas; 
así  es  que  el  señor  J.  Denizet  que  ha  hecho  esta 
observación,  dice  lo  siguiente: 

«  Que  casi  todas  las  naciones  Europeas,  ago- 
«  tadas  y  diezmadas  por  esta  infección  animal, 


«  no  se  regeneraran  hasta  partir  del  dia  en  que 
«  se  haya  decretado  su  proscripción.  »  fEl  Si¬ 
glo  núm.  1630,  23  Marzo  1870). 

Todas  estas  opiniones  vertidas  por  hombres 
observadores  y  de  toda  conciencia,  no  pueden 
ser  efecto  de  alucinación  ni  de  ideas  preconce¬ 
bidas.  Es  preciso  admitirlas  y  en  consecuencia 
todos  los  módicos  homeópatas  debemos  reunir 
nuestros  esfuerzos  para  obtener  de  los  gobier¬ 
nos  se  impida  la  vacunación  do  brazo  á  brazo 
y  solamente  se  saque  el  virus  directamente  de 
ia  vaca,  ó¡se  aplique  pasada  la  edad  de  5  años, 
á  fin  de  evitar  tantas  dolencias,  la  degenera¬ 
ción  do  nuestros  hijos  y  de  la  especie  humana. 

Abril  28  de  1870. 


V-  La  viruela  (I) 

Sr.  Redactor  de  El  Siglo. 

No  es  esta  la  primera  vez  que  la  Redacción  de  es¬ 
te  diario  acepta  algunos  de  mis  artículos  relativos  á 
cuestiones  de  medicina.  Espero  que  ahora  también 
aceptará  este  que  es  relativo  á  la  viruela,  cuestión 
al  presente  de  palpitante  actualidad.  Ni  voy  á  tratar 
aquí  de  un  tratamiento  ó  sistema  módico  especial 
sino  de  un  hecho  positivo  que  hiero  los  sentidos  do 
todos,  y  que  notablemente  aumentado,  y  desfigu¬ 
rado  en  un  suelto  de  este  mismo  diario,  me  deter¬ 
mina  á  rectificarlo  en  las  mismas  columnas  del  dia¬ 
rio  en  que  vió  la  luz  pública. 

El  hecho,  pues,  á  que  me  refiero,  si  no  me  atañe 
particularmente,  es  demasiado  grave  y  afecta  al  cré¬ 
dito  de  un  país,  en  que  he  fijado  mi  residencia  ha¬ 
ca  años,  que  es  además  patria  de  mis  hijos  y  al  que 
deseo  dias  mas  venturosos  quo  los  presentes.  Aun 
sin  esto  no  lo  dejaría  pasar  sin  rectificarlo,  pues 
contiene  hechos  que  conviene  refutar  cuando  la 
conciencia  los  juzga  nocivos  á  la  salud  pública,  y  de 
pernicioso  efecto  bajo  otras  faces. 

En  la  Gacetilla  de  El  Siglo  fecha  15  del  corriente, 
y  bajo  el  título  «Mirémonos  en  ese  espejo»,  hay  una 
estadística  comparada  de  la  viruela  y  vivas  oscita¬ 
ciones  de  su  autor,  para  vacunarse  y  revacunarse. 
Dos  errores  muy  graves  descubro  en  ese  suelto.  El 
primero  está  en  la  misma  comparación,  no  siempre 
fuente  de  juicios  exactos  ni  medio  de  raciocinio  de 
que  todos  puedan  hacer  uso  prudente:  el  segundo 
error  consiste  en  la  deducción  quo  de  aquella  se 
hace,  es  decir,  en  el  consejo  que  se  dá.  Por  hoy  me 
limitaré  á  demostrar  el  error  del  primer  punto,  de¬ 
jando  para  otro  artículo  demostrar  también  las  pe¬ 
ligrosas  consecuencias  que  acarrearía  á  la  salud  pú¬ 
blica  la  vacunación  y  revacunación  de  brazo  á  bra¬ 
zo  como  ahora  se  hace,  sin  garantirse  por  eso  de  la 
viruela,  siempre  que  se  me  faciliten  como  ahora  las 
columnas  de  este  tan  popular  diario. 

Dice  el  autor  del  suelto  ya  citado,  que:  fallecien¬ 
do  de  viruela  en  Londres  838  personas  anualmen¬ 
te  entre  3.215,000  de  habitante.3,  resulta  una  pro¬ 
porción  de  1  por  6,978  habitantes,  que  es  23  veces 
inferior  respecto  á  Montevideo,  donde  este  año  van 
ya  fallecidos  600  individuos  de  viruela  en  el  perío¬ 
do  de  cinco  meses  y  medio,  lo  que  equivale  á  1  por 


(I)  Publicado  en  el  núm.  2022  (Agosto  2  de  1871,)  y  reproducido 
en  el  periódico  español  El  Criterio  Medico,  pág.  343  año  1871  y 
en  Los  Debates  núm.  29,  4  de  Agosto  de  1871,  Montevideo. 


—  u  — 


cada  166  habitantes,  suponiendo  que  la  población 
de  esta  ciudad  no  baje  de  100,000. 

En  verdad  que  si  el  juicio  comparativo  del  autor 
del  suelto,  hubiera  de  admitirse  literalmente,  el  pri¬ 
mer  efecto  que  causaria  en  el  exterior,  seria  consi¬ 
derar  al  país,  como  un  país  apestado,  del  que  seria 
preciso  huir  como  se  huye  de  las  terribles  regio¬ 
nes  que  baña  el  Ganges.  ¿  Qué  medio  habria  bas¬ 
tante  eficaz  en  tal  caso  para  atraer  á  estos  países  la 
población  que  necesitan  para  fecundarlos  y  hacer¬ 
los  florecer,  como  reclaman  la  feracidad  de  sus 
campos,  la  benignidad  de  su  privilegiado  clima  y 
el  carácter  hospitalario  y  atrayente  de  sus  habitan¬ 
tes  ? 

Bajo  este  aspecto  no  puede  darse  nada  mas  in¬ 
exacto  y  de  aspecto  mas  dañoso  para  el  país,  que 
la  falsa'apreciacion  á  que  ha  conducido  el  autor  del 
suelto  á  que  me  refiero,  la  estadística  comparativa 
de  la  mortandad  causada  por  la  viruela  en  este 
país  en  el  presente  año,  que  fuó  de  verdadera  epi¬ 
demia  como  nunca  se  ha  esperimentado  hasta  aho¬ 
ra,  y  la  mortandad  de  viruela  en  la  ciudad  do  Lon¬ 
dres  acaecida  en  épocas  normales. 

Difiriendo  pues  entre  sí  los  términos  de  la  com¬ 
paración,  fácil  es  conocer  hasta  qué  punto  es  erró¬ 
neo  y  falso  el  juicio  que  de  ellos  se  ha  sacado. 

La  buena  lógica  aconsejaba  comparar  períodos 
de  epidemia,  con  iguales  períodos  entre  los  países 
comparados  para  sacar  consecuencias  legítimas  de 
la  comparación. 

Y  no  me  observe  el  autor  del  suelto  que  la  vi¬ 
ruela  es  de  suyo  una  enfermedad  epidémica,  porque 
no  se  lo  he  de  conceder  jamás.  La  viruela  es  siem¬ 
pre  enfermedad  contagiosa :  mas  no  siempre  epi¬ 
démica.  Sin  faltarme  otras  pruebas,  está  en  su  abo¬ 
no  ¡a  experiencia  mia  de  muchos  años. 

Establecido  en  esta  ciudad  desde  el  año  1857,  he 
visto  reinar  la  viruela  en  todos  los  años  sucesivos, 
causando  en  cada  uno  de  ellos  mayor  ó  menor  nú¬ 
mero  de  víctimas,  entro  los  cuales  algunos  han  he¬ 
rido  intensamente  mi  corazón.  Y  sin  embargo,  ja¬ 
más  se  desarrollaron  esos  casos  para  constituir  una 
verdadera  epidemia  en  esta  ciudad. 

Vecinos  hay  en  Montevideo,  que  en  30  años  que 
llevan  de  residencia  en  ella,  no  recuerdan  que  la 
viruela  haya  hecho  tantas  víctimas  como  en  el  pre¬ 
sente  año.  Y  sm  ir  mas  lejos,  ahí  está  el  de  1865 
que  viene  á  demostrar,  en  apoyo  de  mi  tesis,  que 
habiéndose  importado  la  viruela  en  eso  año  en  el 
hospital  brasilero,  y  tomado  la  violencia  de  matar 
cuarenta  individuos  por  mes,  se  quedó  estacionada 
en  aquel  loca!,  sin  estenderse,  con  carácter  epidé¬ 
mico,  á  la  ciudad. 

Para  colmo  de  demostración,  ofrezco  á  mis  lec¬ 
tores  la  siguiente  estadística  de  la  mortalidad  que 
la  viruela  ha  causado  en  esta  ciudad  en  los  años  de 
1865,  66,  67,  63,  69  y  70.  Y  si  es  cierto,  como  Caste- 
lar  lo  afirma  en  su  correspondencia  do  6  de  Junio, 
que  los  hechos  son  silogismos  vivientes  que  llevan 
a!  alma  convicciones  más  profundas  ó  incontrasta¬ 
bles  que  las  do  los  otros  raciocinios,  fuerza  será 
ver  que  los  que  ofrezco  al  público  en  la  estadística 
siguiente,  nada  dejan  que  desear  á  este  respecto. 
Y  doy  á  la  población  de  esta  ciudad  en  aquellos 
años  la  cifra  de  cien  mil  almas,  cosa  que  no  puede 
hacerse  en  el  presente  año,  por  causas  que  están  al 
alcance  de  todos,  y  que  abona  con  su  autoridad  en 
materia  do  estadística  un  hombre  tan  competente 
como  Mr.  Vaillant. 


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r—1  f— 1  r—1  r— (  rH  r—1  r— i 

Debo  dar  aquí  públicameute  las  gracias  al  jefe  de 
la  Oficina  del  ramo  en  la  J.  E.  A.  que,  como  otras 
veces  y  para  trabajos  del  mismo  género,  me  ha  fa¬ 
cilitado,  previa  autorización,  y  con  la  mejor  volun¬ 
tad,  los  libros  de  los  que  he  tomado  los  apuntes  y 
datos  que  tan  útiles  me  han  sido  para  la  formación 
dol  cuadro  de  mortalidad  que  precede.  Esos  libros 
están  llevados  con  la  mayor  perfección. 

Debo  hacer  también  algunas  aclaraciones  acerca 
de  la  abultada  cifra  de  la  mortalidad  causada  por  la 
viruela  en  el  año  1865.  Siendo  público  y  notorio 
que  el  hospital  brasiloro  en  ese  año  admitió  á  cu¬ 
ración  á  todos  los  atacados  de  esa  enfermedad 
que  con  procedencia  del  Paraguay  llegaron  á  este 
puerto  y  siendo  igualmente  cierto  que  la  totalidad 
de  los  muertos  subió  en  ese  año  á  177  individuos 
distribuidos  dol  modo  siguiente: 

En  Enero  2,  Abril  11,  Mayo  55,  Junio  40,  Julio  25, 
Agosto  5,  0:tubre  6,  Noviembre  12  y  Diciembre  21; 


justo  y  racional  seriailiminar  dichacifra  déla  morta¬ 
lidad  de  1865  y  otros  64  casos  en  el  año  1866;  como 
iaportada  del  exterior. 

Haciéndolo  así  tendremos: 

Que  la  mortalidad  del  año  1865  fuó  de  120,  la  del 
1865,  82;  1867.  78;  1868,  99;  1869,  41;  1870,  45;  tér¬ 
mino  medio  77:  relación  entre  los  virulentos  y  la 
población.  1  por  cada  1300,  y  no  1  por  cada  166  co¬ 
mo  aseguraba  el  autor  del  suelto. 

De  la  demostración  que  precede  salta  á  la  vista  el 
error  en  que  ha  incurrido  el  autor  del  suelto  que 
ha  dade  ocasión  á  las  presentes  líneas,  al  presentar 
al  público  la  aterrante  desproporción  de  las  vícti¬ 
mas  de  U  viruela  en  esta  capital,  con  la  de  una  ciu¬ 
dad  tan  populosa  como  la  ciudad  de  Londres,  á  la 
cual  y  sea  dicho  de  paso,  estoy  muy  lejos  de  consi¬ 
derar  en  ccndiciones  menos  favorables  que  esta  ciu¬ 
dad  para  e, desarrollo  déla  viruela.  Siendo  en  este 
punto  tan  arraigada  mi  convicción,  que  no  trepido 
en  dudar  del  carácter  de  auténtica  á  la  diminuta  ci¬ 
fra  que  en  dicha  estadística  se  dá  á  la  mortalidad 
anual  de  virulentos  en  la  capital  de  Inglaterra. 

Aunque  no  he  dicho  todo  lo  que  tenia  que  decir 
acerca  del  primer  error  que  combatí,  creo  haber  di 
cho  lo  bastante  para  neutralizar  su  asustador  efecto, 
no  solo  en  esta  capital,  sino  en  el  exterior.  Para  mí 
es  una  verdad  indiscutible,  que  esta  capital  bajo  el 
punto  de  la  salubridad,  no  tiene  nada  que  envidiar 
al  pueblo  mas  favorecido  de  la  tierra.  Y  á  propósito 
de  esto,  voy  á  dedicar  algunas  líneas  al  segundo 
error  que  como  emanación  del  primero,  puso  al  au¬ 
tor  del  suelto  en  el  caso  de  aconsejar  como  preser¬ 
vativo  supremo  contra  la  viruela,  la  vacunación  y 
revacunación,  de  brazo  á  brazo,  tal  cual  se  está 
practicando  entro  nosotros. 

Si  no  estoy  equivocado,  no  es  la  primera  vez  que 
el  autor  del  suelto  se  lanza  á  dar  consejos  de  esa  es¬ 
pecie,  cosa  que  de  cierto  es  tanto  do  estrañar,  cuan 
lo  que  no  es  facultativo,  ni  basa  su  consejo  en  ob¬ 
servaciones  prácticas  que  pudieran  hacerlo  valede¬ 
ro.  Si  lo  fuera,  otras  serian  las  deducciones  que  hu¬ 
biera  hecho  de  las  tablas  de  mortalidad,  y  de  los 
apuntes  que  las  acompañan.  Porquo  habría  visto 
que  habiéndose  cebado  la  viruela  en  el  presente  año 
mas  en  los  vacunados  que  en  los  no  vacunados,  no 
puede  tener  la  vacunación  de  brazo  á  brazo  el  po¬ 
der  de  preservar  que  el  articulista  le  atribuye. 

Sobre  esto  tengo  muchos  datos  que  verán  la  luz 
pública  en  otro  artículo  que  seguirá  al  presente,  si 
vd.  Sr.  Redactor,  sigue  favoreciéndome  con  su  be¬ 
nevolencia  y  uno  su  autorizada  voz  á  la  mia,  para 
que  se  adopten  por  la  autoridad  que  correspondo, 
las  medidas  adecuadas  para  que  sean  provechosas  á 
la  humanidad  doliente,  y  á  la  ciencia  misma  que  me 
honro  de  profesar. 

Entre  esas  medidas,  considero  de  la  mayor  impor¬ 
tancia,  la  de  no  dar  sepultura  á  los  cadáveres  sin 
acreditarse  préviamente  ante  la  autoridad  compe¬ 
tente  y  con  certificado  de  facultativo,  la  enfermedad, 
bien  caracterizada  do  los  que  mueran. 

Dos  mil  cuatrocientos  cuarenta  y  siete  individuos 
hau  fallecido  en  el  primer  semestre  del  corriente 
año,  de  los  cuales,  solamente  1,618  se  han  justifi¬ 
cado  convenientemente  las  causas  ó  enfermedades 
deque  sucumbieron;  los  demás,  vergüenza  causa 
el  decirlo,  nos  dejan  en  la  mas  completa  ignoran¬ 
cia  respecto  á  las  causas  de  su  muerto.  Algunos  de 
;os  fallecimientos  constan  justificados;  pero  con  do¬ 
cumentos  en  que  se  dice  haber  ocurrido,  ya  de  enfer¬ 


medad  de  pecho ,  ya  de  estómago,  ya  de  enfermedad 
natural!!  desconocidal! .. .  Tal  desorden,  ¿no  está 
reclamando,  á  voz  en  grito,  de  la  Junta  de  Higiene 
ó  de  la  Comisión  de  Salubridad  pública,  medidas 
prontas  y  eficaces  que,  por  el  bien  de  todos,  lo  ba¬ 
gan  desaparecer? 

¿No  seria  pues  útil  que  se  nombrára  un  facultati¬ 
vo  municipal  con  el  encargo  de  expedir  todos  los 
certificados  de  las  defunciones  que  acaezcan,  bajo 
la  precisa  condición  de  no  permitirse  la  inhumación 
de  los  cadáveres  sin  exhibir  á  la  oficina  del  ramo  el 
correspondiente  certificado?  Si  así  se  hace  en  Italia, 
en  España,  Francia  y  demás  países  caitos  de  Euro¬ 
pa  y  América,  ¿  por  qué  no  se  ha  de  hacer  entre 
nosotros  ? 

Repetimos  pues,  aquí,  lo  que  hemos  dicho  y  pu¬ 
blicado  varias  veces  en  este  mismo  diario,  especial¬ 
mente  en  los  años  1868  y  1869.  El  nombramiento 
de  un  médico  municipal,  es  más  que  útil,  necesa¬ 
rio  y  urjentísimo. 

El  trabajo  le  seria  llevadero  por  no  tener  que  dar 
mas  do  6  a  10  certificados  diarios,  que  es  la  cifra 
máxima  de  las  defunciones  ordinarias  en  esta  ca¬ 
pital  y  sus  suburbios. 

A  este  respecto  diré  con  mi  franqueza  habitual, 
que  soy  de  distinta  opinión  de  la  emitida  por  el  se¬ 
cretario  de  la  Receptoría  de  la  Junta  E.  Administra¬ 
tiva  y  publicada  en  su  nota  fecha  20  del  corriente, 
en  la  que  aconseja  el  nombramiento  de  médicos  úo 
sección,  con  residencia  fija  en  ellas,  como  medio 
de  salvar  á  muchos  de  los  atacados  (de  viruela  ú 
otra  enfermedad)  que  perecen  por  carecer  de  re¬ 
cursos  ó  por  su  misma  incuria. 

Este  nombramiento  lo  tengo  por  inútil,  abrigan¬ 
do  como  abrigo  la  convicción  hija  de  la  experiencia 
diaria,  que  si  mueren  algunos  individuos  sin  asis¬ 
tencia  médica,  no  es  tanto  por  falta  de  recursos  ó 
incuria,  como  por  defecto  de  confianza  en  los  fa¬ 
cultativos,  prefiriendo  emplear  mas  bien  remedios 
caseros  ó  de  curanderos,  que  los  de  la  ciencia.  Des¬ 
graciadamente  para  olios,  llevan  la  penitencia  en  el 
pecado,  pues  jamás  la  ignorancia  iguala  al  saber  y 
los  consejos  del  médico  son  siempre  superiores  á 
los  de  los  ignorautes. 

En  fin,  Sr.  Redactor,  tengo  la  persuacion  de  quo 
remediado  el  mal  del  modo  que  propongo,  se  ten¬ 
drá  una  estadística  perfecta  y  capaz  de  servir  de 
base  á  muchas  apreciaciones  científicas  útiles  para 
todos;  deberíamos  á  ella  el  conocimiento  exacto  de 
las  enfermedades  que  causan  mas  victimas,  y  ia 
adopción  de  medios  adecuados  para  impedir  el 
desarrollo  ó  propagación  do  ellas.  Mas  de  esto  me 
reservo  hablar  con  mas  extonsion  en  otro  artículo 
que  seguirá  al  presente. 

Soy  de  Vd.,  señor  Redactor. 

Casa  de  Vd.,  Julio  31  de  1871. 

VI — Higiene  —  Vacunación 

Señor  Redactor  de  El  Siglo.  (1) 

Muy  señor  mió: 

Ruego  á  Vd.  se  sirva  publicar  en  ose  tan  impor¬ 
tante  diario  el  siguiente  artículo  copiado  literalmen¬ 
te  del  periódico  español  Los  archivos  de  la  medici- 

(I)  Este  artículo  fuó  publicado  en  el  número  r<8G2  de  Ll  Siglo  fe¬ 
cha  de  4  de  Mayo  de  188t . 


16  — 


na  homeopática,  año  V,  N.°  82,  Marzo  30  de  1881, 
página  1.a  de  la  cubierta. 

No  refiriéndose  este  artículo  á  sistemas  de  medi¬ 
cina,  espero  que  Vd.  no  tendrá  inconveniente  en 
publicarlo,  sobre  todo  considerando  que  ese  mismo 
diario  El  Siglo  en  el  número  correspondiente  al  23 
de  Enero  de  1880  publicó  un  suelto  en  la  gacetilla 
con  el  encabezamiento  creer  ó  reventar,  en  el 
cual  refiriéndose  á  una  estadística  del  diario  inglés 
The  Times  croe  demostrarse  que  la  vacunación  es 
un  seguro  preservativo  contra  la  viruela. 

El  artículo  á  que  me  refiero  es  el  siguiente: 

VACUNACION 

«  Ahora  que  en  la  vecina  nación  (Francia)  y  tam 
bien  en  la  nuestra  (España)  se  tratado  hacer  obli 
gatoria  la  vacunación,  creemos,  sin  emitir  nues¬ 
tro  juicio  por  ahora,  que  serán  leidos  con  gusto 
les  siguiontes  datos  estadísticos  quo  copiamos  del 
American  Homeopath  Journal  (Estados  Unidos)  » 
«La  estadística  siguiente  está  tomada  del  Regis¬ 
tro  General  Inglés,  y  fue  recojida  por  el  Dr.  Pear- 
ce.  La  vacunación  se  hizo  obligatoria  por  un  de¬ 
creto  del  Parlamento  Inglés  en  1853;  fue  repetido 
dicho  decreto  en  1S67,  y  con  mayor  rigor  todavía 
en  1871.  Desde  1853  han  habido  tres  epidemias  de 
viruela,  siendo  cada  una  de  ellas  más  mortífera  que 
la  precedente.  La  primera  epidemia  abrazó  los 
años  1857-58-59,  y  las  defunciones  fueron  14,244. 
La  segunda  en  1863-84-65.  con  20,059  faílecimien 
tos.  La  tercera  en  1870-71-72,  ascendiendo  los 
muertos  á  44,840.  El  aumento  de  la  población,  desde 
la  primera  á  la  segunda  epidomia  fué  de  7/ioo  J  el 
aumento  do  la  viruela  en  el  mismo  período  fué 
próximamente  de  38/ioo*  » 

«  De  la  segunda  á  la  tercera  el  aumento  de  pobla¬ 
ción  fué  18/ioo  Y  el  de  viruela,  en  igual  período, 
fué  cosa  de  120/ioo*  La  mortalidad  por  viruela  en 
los  primeros  diez  años  en  que  fue  obligatoria  la 
vacuna,  do  1854  á  1863,  fué  33,515.  En  los  segun¬ 
dos  diez  años,  de  1864  á  1873,  fue  70,458.  Tan  im¬ 
portantes  cifras  no  necesitan  comentarios.  La  últi¬ 
ma  relación  dei  parlamento,  titulada,  « Vacunación , 
Mortalidad  »,  N.°  433,  sesión  1,877,  publicada  en  ol 
registro  general,  manifiesta  el  número  proporcio¬ 
nal  anual  de  niños  de  menos  de  un  año,  de  quince 
enfermedades  distintas,  que  son  inoculables  ó  agra 
vadas  del  modo  siguiente:  Antes  del  decreto  de  la 
vacunación  murieron  en  el  año  1847,  62,619  niños 
de  una  población  de  17.927,609  almas.  En  1854 
murieron  73,000  niños.  En  1867  murieron  92,827 
siendo  la  población  de  20.066,224  almas.  En  1868 
murieron  96,282  niños.  En  1875,  106,107,  siendo 
entonces  la  población  de  22.712,266  habitantes.»  (1) 
«Así  pues,  mientras  la  población  inglesa  habia 
aumentado  de  18  á  23  millones,  las  defunciones  de 
niños  por  quince  enfermedades,  aumentaron  en  el 
mismo  período  de  63,000  á  106,000!  Si  la  mortali¬ 
dad  hubiese  seguido  la  proporción  relativa  á  la  po¬ 
blación,  las  defunciones  en  1875  hubieran  solo  sido 
80,000,  lo  cual  indica  quo  en  1875  murieron  en  In- 

(I)  Si  la  mortalidad  hubiese  ido  aumentando  en  relación  á  la 
población,  hubiera  dado  las  siguientes  cifras: 

Anos  Población  Mortalidad 

1847  1 7.927,609  62,619 

1867  20.066,224  92,829  debía  haber  sido  70,088 

1876  22.712,266  106.107  a  «  «  79,331 

ff 


glíitorra  26,000  niños  que  hubieran  vivido  si  la  va¬ 
cunación  hubiese  estado  menos  en  boga,  como  el 
1817  !  ^ 

«  De  80,000  casos  de  viruela  que  hay  en  la  citaia 
relación,  43,000  fueron  niños  de  menos  de  5  aios 
de  edad,  cuando  la  vacunación  (obligatoria  por  la 
ley)  se  cree  que  protejo  completamente.  Y  debí  te¬ 
nerse  también  en  cuenta  que  esto  formidabb  au¬ 
mento  de  mortalidad  coincide  con  las  habitaciones 
mejoradas,  mejores  aguas  potables,  establec'mien- 
tos  de  baños  y  casas  de  idem,  aperturas  de  parques 
y  jardines,  en  todos  los  grandes  centros  de  pobla¬ 
ción,  y  el  gasto  (desdo  que  es  obligatoria  a  vacu¬ 
nación)  do  120  millones  de  libras  esterlinas  en 
obras  sanilariasl  » 

«  Ed  mi  reciente  viaje  á  los  Estados  Ucídos  pro¬ 
curó  obtener  datos  estadísticos  sobre  los  resultados 
de  la  vacunación,  pero  se  me  dijo  que  no  habia 
ninguno.  Un  miembro  do  la  Sociedad  Móuica  de  Nue- 
va-York  me  dijo  que  se  hablaba  do  malas  conse¬ 
cuencias  producidas  por  la  vacunación  j  quo  mas  ó 
menos  tarde  habria  que  averiguarlo.  Que  la  vacu¬ 
nación  tanto  en  Nueva-York  como  en  Filadeifia,  no 
ha  logrado  detener  ni  atenuar  los  resultados  del 
mal,  se  conoce  bien  por  cuanto  las  últimas  epide¬ 
mias,  después  de  medio  siglo  de  constante  vacuna¬ 
ción,  han  sido  las  mas  fatales  y  mortíferas  que  han 
conocido  estas  ciudades.  » 

Después  de  estas  cifras,  que  puedo  yo  agregar? 
Poco,  si  no  es  que  la  inoculación  de  la  sífilis  en  mas 
da  100  niños,  fué  uu  hecho  constatado  por  una  Co¬ 
misión  ad  hoc  nombrada  en  Paris  en  1866.  Véase 
Les  mondes,  Vol.  Xll,  1866,  pág.  506:  que  el  mismo 
hecho  ha  sido  reconocido  en  Buenos  Aires  por  la 
Comisión  Municipal—  f  Véase  este  mismo  diario  23 
de  Mayo  de  1874).  Que  lo  mismo  se  averiguó  en 
Génova.  ( Resoconto  quinquennale  del  Dre.  Dome- 
nico  Bomba,  médico  del  Comitato  Ligure  per  la 
vaccinazione,  Génova  187o).  Este  facultativo  dice: 
«  La  trasmisión  de  enfermedades  de  infección  y  en 
especial  manera  de  la  sífilis  por  la  vacunación,  es 
para  nosotros  un  hecho  fuera  do  toda  duda.  » 

La  opinión  del  Dr.  Marqués  de  Nuñez,  eminentí¬ 
simo  médico  español,  fue  contra  la  vacunación, 
agregando  «  que  es  un  paliativo  do  forma  y  no  de 
fondo,  y  por  esta  razón  queda  el  vacunado  espues- 
to  á  repetidas  invasiones  de  viruelas.  »  Criterio 
Médico,  1869,  pág.  o2o.  Diré  también  que  el  doctor 
Verdé  Delisle,  médico  alópata,  publicó  un  librito 
cuyo  título  es:  De  la  degenerescence  physjque  et  mo- 
rale  de  Tespéce  humaine  determinée  par  le  vaccin. 
París,  1855,  en  el  cual  prueba  con  hechos  y  esta¬ 
dísticas  esta  degeneración  constatada  en  Francia  y 
otras  partes  de  Europa. 

Además,  el  Dr.  Saverio  Friscia  presentó  al  parla¬ 
mento  italiano,  del  cual  es  diputado,  un  proyecto 
de  ley  contra  la  vacunación.  El  Dr.  C.  M.  Pearce 
apoyó  en  el  parlamento  inglés  una  petición  contra 
la  vacunación.  El  Dr.  Haez  Koswky,  en  un  discurso 
al  Congreso  de  Dresde  (10  Agosto  1869)  se  declaró 
contra  tal  preservativo.  El  Dr.  Boehr  en  la  Science 
Therapeutique,  vol.  II,  pág.  53S,  dijo  lo  mismo.  Pel- 
linzoni:  Dubbi  sulla  vaccinazione  anímale,  Manto- 
va,  1865,  el  Dr.  E.  Hiller  y  muchísimos  otros  facul¬ 
tativos  y  escritores  que  no  nombro  por  no  ser  de¬ 
masiado  largo,  son  también  contrarios  á  ella. 

En  conclusión,  miles  de  voces  se  levantan  contra 
la  vacunación:  si  ella  parece  que  preserva,  dispone 
positivamente  á  otras  enftrmedades  mas  graves. 


—  17  — 


Este  es  un  hecho  innegable  y  fuera  de  cualquier 
duda  para  mí  y  los  nombrados  facultativos. 

Los  propagadores  y  defensores  de  la  vacunación 
aun  no  están  de  acuerdo  sobre  el  límite  y  duración 
del  poder  do  la  vacuna.  Algunos  quieren  que  se 
vacune  cada  8  años,  otros  cada  10,  otros  en  fin  que 
se  revacune  á  la  sociedad  entera  cada  5  años!! 

Jamás  ha  sido  la  humanidad  tan  diezmada  como 
ahora  por  tanta  tisis,  croup,  fiebres  tifoideas,  etc. 
Denizot  asegura  que  solamente  en  los  países  donde 
es  obligatoria  la  vacunación,  solamente  allí  se 
nota  un  progreso  muy  regular  de  la  enagenacion 
mental  y  de  los  idiotas.  —  (Véase  El  Siglo,  23  de 
Marzo  de  1870). 

Cuando  esas  voces  sean  mas  numerosas,  cuando 
esas  observaciones  aumenten  mas  espantosamente, 
entonces  los  gobiernos  dejarán  á  los  pueblos  com¬ 
pleta  libertad,  como  ahora  se  deja  á  los  individuos, 
purgarse,  sangrarse,  sor  anfibios  con  tantos  baños 
ó  morir  sin  medicamentos. 

Todos  los  que  nos  hemos  declarado  enemigos  de 
la  vacuuacion,  lo  hemos  sido  casi  obligados  á  ello 
por  nuestra  conciencia,  después  do  un  sinnúmero 
de  observaciones  y  hechos  indudables.  No  es  la  que¬ 
rré  de  boutique  que  hacemos,  sino  Ja  guerra  á  las 
enfertnedades  sublevadas  y  aumentadas  por  la  va¬ 
cunación. 

Esperando  de  su  cortesía  la  acogida  favorable  á 
estas  palabras  y  al  artículo  remitido,  le  doy  mil  gra¬ 
cias  anticipadas  y  me  suscribo,  do  Vd.  A.  y  S.  S. 

Montevideo,  Mayo  2  de  1881. 

VII — Contra  la  vacunación 

Señor  Colaborador  do  La  Razón :  (1) 

Con  placer  y  suma  satisfacción  para  mí,  he  leiJo 
en  el  número  1182,  pág.  2.a  columna  2.*  de  su  ilus¬ 
trado  diario,  fecha  19  del  corriente,  el  artículo  rela¬ 
tivo  á  la  vacunación  y  revacunación. 

Partidario  conocido,  y  único  facultativo  en  esta 
ciudad,  que  se  ha  declarado  contrario  á  la  vacuna¬ 
ción,  y  á  las  leyes  que  la  rindon  obligatoria  en  va¬ 
rias  naciones,  ó  la  rendirán  en  esta,  bien  so  explica 
mi  placer  y  satisfacción  viéndomo  ahora  ayudado 
por  la  importante  pluma  de  ustod  en  esta  materia, 
y  siéndome  abiertas  las  columnas  do  ose  diario  pa¬ 
ra  defender  mi  propaganda,  basada  en  hechos  muy 
claros,  en  estadísticas  y  en  opiniones  de  otros  facul¬ 
tativos,  todas  las  cuales  reunidas  importan  que  so¬ 
lamente  la  obcecación  puede  negarla. 

Ni  podria  esperarse  ménos  de  usted.  Verdadero 
apóstol  de  la  libertad,  defensor  justo  y  brillante  de 
ella  en  todo,  así  como  proclamó  la  libertad  mora!  y 
de  la  conciencia  humana,  debe  del  mismo  modo 
defender  las  libertades  materiales,  entre  ellas  espe¬ 
cialmente  la  de  curarse  y  precaverse  de  las  enfer¬ 
medades  como  á  cada  uno  le  dicte  su  razón. 

En  efecto,  debo  en  esto,  ser  completamente  libre 
el  sér  humano  y  no  obligársele  por  leyes  á  tratarse  ó 
preservarse  según  le  parezca  á  tal  ó  cual  gobierno. 

Que  diría  V.  si  mañana  se  publicara  una  ley  que 
estableciese  más  ó  menos  lo  siguiente: 

«  En  vista  de  la  declaración  de  tal  ó  cual  sociedad 
científica  (basada  en  la  estadística,  en  la  suposición 
ó  en  el  resultado  de  la  observación  de  tal  epidemia) 

(I)  Publicado  en  el  N'.°  1183  del  diario  La  Razón,  fecha  22  de 
Octubre  de  i 882 . 


siendo  los  purgantes  los  mejores  preservativos  de 
la  fiebre  amarilla,  ú  otra  epidemia,  todos  los  habi¬ 
tantes  son  obligados  á  tomar  un  purgante  diario!  » 

Por  cierto  que  todos  nos  reiríamos  de  tan  absur¬ 
da  ley,  y  aunque  la  establecieran  todos  los  gobier¬ 
nos  del  mundo,  no  por  eso  seria  justa  y  sin  em¬ 
bargo  tal  es  la  ley  de  la  vacunación  obligatoria. 
Concluye  V.  el  artículo  á  que  me  rofioro  con  las  si¬ 
guientes  palabras:  «Abrimos  nuestras  columnas  al 
debate».  Bien  ve  V.  que  aprovecho ol  ofrecimiento, 
y  le  envió  esto  artículo  que  divido  en  dos  partes, 
limitándolas  lo  mas  que  me  sea  posible: 

1. °  Peligros  y  enfermedades  que  ongondra  la  va¬ 
cunación. 

2. °  Pruebas  científicas  y  morales,  y  estadística 
contra  de  ella. 

Peligros  y  enfermedades  que  engendra  la  vacuna¬ 
ción—  Cuando  Jenner  en  1798  introdujo  la  vacuna¬ 
ción  en  Europa,  lo  hizo  por  rocíen  conocer  entonces 
esto  modo  do  preservarse  importado  do  la  China  por 
losjesuitas.  (2)  Comousted  sabe,  antes  se  inoculaba 
por  ios  módicos  el  mismo  pus  de  ia  viruela  io  que 
daba  por  resultado  ia  propagación  déla  enfermedad 
y  el  aumento  de  la  mortalidad.  Jenner  después  in¬ 
gerto  en  el  brazo  dono  niño  la  vacuna  déla  vaca  que 
produjo  una  pústula  y  levo  enfermedad;  lo  inoculó 
después  el  pus  de  un  virulento,  y  viendo  que  la 
viruela  no  se  desarrollaba,  declaró  y  proclamó  que 
la  vacunación  preservaba  de  la  viruela.  La  obser¬ 
vación  fué  demasiado  superficial  y  todavía  así  con¬ 
tinúa,  sin  fijarse  en  las  consecuencias  que  de  tal 
operación  resultan.  Estas,  por  la  observación  cau¬ 
telosa  de  sumos  estadistas  y  facultativos  vinieron  á 
dar  en  tierra  toda  la  falsa  teoría  do  Jenner. 

En  efecto,  oiga  usted  las  siguientes  opiniones: 

l.o  La  vacuna  es  un  preservativo  de  forma,  pero 
no  ataca  la  causa  eficiente  de  la  enfermedad,  y  por 
esto  el  vacunado  queda  expuesto  á  repetidas  inva¬ 
siones  de  viruela.  ( Nuñez  —  Criterio -Módico,  1869, 
pág.  325). 

2. °  El  tubérculo  (es  decir  la  tisis)  en  la  mayoría  de 
los  casos  es  segundaria,  por  la  degeneración  caseo¬ 
sa  do  simples  productos  inflamatorios  ó  do  glándu¬ 
las  escrofulosas.  Esto  puedo  también  sobrevenir  de 
la  vacunación  ó  resultar  desús  consecuencias.  (Hu¬ 
ghes  Manual  pág.  157  Barcelona  1878).  (3) 

3. °  Regnoli  en  la  reunión  de  la  Academia  do  Luc- 
ca,  en  16  de  Setiembre  de  1843  sostuvo  con  abun¬ 
dancia  de  hechos  y  razonamientos,  la  trasmisión  de 
la  escrófula  por  medio  de  la  vacunación.  (Revista 
Italiana,  página  180,  cúm.  6,  año  1877  ) 

4. °  El  doctor  Orlandini,  Vico  Conservatore  del 
Circcndario  de  Milán  (liana)  en  la  relación  que  hizo 
en  ol  año  1867  relativa  á  la  conveniencia  de  la  va¬ 
cunación  animal,  no  niega  que,  por  medio  de  la  va¬ 
cuna  de  brazoá  brazo,  sea  posible  que  seintroduzcan 
en  el  vacunado  e'cmenti  ostici  generadores  y  actores 
de  enfermedades  dialésicas.  (Pág.  181,  núm.  6, 
1877.  Revista  citada.) 

5. "  El  doctor  Domingo  Bomba  en  su  apreciado 
trabajo  Resoconto  quinqnenale  del  Comitato  Ligure 
di  vaccinazione  anímale,  publicado  en  Genova  en 
1875,  dice  : 

«  La  trasmisión  do  enfermedades  infectivas  y  es¬ 
pecialmente  de  la  sífilis,  por  la  inoculación  de  la 

[2]  Como  prueba,  véase  el  periódico  Le  Pelit  Journal  Suisse 
N.°  61 — Abril  4  de  1873. 

f3]  Léase  en  la  página  10  linea  38  lo  concedido  á  Laenncc,  yla> 
opinión  de  Villemain. 


18 


vacuna  humanizada,  es  para  nosotros  un  hecho 
fuera  de  toda  duda.»  Esta  triste  realidad  está  com¬ 
probada  evideuteraento  por  la  larga  serio  de  ca¬ 
sos  que  en  sus  escritos  han  contado  Orsi,  deli’Ac- 
qua,  Grancini,  Berna.  Ricista  di  187 1 .  A  este  he¬ 
cho  gravísimo  relativo  á  la  trasmisión  do  la  sífilis, 
agregaremos  otros,  entro  ellos  el  que  fué constatado 
en  más  de  100  niños  por  una  comisión  ad  hoc  nom¬ 
brada  en  1866  en  París:  f véase  periódico  « Les 
Mondes»  col.  Xll  1866  pág.  606 ).  igual  hecho  y 
trasmisión  reconocida  en  1874  en  Buonos  Aires  por 
la  Comisión  Municipal:  f  véase  « El  Siglo»  N.°  628, 
Mayo  de  1874  J. 

6.°  El  Dr.  Verde  Delisle  prueba  la  degeneración 
física  y  moral  del  hombre,  determinada  por  la  va¬ 
cunación  basada  en  estadísticas  sin  fin,  constatada 
en  Europa  y  en  otras  partes  del  globo,  f  Véase  su 
obra :  De  la  deg  eneres  cene  e,  Varis.  1866  J. 

Danizot  asegura  quo  «solamente  en  los  paisas  don 
de  la  vacunación  es  obligatoria  solamente  allí  se 
nota  un  progreso  regular  do  la  onagenacion  mental 
y  de  los  idiotas.»  (Véase  El  Siglo  de  28  Marzo  1870.) 

A  esto  se  contestó  propagando  la  vacuna  directa¬ 
mente  de  la  vaca. 

Desde  entóneos  el  suicidio  aumentó  en  los  mis¬ 
mos  países  on  modo  extraordinario. 

Conclusión:  La  vacunación  parece  producir  una 
preservación  momentánea  pero,  realmente,  dispone 
á enfermedades  peores  como  el  croup,  el  tifus  ó  in¬ 
curables  como  la  meningitis  tuberculosa,  la  tisis  y 
otras. 

Pero  hallo  mas  justo  traducir  do  la  revista  Biblio- 
theque  homeopzlique  número  7 ,  Paris,  Abril  1882, 
las  siguiontes  conclusiones  : 

«  La.  condena  de  Jenner  consiste  en  este  hecho: 
que  casi  todos  los  quo  caen  enfermos  de  viruela, 
( sobretodo  en  tiempo  de  epidemia)  casi  todos  han 
sido  vacunados,  no  habiendo  impedido  la  vacuna¬ 
ción,  el  desarrollo  de  la  enfermedad. 

«  La  condena  de  Jenner  consiste  también  en  lo  si 
guiante:  quo  en  los  hospitales  ahora  tenemos  la 
misma  proporción  do  muertos  por  la  viruela,  como 
antes  do  la  vacunación,  lo  que  demuestra  material  - 
mentó  que  eu  los  hospitales  la  vacunación  no  ha 
salvado  una  sola  vida.  » 

«  La  condena  de  Jenner  se  halla  en  este  hecho: 
que  después  de  la  vacunación  y  revacunación,  cada 
epidemiada  viruela  es  más  grave,  más  estensa,  y 
más  mortal  que  la  quo  le  precedió  (hecho  este  que 
fatalmente  he  constatado  en  esta  ciudad  en  la  epi¬ 
demia  de  1871  y  1881  82).  Véase  estadística  eu  la 
parto  2a. 

«  Finalmente  la  Condena  be  Jenner  se  halla  on  este 
hecho,  quo  sin  producir  algún  bien,  la  vacunación 
ha  sembrado  largamente  muchas  enfermedades,  y 
tiene  tendencia  á  corromper  y  envenenar  la  sangre 
de  la  familia  humana.  » 

Que  contestan  los  propagandistas  déla  vacuna¬ 
ción  a  estos  hechos?  Nada  mas  que  con  las  estadís¬ 
ticas.  Pues  bien,  de  ellas  vamos  á  ocuparnos  en  la 
segunda  parlo. 


N.  B.— Para  evitar  objeciones,  los  números  1,  2  y 
7  pertenecen  á  homeópatas  y  los  otros  á  alópatas  y 
estadistas. 

Montevideo,  Octubre  21  de  1882. 


VIII— Segamla  parte 

ESTADÍSTICAS — PRUEBAS  Y  RAZONES  CIENTIFICAS  Y  MO¬ 
RALES  CONTRA  LA  VACUNACION— INJUSTICIA  DE  LOS 

PROPAGANDISTAS  DE  LA  VACUNA  CONTRA  LOS  HOMBRES 

Y  SOBRE  TODO  CONTRA  DIOS.  (1) 

1.*  Estadística— Leo  en  el  diccionario  de  Salvá  lo 
siguiente:  «  La  estadística  es  la  ciencia  quo  exami¬ 
na  el  provecho  que  saca  un  estado  de  su  pobla¬ 
ción,  etc.  » 

En  cuanto  al  provecho  ya  hemos  visto  y  veremos 
claramente  el  quo  se  saca  de  la  vacunación. 

Epidemias  de  viruela  mas  largas,  mas  graves  y 
mas  duraderas;  (2)  degeneración  de  la  especie  hu¬ 
mana;  enfermedades  incurables;  aumento  del  sui¬ 
cidio  y  de  la  locura,  y  por  fin  el  envenamiento  de  la 
sangre  humana. 

Pero  me  dicen  los  vacunistas:  Vd.  no  conoce  cier¬ 
tas  estadísticas.  Ellas  prueban...  preguuto,  qué? 
Lo  voy  á  decir:  las  estadísticas  do  los  vacunistas  son 
pruebas  superficiales  do  un  hecho  mal  aplicado  y 
de  cuyos  resultados  no  se  tomó  cuenta. 

Muchas  se  publicaron  favorables  á  la  vacunación, 
siempre  superficiales.  Conozco  sobre  todo  dos  ó 
tros  de  las  cuales  se  ha  querido  hacer  una  especie 
de  bombe  écr asante,  ó  mejor  dicho  un  fallo  inapela¬ 
ble  contra  los  aniivacunistas  y  favorable  al  «  virus 
sagrado.  »  Voy  á  referirlas: 

A. — Fué  publicada  una  ( núm .  116,  de  Abril  27 
de  1871  j  en  La  Gacela  de  Colonia  (Alemania)  resul¬ 
tado  de  un  informe  sobre  la  epidemia  de  viruela. — 
Hay  que  notar  que  por  la  ley  del  4  de  Mayo  de  1874 
la  vacunación  es  obligatoria  en  todo  el  imperio 
aleman. 

De  1567  enfermos  vacunados  murieron  339=21  %  % 

«  89  revacunados  murieron  .  .  .  5=  5  «  « 

«  23  no  vacunados  murieron.  .  .  16=70  «  « 

B.  — La  que  sigue  fué  publicada  en  El  Siglo  f nú¬ 
mero  del  2.7  de  Enero  de  1880 )  encabezada  por  las 
palabras  Creer  ó  recentar.  «En  la  epidemia  que  reinó 
en  Londres  de  1877  á  1879  fueron  asistidos  en  el 
Metropolitan  Asylum  15,186  enfermos,  de  los  cuales 
11,417  estaban  vacunados,  y  3,769  carecían  del  pre¬ 
servativo.  Del  primer  grupo  fallecieron  1008  y  del 
segundo  1,669,  do  manera  que  resulta  para  los  va¬ 
cunados  ol  8,58  p.%  y  la  enorme  proporción  de 
44, 4  p.  % ,  respecto  de  los  no  vacunados»;  y  continúa 
el  apologista:  «  El  hecho  mas  curioso  verificado  du¬ 
rante  la  epidemia  es  que  no  puede  asegurarse  que 
uua  sola  persona  entrase  en  les  hospitales  inmedia- 
t  -.mente  después  do  haber  sido  vacunada  ó  revacu¬ 
nada  con  éxito.  » 

Ya  se  vé  bien  claro,  inmediatamente*,  poco  im¬ 
porta  que  los  vacunados  y  revacunados  que  no  han 
enfermado  de  viruela  hayan  muerto  después  de  po¬ 
cos  años  do  tisis,  locura  ó  suicidio.  Esto  no  hace  al 
caso!! 

C. - Otra  estadística  fué  también  publicada  en  El 
Siglo  hace  pocos  meses  en  la  cual  so  cuenta  que  de 
10  y  mas  mil  empleados  vacunados  en  la  adminis¬ 
tración  inglesa  de  correos,  solo  10  ó  12  murieron 
de  viruela,  lo  que  nada  prueba  porque,  y  lo  repe¬ 
timos  hasta  la  saciedad  (como  se  ha  dicho  on  la  es¬ 
tadística  R)  no  se  observaron  ni  el  aumento  poste¬ 
rior  de  las  enfermedades  ni  el  de  la  mortalidad  en 

(1)  Pub'icado  cu  el  mím.  1189  del  diario  1.a  llazon,  fecha  27  d 
Octubre  1882. 

(2)  Véase  párrafo  4.» 


19  — 


los  vacunados,  aumento  que  no  está  en  relación 
con  la  población,  etc. 

ESTADÍSTICA  CONTRA  LA  VACUNACION. 

2. a  Si  tomamos  en  cuenta  y  observamos  con  la 
atención  necesaria  lo  que  sucede  en  esta  ciudad, 
donde  la  constatación  de  los  hechos  es  fácil,  nota¬ 
remos  un  hecho  asombroso  y  gravísimo. 

En  efecto,  en  el  número  5160  del  diario  El  Siglo 
(i correspondiente  al  11  de  Mayo  de  1881)  leo  úna 
relación  publicada  por  la  oficina  de  la  mesa  de  Es 
tadística  de  la  cual  resulta  que  en  todo  el  año  de 
1881  murieron  de  viruela  29G,  y  de  tisis  tuberculo¬ 
sa  y  laríngea  713. 

Razonemos  ahora  y  profundicemos  el  resultado 
que  se  desprende  de  estas  cifras. 

D.  — Pocas  son  las  familias  que  no  vacunan  á  sus 
hijos  desde  muchos  años  acá,  y  sin  embargo  hemos 
tenido  la  epidemia  de  1881-1882  mas  larga,  mas 
estensa,  mas  duradera  y  haciendo  muchísimas  mas 
víctimas  que  la  del  1871  (1)  precisamente  en  los 
vacunados,  mientras  yo  que  he  proclamado  el  pe¬ 
ligro  y  he  prohibido  la  vacunación,  he  perdido  so¬ 
lamente  dos  individuos,  entre  mas  de  200  que  no 
eran  vacunados. 

E. ~ En  el  número  2,060  del  diario  La  Tribuna 
f fecha  28  de  Abril  de  1872J  probé  con  datos  irre¬ 
cusables  y  fidedignos  y  por  la  estadística,  que  la 
mortalidad  de  tisis  en  Montevideo  era  ordinaria¬ 
mente  de  un  10  p.  % ,  observando  que  esta  ciudad,  á 
pesar  de  su  temperatura  tan  variable,  so  acerca  por 
su  clima  á  los  países  mas  privilegiados  del  globo,  y 
es  por  eso  mejor  que  tantos  otros  puntos  de  Amóri 
ca,  Africa  y  Europa,  donde  la  tisis  hace  mayores 
estragos  de  los  producidos  en  esia.  Pues  bien,  la 
población  do  Montevideo  que,  desde  1871  al  1881,  ha 
disminuido  notablemente,  debia  la  estadística  do 
mortalidad  mostrar  también  la  disminución  de  la 
tisis  y  sin  embargo  sucedió  todo  lo  contrario. 

En  el  1871,  siendo  ia  población  de  esia  ciudad 
mayor  de  120  mil  habitante?,las  defunciones  de  tisis 
fueron  251. 

En  1881  siendo  la  población  de  111,500  habitan¬ 
tes,  las  defunciones  de  tisis  debían  ser  aproxima¬ 
tivamente  233,  y  sin  embargo,  ya  lo  hemos  notado, 
que  alcanzaron  á  la  enorme  cifra  de  713,  lo  que 
claramente  indica  e!  aumento  de  la  mortalidad  pro¬ 
ducida  por  la  tisis  sin  relación  á  la  población,  vién 
dose  en  esta  enfermedad  un  aumento  progresivo 
nada  halagüeño,  ó  digámoslo  claramente,  espantoso 
en  sus  efectos. 

F. — Otro  cálculo:  la  mortalidad  en  1871  fuá  de 
2,738;  de  ellos  ?51  de  tisis;  en  1881  la  mortalidad 
fué  de  2,826  y  de  ellos  713  de  tisis  constatadas  por 
certificado  médico. 

Proporción  en  la  primera  de  ....  9  p%. 

Id.  en  la  segunda .  25,22  » 

A  estos  números  no  hay  nada  que  agregar! 

3. “  Abro  mi  libro  de  curiosidades  y  hallo  en  el 
Journal  des  Debáis  ( París  8  de  Abril  de  1875)  en  la 
página  primera,  lo  siguiente: 

«  En  las  epidemias  de  Filadelfia  (1823-24),  de  Sue 
cia  (1823  25),  de  Viceneia  (1825)  la  viruela  atacó 
principalmente  á  los  vacunados,  y  durante  la  epi  - 
demia  do  New  York  en  1824,  la  mayor  parte  délos 
casos  de  viruela  se  mostró  en  los  vacunados:  lo 
mismo  aconteció  en  Marsella.» 

(1)  véase  el  párrafo  4.° 


A  estas  cifras  y  hechos  se  contesta  por  algunos 
vacunados  pidiendo  la  vacunación  y  revacunación 
á  paso  redoblado,  y  como  hemos  probado  ya  los 
innumerables  males  que  acarrea  una  sola  vacuna¬ 
ción  y  el  ningún  bien  que  produce,  y  como  los  va- 
cunistas  no  están  de  acuerdo  ellos  mismos  relativa¬ 
mente  al  tiempo  que  dura  la  preservación,  así  po¬ 
dría  proponerse  que  se  vacune  á  las  personas  cada 
mes  ó  cada  estación;  vamos  al  abrir  las  flores,  al 
secarse  las  hojas  de  las  plantas!...  Pobre  humani¬ 
dad!....  y  siga  la  danza;  entretanto  la  tisis  como  ya 
lo  hemos  demostrado  aumenta  espantosamente  en 
esta  bella  y  antes  muy  sana  ciudad:  la  viruela  hace 
mas  estragos  en  1881  y  82  que  en  1871:  la  locura 
y  el  suicidio  aumentan  también  estraordinariamen- 
te  como  todos  vemos  y  lo  que  sucede  aqui  se  repite 
en  otras  partos  del  globo,  asi  por  ejemplo  en  Cer- 
deña,  mi  patria,  donde  antes  era  casi  desconocido 
el  croup,  ahora  y  después  que  la  vacunación  es 
obligatoria,  rara  es  la  familia  que  no  cuenta  entre 
sus  hijos  á  una  ó  mas  víctimas.  Por  el  contrario  yo 
no  he  visto  mas  esa  enfermedad  en  mi  clientela  de 
esta  ciudad,  después  que  he  aconsejado  á  ella  que 
no  vacunase  á  ningún  niño. 

4. °  Voy  á  repetir  aquí  lo  que  publiqué  en  el  nú¬ 
mero  2022  f2  de  Agosto  de  1871 )  de  El  Siglo  y  en 
Los  Debates  {4  de  Agosto  de  1871 J.  <v  Vecinos  hay  en 
Montevideo  que  en  30  años  que  llevan  de  residen¬ 
cia  en  ella,  no  han  visto  que  la  viruela  haya  hecho 
tantas  victimas  como  en  el  presente  año  de  1871.»- 
Esa  epidemia  duró  aproximativamente  13  meses* 
como  publiqué  en  el  mismo  diario,  ó  hizo....  vícti¬ 
mas.  (2) 

La  epidemia  de  1881  y  82  duró  19  meses  ó  hizo, 
ya  741  víctimas  eso  á  pesar  do  la  vacunación  y  re¬ 
vacunación  aconsejada,  mandada  y  ordenada  por 
todos  los  facultativos,  por  las  parteras  y  por  los 
maestros  de  las  escuelas  de  esta  ciudad,  (3) 

5. °  Vamos  á  publicar  una  Estadística  concluyente 
contra  la  vacunación  y  la  copio  do  la  entrega 
7.a  ('perteneciente  al  mes  de  Abril  de  1882J  del  pe¬ 
riódico  Bibliolhéque  Ilomeopathique repitiendo  aquí 
cuanto  dije  en  el  diario  Los  Debates  del  4  do  Agos¬ 
to  de  1871:  «¿qué  tiene  quo  ver  la  homeopatía  con 
las  estadísticas  publicadas?  por  ser  yo  homeópata 
¿los  números  serán  mayores  ó  menores  y  las  de¬ 
ducciones  mas  ó  menos  justas?  Hasta  en  esta  ciudad 
y  en  muchas  otras.  ¿No  hay  homeópaias  quo  son  pro¬ 
pagandistas  de  la  vacuna? 

Dice  el  doctor  J.  J.  Gardi  YVilkinson:  «la  vacuna 
fue  declarada  obligatoria  per  una  anta  del  parla¬ 
mento  inglés  en  1853;  do  nuevo  en  1867  y  mas  obli¬ 
gatoria  aun  en  1871. 

Desde  1853  hemos  tenido  tres  epidemias  de  vi¬ 
ruela. 

Fechas  Muertos 


1. a  (1857-58  59) .  14,244 

2. a  (1863  64  65) .  20,059 

3. a  (1870-71-72) .  44  840 

Aumento  de  la  población,  do  ta  1.a  á  la  2.a 

epidemia . 7  % 

Aumento  do  la  viruela  id  id . 58  » 

(2)  Véanse  los  diarios  La  Tribuna  del  26  de  Enero  de  1872  y 
Los  Debates  del  ?5  del  mismo  mes  y  año. 

(3)  Esta  cifra  la  he  sacado  de  las  notas  de  la  Mesa  de  Estadís¬ 
tica.  Hubo  en  1881,  296  muertos  de  viruela,  desde  Enero  á  Diciem¬ 
bre  y  439  desde  Enero  á  Setiembre  de  1882.  Total,  741. 


20  — 


Aumento  de  la  población  de  la  2.*  á  la  3/ 

epidemia . 18  % 

Idem  de  la  viruela . 120  » 

Muertos  de  viruela  en  el  primer  decenio  des¬ 
pués  de  la  aplicación  de  la  ley  sobre  va¬ 
cunación  obligatoria  (1854-1863)  .  .  .  33,515 
En  el  segundo  período  (1864-1873)  .  .  .  70,458 


«  Tal  estadística  os  sacada  de  una  carta  al  dipu¬ 
tado  inglés  The  Right  Hon.  G.  Sclater  Booth,  módico 
(Febrero  1877)  por  C.  F.  Pearce,  M.  R.  C.  S. 

6  «  Este  mismo  doctor  Pearce,  eu  una  carta  quo 

dirigió  al  citado  Sclater  Booth,  ha  demostrado,  por 
la  estadística,  el  grande  aumento  de  la  mortalidad 
infantil  por  la  sífilis,  juntamente  á  la  ostensión  do 
la  vacunación.  Este  hecho  horroroso,  Hiendo  bien 
establecido  y  comprobado ,  y  que  la  sífilis  es  muchas 
veces  trasmitida  por  la  linfa  de  la  vacuna,  una  ojea¬ 
da  á  las  tablas  de  estadíslicas  nos  mostrará  quo  esta 
calamidad  es  un  hecho  frecuente.  » 

«  Se  verá  que  murieron  de  sífilis: 


En  los  3  anos 

De  mas  de  I  año 

En  todas  edades 

1860 -a  1864 

4504 

6425 

1870— á  1874 

7009 

9271 

«  En  el  primer  período,  por  consiguiente,  casi  las 
dos  terceras  partes  del  número  total,  eran  niños 
menores  de  un  año,  es  decir,  en  el  1er.  año  de  la 
vacunación,  mientras  en  el  2.°  período  y  cuaudo  el 
número  había  aumentado  considerablemente  no 
menos  de  la  17.a  parte  del  número  total  de  muertos, 
era  de  niños  menores  de  un  año.  » 

«  Una  relación  hecha  al  parlamento  inglés  (númo 
ro  392,  sección  2.a,  1880)  demuestra  que  en  1847  y 
cuando,  relativamente,  pocas  personas  eran  vacu¬ 
nadas,  la  proporción  de  los  muertos  por  sífilis,  en 
los  niños  menores  de  un  año,  ora  de  472  por  un 
millón  de  nacimientos.  En  1878,  después  de  25  años 
de  vacunación  obligatoria,  los  muertos  de  sífilis  en 
los  niños  menores  do  un  año,  aumentó  á  1851  por 
un  millón,  es  decir, 

CUADRUPLICÓ. 

«  Las  estadísticas  de  Suecia  prueban  los  mismos 
hechos. »  (1) 

Clarísimo,  pues,  y  bien  patentizado  está  el  ningún 
beneficio  que  saca  la  humanidad  por  la  vacunación 
y  al  contrario,  los  innumerables  males  que  á  ella 
acarrea. 

7."  Voy  ahora  á  dar  contra  la  vacunación  otra  ra¬ 
zón  deducida  de  la  injusticia  humana. 

¿Cuál  es  de  las  señoras  de  la  buena  sociedad  y 
raza  blanca  de  esta  ciudad  que  al  presente  permi¬ 
tiera  que  uno  de  sus  hijos  fuese  vacunado  con  el 
pus  ó  materia  sacada  del  brazo  de  una  morena? 
Por  cierto  que  no  encontraré  una  sola.  Y  con  esto 
vemos  que  se  pone  á  la  raza  negra  debajo  de  los 
brutos  y  so  cree  la  vaca  superior  á  una  morena! 

Mas  injusticia  no  so  puede  hacer! 

Ya  la  vaca  no  puedo  tenor  nada  de  malo  en  su 
ser,  ni  ella  está  enferma  cuando  se  le  saca  directa¬ 
mente  la  vacuna,  ni  ocasionarnos  gravísimos  daños. 
Oigamos  á  propósito  algunos  hechos. 


(I)  Véase  cu  la  1.a  parte  lo  que  hemos  referido  y  sucedió  en  Ge¬ 
nova,  en  Buenos  Aires  y  Francia. 

En  el  ano  1866,  habiendo  sido  reconocidos  por  la  Asamblea  Mé¬ 
dica  de  París  los  numerosos  hechos  incontrastables  de  trasmisión 
sifilítica,  por  medio  de  la  vacunación  de  brazo  á  brazo,  la  vacuna¬ 
ción  animal  directa  de  la  vaca,  fué  legalmcnte  sancionada  por  el 
•  Gobierno  y  adoptada  por  la  Academia. 


8. °  En  1871  la  viruela  fué  precedida  en  este  Es¬ 
tado  por  la  epizootia.  En  Chile  sucedió  lo  mismo:  el 
diario  La  República  de  aquel  Estado  (2)  dice:  «La 
epizootia  quese  desarrolló  en  la  República  Argentina 
hace  poco  mas  de  un  año  fue  trasmitida  á  este  país 
con  la  llegada  de  animales  enfermos.  Todos  palpa¬ 
mos  las  proporciones  quo  tomó  ese  mal  hasta  en¬ 
tóneos  desconocido  para  nosotros.  Y  quien  podrá 
asegurar  que  esa  epizootia  no  fué  en  parte  el  origen 
de  la  terrible  epidemia  de  viruela  que  acabamos  de 
pasar.» 

En  Noviembre  de  1871  el  Boletín  Oficial  del  Go¬ 
bierno  General  de  la  Provincia  Portuguesa  de  Cabo 
Verde,  refiere  lo  siguiente:  «Reunidos  varios- docto¬ 
res  en  comisión  por  órden  del  Gobernador,  el  doc¬ 
tor  D  Francisco  Fed.  Hopffer,  dijo  hablando  de  la 
viruela:  «porque  tenho  reconocido  quo  a  epizootia 
precede  muitas  veces  a  doentia  para  ó  homen.» 

El  siguiente  hecho  es  algo  mas  grave  (3)  «El  ve¬ 
terinario  Federico  Vitarelli  había  practicado  la  va¬ 
cunación  en  una  ternera  de  un  año  de  edad;  y  de 
ella  recogió  40  tubos  de  linfa,  para  el  servicio  pú¬ 
blico  de  la  vacunación:  el  dia  después  (27  de  Se¬ 
tiembre  de  1877)  la  ternera  murió  do  carbunclo 
maligno.  Apenas  se  supo  en  Ñapóles  este  hecho  la 
población  fué  profundamente  conmovida  y  con  ra 
zon.  Pero  el  Municipio  y  su  Comisión  de  Vacuna  se 
apresuraron  á  anunciar  inmediatamente  que  la  linfa 
de  los  40  tubos  y  la  ternera  habían  sido  quemados 
por  órden  de  ellos.» 

Ahora  preguntamos  á  los  vacunistas  ¿qué  hubiera 
sucedido  si  con  esa  linfa  se  hubiese  vacunado  á 
séres  humanos? 

9. °  Resumiendo  tolo  lo  dicho  hasta  aquí  y  con 
las  razones,  las  opiniones,  los  hechos  y  las  estadís¬ 
ticas,  puedo  establecer  sin  temor  de  ser  contradicho 
la  siguiente  conclusión: 

En  los  países  donde  la  vacunación  es  obligatoria 
las  epidemias  de  viruela  parecen  disminuir;  pero 
si  antes  de  la  vacunación  la  viruela  era  solamente 
epidémica  y  se  presentaba  cada  40  ó  mas  años,  des¬ 
apareciendo  después  totalmente, en  seguida  de  la  va¬ 
cunación,  es  casi  permanente  y  endémica.  Además, 
la  vacunación  hizo  aumentar  extraordinariamente, 
como  ya  lo  hemos  probado,  la  mortalidad  por  otras 
enfermedades,  en  una  proporción  que  no  es  relativa 
al  número  do  los  años  precedentes  ni  al  aumento  de 
la  población,  y  eso  á  pesar  de  las  mejoras  que  se 
han  introducido  en  las  naciones  por  la  higiene,  etc. 

10.  Los  hechos,  dijo  Castelar,  «  son  silogismos 
vivientes  que  llevan  al  alma  convicciones  mas  pro¬ 
fundas  é  incontrastables,  que  las  de  los  otros  racio¬ 
cinios.  » 

Pues  bien,  á  pesar  de  esta  opinión  del  gran  escri¬ 
tor  español,  si  ellos  faltasen  y  me  faltase  también  el 
apoyo  de  los  números,  me  bastaria  otro  racioci¬ 
nio  moral  mas  grande  que  todos  los  números  y  citas 
posibles. 

Naco  el  hombre,  sér  superior  al  bruto,  puro  y  sa¬ 
no,  aunque  algunas  veces  algo  enfermizo  y  débil; 
pues  bien  para  precaverlo  y  rendirlo  inmune  de 

UNA  BNFERMEDAD  FUTHRA  É  INCIERTA,  SE  LE  INGERTA 
EL  VIRUS  Ó  PUS,  Ó  SEA  EL  PRODUCTO  DE  LA  ENFERMEDAD 

de  un  bruto  enfermo!  . . .  Este  es  un  absurdo  tal  para 
mí,  que  no  sé  de  qué  manera  patentizarlo  mejor  y 
ridiculizarlo,  si  no  me  viniese  á  la  memoria  que  el 

(2)  Número  del  3  de  Noviembre  de  1872. 

(3)  Véase  Revista  Italiana  núm.  9,  Marz  >  1879.  Roma. 


hombre,  con  su  soberbia,  ha  tenido  el  atrevimiento 
de  enmendar  las  obras  de  Dios. 

¿No  nos  ha  puesto  El  y  á  nuestro  alcance,  reme¬ 
dios  indudablemente  poderosos,  sacados  do  plantas 
•ó  minerales  y  poseídos  de  virtudes  curativas  ó  pre- 
servativas?  Busquómoslos,  aconsejémoslos  á  nues¬ 
tros  semejantes,  solamente  en  el  caso  de  epidemias 
y  demos  gracias  al  Todopoderoso  que  de  cuando  en 
cuando  permite  que  sin  estudio  alguno  ni  prolija 
observación,  se  conozcan  esas  virtudes.  Es  esto  lo 
que  hice,  haré,  probé  y  aconsejé  con  óptimos  resul¬ 
tados  y  sostengo  desdo  1860  y  muchos  homeópatas 
conmigo,  aunque  otros  crean  todavía  en  el  poder 
preservativo  de  la  vacunación. 

11.  Por  fin,  en  un  artículo  que  he  leído  en  La  De¬ 
mocracia  del  21,  (1)  se  patentiza  claramente  la  mala 
fó  deJenner,  el  introductor  do  la  vacuna,  pues  vien¬ 
do  las  malas  consecuencias  inmediantas  de  la  va¬ 
cunación,  sin  embargo  la  aconseja.  Hó  aquí  el  ar 
tículo: 

•  La  Linía  impui’a  en  1799  » 

sobre  VACUNACION— El  Ministro  Argentino  en  Lon¬ 
dres,  en  nota  dirigida  á  su  gobierno,  suministra  in¬ 
formes  que  son  oportunos  entro  nosotros. 

Hace  algún  tiempo  que  los  diarios  ingleses  vienen 
publicando  cartas  de  médicos  notables,  sobro  la 
Importante  cuestión  de  la  vacuna,  siempre  á  la  or¬ 
den  del  dia.  Como,  sin  duda  alguna,  estas  publica¬ 
ciones  tienen  que  interesar  también  en  sumo  grado 
á  nuestros  médicos  de  Buenos  Aires,  me  propongo 
tener  al  corriente  á  V.  E.  de  todas  las  faces  que 
tome  el  debate  de  ese  punto  científico,  y  por  ahora 
me  limito  á  adjuntar  la  traducción  de  una  carta  que 
hallo  en  El  Times ,  la  cual  contiene  datos  de  indis¬ 
putable  valor. 

Ellos  son  ofrecidos  á la  prensa  por  el  Dr.  Dudgeon, 
á  propósito  de  haberse  presentado  en  los  hospitales, 
casos  de  erisipela,  (2)  en  niños  sobre  los  cuales  se 
habia  operado  la  vacunación. 

— El  artículo  del  Dr.  Henry  D.  Dudgeon,  á  que 
hace  mención  la  nota  anterior,  se  titula,  «La  linfa 
impura  en  1799,»  ha  sido  publicado  en  la  siguiente 
forma: 

Sr.  Director  de  The  Times: 

«Sorprenderá  probablemente  á  muchos  desuslec- 
tores,  el  saber  que  la  vacunación  fué  seguida  algu¬ 
nas  veces  de  Erytheraa,  en  los  primeros  tiempos 
de  su  historia.  En  Febrero  15  do  1799,  el  doctor 
Pearson  escribió  al  Dr.  Jenner  lo  siguiente:  «  la  in¬ 
flamación  en  las  partes  iuoculadas  de  mis  pacientes 
ha  sido  meramente  lo  que  llamaría  Erithematosa  ó 
sea  el  mismo  género  de  afección  quo  se  observa  en 
la  escarlatina. 

«Los  tros  promotores  primitivos  del  Cow-pox,  fue¬ 
ron  los  doctores  Jenner,  Pearson  y  Woodwilie,  y  el 
método  fué  presentado  al  público  en  el  invierno  do 
1798  99.  Es  interesante  leer  en  la  vida  de  Jenner  las 
amistosas  cartas  que  estos  caballeros  se  cambiaban 
y  especialmente  sus  privadas  y  confidenciales  notas 
■sobre  las  numerosas  ó  imprevistas  equivocaciones, 
■sobro  las  cuales  seria  actualmente  de  desear  que  se 
arrojase  el  volo  del  secreto. 


(1)  Reproducido  del  diario  f.a  Nación  de  Buenos  Aires,  núme¬ 
ro  .  . fecha  19  de  Octubre  de  1882. 

(2)  Véase  pág.  10  lo  sucedí  :o  al  Dr.  Ozanan. 


«Muchas  de  sus  vacunaciones  fueron  seguidas  de 
erupciones, las  quo  naturalmente  molestaron  mucho 
á  sus  inventores.  El  biógrafo  del  Dr.  Jenuer,  atri¬ 
buye  estos  desastres  á  la  linfa  impura,  y  dice  «  ya 
es  imposible  negar  el  hecho  que  esta  materia  impu¬ 
ra  fué  diseminada  por  muchas  partes  do  Inglaterra 
y  del  continente.  » 

«Refiriéndose  á  algunos  de  osos  casos,  el  doctor 
Jenner  observa:  «cuando  encontré  al  doctor  Wood- 
wille  dispuesto  á  publicar  su  folleto  sobre  casos  de 
erupción  observados  en  el  hospital,  me  dirijí  á  él 
en  los  términos  mas  enérgicos,  verbalmente  y  por 
escrito,  para  que  nada  hiciera  que  pudiera  entor¬ 
pecer  los  progresos  de  la  vacuuacion.  »  (Vida  de 
Jenner  pág.  374). 

«El  mismo  Dr. Woodwilie  dice  en  carta  fachada  en 
1799,  «  no  podemos  jactarnos  do  que  nuestra  inno- 
culacion  no  haya  sido  acompañada  de  erupciones.  » 
Y  en  Febrero  15  de  aquel  año,  el  Dr.  Pearson  habia 
escrito  ya  privadamente  á  su  amigo  y  asociado  el 
Dr.  Jenner,  del  siguiente  modo:  «  al  decir  al  doctor 
Woodwilie  que  usted  me  habia  tenido  muy  ansioso 
con  motivo  de  recomendar  el  uso  del  cáustico,  él 
replicó  «eso  habia  condenado  toda  la  operación.»  El 
Dr.  Pearson  añade:  «puede  estarseguro  quo  si  la  prác¬ 
tica  del  cowpox  no  puede  serintroducida  siu  el  cáus¬ 
tico, nunca  tendrá  éxito  ante  el  público»,  liaron’s  lije 
o f  Jenner,  volumen  J,  pág  51o.  Sir  Iíenry  Holland, 
dá  su  testimonio  en  favor  de  la  autoridad  de  la 
obra,  de  la  cual  hemos  sacado  estos  importantes  y 
pocos  conocidos  incidentes.  Dice  él  en  su  Medical 
Notes  «la  mejor  fuente  de  información  sobre  estos 
tópicos  es  la  Vida  del  Dr.  Jenner,  por  el  Dr.  Barón, 
complemento  de  mucho  precio  para  la  « literatura 
médica  ». 

Concluyo  pidiendo  sea  libre  la  vacunación  y  no 
obligatoria  por  las  leyes.  Mil  medios  hay  para  evitar 
el  progreso  déla  viruela,  cuando  viene  epidémica. 
El  aire  libre,  el  aislamiento,  los  preservativos:  tam¬ 
bién  la  oscuridad,  los  medicamentos  y  ciertas  apli¬ 
caciones  esteriores  para  evitar  las  horrorosas  cica¬ 
trices  que  suelea  dejar  y  de  las  cuales  no  hemos 
visto  ninguno  en  nuestra  clientela.  Desaparecerá  el 
gran  miedo  y  el  horror  que  se  tiene  á  estar  desfigu¬ 
rados  por  ella  y  á  los  que  dudan  del  beneficio  re¬ 
portado  no  vacunando,  mostraremos  muchas  perso¬ 
nas  ó  niños  en  varias  fami  ias  del  esta  ciudad,  en 
los  que  se  veiá  individuos  no  vacunados,  robustos 
y  sanos,  y  á  los  vacunados  raquíticos  y  débiles. 

Quedaré  satisfecho  del  resultado  si  obtengo  la 
ilustración  de  los  autores  del  proyecto  do  la  vacu¬ 
nación  obligatoria,  ni  desmayaré  por  cierto  si  apo¬ 
sar  de  estos  apuntes  la  ley  so  viniese  á  establecer. 
En  1866  era  solo  en  esta  ciudad  para  combatir  la 
vacuna. 

Han  pasado  16  años  y  ya  brotan  los  anli  vacu- 
nistas  en  Inglaterra,  en  Bélgica,  en  Suiza  (3)  en 
Italia  y  en  todas  partes,  en  fiu,  donde  hay  médicos 
cautelosos:  algunos  años  mas  y  la  vacunación  saca¬ 
da  de  la  vaca  caerá  en  desuso  y  relegada  al  olvido, 
maldecida  por  aquellos  que  sufrieron  por  ella, 
y  por  los  mismos  que  antes  tanto  la  proclama¬ 
ban;  bendiciendo  todos  á  Dios  por  haber  permitido 
que  se  descubriese  el  error,  que  felizmente  ha  du¬ 
rado  menos  do  un  siglo. 

Montevideo,  Octubre  21  de  1882. 


(3J  Véase  diario  Xa  Razón  núm.  )  1 82  del  19  Octubre  1882. 


—  22 


IX— Contra  la  vacunación 

Señor  Redactor  de  El  Siglo.  (1) 

No  es  esta  la  primera  vez  que  remito  á  usted 
artículos  que  se  refieren  al  título  que  encabeza 
el  presente.  Desde  el  año  1865  hago  uso  de  las 
columnas  de  ese  tan  importante  diario  para 
publicar  algunas  observaciones  y  las  opiniones 
particulares  mias,  como  también  las  que  me 
producían  la  lectura  de  los  estudios  de  autores 
distinguidos  en  ambos  mundos  y  que  hablaban 
contra  la  vacunación. 

Me  decidí  de  nuevo,  ahora  que  se  va  á  esta¬ 
blecer  en  las  Cámaras  la  discusión  de  la  ley 
sobre  vacunación  obligatoria,  á  escribir  y  ya 
publiqué,  como  es  probable  lo  haya  visto  V., 
la  primera  parte  de  un  trabajo  contra  ella  en 
el  N.°  1185  del  diario  La  Razón  (22  del  corrien¬ 
te  mes)  y  la  segunda  parte  en  el  N.°  de  hoy. 

Establecí  en  ellos,  entre  otros  hechos  innega¬ 
bles,  el  aumento  asombroso  de  la  tisis  pul¬ 
monar  y  otras  tuberculosis  en  esta  ciudad,  sin 
relación  ni  á  la  mortalidad,  ni  á  la  población. 

Establecí  también  que  la  epidemia  de  viruela 
en  1881-82  ha  sido  mas  extensa,  mas  duradera 
y  más  mortífera  sobre  todo  en  los  vacunados, 
que  la  del  1871  y  esto  á  pesar  de  tanta  vacuna¬ 
ción  y  revacunación  que  se  promulgó  y  aconse¬ 
jó  por  todos  los  medios  posibles  y  hasta  se  hizo 
obligatoria  para  las  escuelas  de  la  Junta,  sin 
que  se  tuviese  derecho  legal  para  eso. 

De  ambos  de  estos  hechos  me  voy  á  ocupar 
en  este  artículo  limitándome  no  á  teorías  mas  ó 
menos  brillantes  ó  á  hechos  superficiales,  sino 
á  cifras  relativas  al  Departamento  de  la  Capi¬ 
tal  de  esta  República. 

Para  obtener  tales  cifras  he  tenido  que  recu¬ 
rrir  á  las  fuentes  principales  que  son  la  Comi¬ 
sión  de  Cementerios  y  la  Dirección  de  Estadís¬ 
tica.  Doy  gracias  por  eso  á  los  Sres.  D.  Cor- 
nelio  Cantera,  jefe  de  la  primera  y  al  señor  don 
Agustin  Piera  (hijo)  oficial  l.°  de  la  segunda, 
por  haber  puesto  á  mi  disposición  todos  los 
datos  que  he  pedido  y  me  eran  necesarios  para 
esta  publicación. 

Io — tisis: 

Desde  el  año  1877  el  mismo  Sr.  Vaillant,  al 
cual  no  se  le  podrá  tachar  de  partidario  homeó¬ 
pata  ó  negarle  autoridad  en  materia  de  núme¬ 
ros,  publicó  lo  siguiente:  «Solo  en  5  años  la 
proporción  de  tisis  en  Montevideo  haduplica- 
do«.  (Apuntes  de  la  Dirección  General ,  1877 . 
Cuaderno  núm.  7 — Montevideo). 

Posteriormente  el  Dr.  Rappaz  en  un  artículo 
relativo  á  la  mortalidad  del  año  1876y  publica¬ 
do  en  un  folleto  (Memoria  de  las  reparticiones 
municipales.  Montevideo  1879,  páj.  15)  dijo: 

(1 )  Este  artículo  fué  publicado  en  el  N.»  5296,  fecha  28  do  Oc- 
tubre  de  1882  del  diario  El  Siglo. 


«  La  proporción  de  17,72  sobre  la  totalidad 
«  de  los  muertos  diagnosticados  parece  hala- 
«  güeña  á  primera  vista;  pero  si  examinamos 
«  por  edad,  tendremos  otra  impresión:  por 
«  ejemplo  de  20  á  30  años  la  proporción  de  tísi- 
«  eos  es  de  cerca  un  30  p.  %.  Casi  la  tercera 
«  parte  en  esa  edad  mueren  tísicos. 

«  ¿De  dónde  proviene  eso?  ¿qué  causas  hay?  » 

Esas  causas  que  ignora  el  Dr.  Rappaz  son  la 
vacunación  y  revacunación,  sea  directamente 
de  la  vaca,  sea  de  brazo  á  brazo  y  las  razones 
las  he  dado,  refiriendo  las  opiniones  de  varios 
autores  sobre  el  tubérculo  que  «  en  la  mayoría 
de  los  casos  es  segundario  por  la  degeneración 
caseosa  de  simples  productos  infamatorios  ó 
de  glándulas  escrofulosas, »  lo  que  « puede 
también  sobrevenir  de  la  vacunación  ó  resultar 
de  sus  consecuencias.  »  (  2 ) 

El  Dr.  Verdé  Delisle  en  un  librito  publicado 
por  él  (3)  en  la  página  115  (después  de  referir 
una  multitud  de  hechos)  concluye  diciendo- 
«  Esta  prueba  la  liemos  conquistado  después  de 
20  años  de  experiencia.  La  naturaleza  muestra 
á  los  vacunistas  la  tuberculización  por  la  va¬ 
cuna  y  enseña  la  destuberculizacion  por  la  vi¬ 
ruela.» 

Voy  ahora  á  publicar  por  primera  vez  una 
estadística  de  la  mortalidad  de  la  tisis  en  esta 
ciudad  y  su  departamento,  en  el  periodo  de  11 
años.  Nadie  la  publicó  hasta  ahora,  porque  na¬ 
die  se  tomó  el  trabajo  de  hacerla.  Nos  cabe 
la  satisfacción  de  decir,  que  como  la  primera 
estadística  de  mortalidad  se  debe  al  inierés  que 
nos  tomamos  siempre  por  la  salud  pública,  á 
nosotros  también  se  deberá  este  y  el  otro  que 
se  refiere  á  la  viruela. 


AÑOS 

MORTALIDAD 

GENERAL 

ESPECIAL  DE 

TISIS 

1871 

4,380 

251  (4) 

1872 

3,642 

286 

1873 

3,669 

280 

1874 

3,299 

288 

1875 

3,293 

293  (5) 

1876 

3,063 

248  (5) 

1877 

3,477 

369  (5) 

1878 

2,937 

284  (5) 

1879 

3,275 

470 

1880 

3,123 

645 

1881 

3,693 

713 

Varias  son  las 

deducciones 

que  se  pueden 

sacar  de  esta  tabla: 

una  es  muy  fácil  y  tangí- 

ble :  la  tisis  aumenta  extraordinariamente, 

y  ese  aumento  no 

está  en  relación  con  la 

mortalidad  general.  Mucho  menos  está  en  re¬ 
lación  con  la  población,  como  lo  dijimos  en  la 


(2)  Hughes,  Manual  pág.  157— Barcelona  1878. 

(3)  De  la  degenerescence  physique  et  inórale  causee  par  le 
vaccin— París  1855. 

(4)  Véase  cuaderno  núm.  10,  datos  estadísticos  por  Vaillant, 
1880. 

(5)  Véase  Memoria  de  las  reparticiones  municipales  1879  pᬠ
gina  24. 


23  — 


segunda  parte  de  nuestro  articulo  « Contra  la 
vacunación,»  publicado  en  La  Razón  (l).Aquí 
lo  repetimos: 

«  En  el  año  1881,  siendo  la  población  de  esta 
ciudad  mayor  de  127,000  habitantes,  las  defun¬ 
ciones  de  tisis  fueron  251. 

En  1881  siendo  la  población  de  111,500  ha¬ 
bitantes,  las  defunciones  de  tisis  debían  ser 
aproximativamente  233  y  sin  embargo  alcanza¬ 
ron  á  la  enorme  cifra  de 713,  lo  que  claramen¬ 
te  indica  el  aumento  de  la  mortalidad  produci¬ 
da  por  la  tisis,  sin  relación  á  la  población, 
viéndose  en  esta  enfermedad  un  aumento  pro¬ 
gresivo  nada  halagüeño,  ó  digámoslo  clara¬ 
mente,  espantoso  en  sus  efectos». 

Para  mayor  claridad  del  hecho  estableceré 
la  siguiente  tabla: 


TABLA 

Años 

PROPORCIONAL 

Población 

DE 

POBLACION  Y  TÍSIS 

Defunciones 
por  tisis 

1871 

127,704 

(2) 

251 

1872 

? 

286 

1873 

9 

280 

1874 

90,000 

(3) 

288 

1875 

? 

293 

1876 

2 

248 

1877 

? 

369 

1878 

2 

284 

1879 

111,500 

324 

]880 

? 

645 

1881 

k 

713 

Todos  conocemos  y  sabemos  ciertamente  que 
la  población  de  esta  ciudad  y  su  pequeño  de¬ 
partamento,  así  como  la  de  toda  la  República 
ha  disminuido  notablemente  desde  el  año  de 
1874  á  la  fecha.  La  estadística  no  lo  niega, 
sin  embargo  la  tisis  aumenta  horriblemente  y 
ella  sigue  progresando  y  casi  triplicándose  ca¬ 
da  10  años  en  razón  inversa  de  su  población. 
Si  ademas  tenemos  presente  el  abuso  que  se 
hace  del  alimento  mas  general  y  común,  la 
carne  que  comemos  muchísimas  veces  de  ani¬ 
males  enfermos  y  epizoóticos  tendremos  otra 
horrorosa  deducción. 

En  el  año  1871  murieron  de  tisis  un  9,  10  p.% 
sobre  el  total  de  defunciones  habidas  en  todo  el 
año. 

En  1881  murieron  un  27.34  p.%  idem  idem. 

Es  decir  que  el  número  de  defunciones  de  ti¬ 
sis  habidas  en  1881  con  relación  al  número  de 
defunciones  de  1871  ha  sido  casi  tres  veces  ma¬ 
yor  (2.98)  que  en  1871. 

Ahora  bien,  si  suponemos  que  el  número  de 
defunciones  de  tisis  en  los  próximos  10  años 
aumente  en  la  misma  proporción  que  en  los 
últimos  10,  tendremos  que  en  el  año  1891 

(1)  Véase  núm.  1,1G9  fecha  27  do  Octubre  de  1882. 

(2)  Véase  Estadística  por  Vaillant,  en  El  Siglo  del  14  de  No¬ 
viembre  de  1874  y  el  libro  para  la  Exposición  de  Vicna. 

(3)  Véase  El  Siglo  del  9  de  Julio  de  1874.— Cuadro  demostra¬ 
tivo. 


el  número  de  defunciones  de  tisis  será  de 
81.47  p.%  del  total  general  de  la  mortalidad  y 
que  antes  del  1894  el  número  de  defunciones  de 
tisis  será  igual  al  de  la  mortalidad  general,  fu¬ 
turo  halagüeño  y  muy  agradable  para  los  ha¬ 
bitantes  de  esta  ciudad  y  para  los  preconiza- 
dores, defensores, protectores  y  encomiadores  del 
« virus  sagrado »  como  ellos  llaman  la  vacuna. 

Alguno  me  observará  que  esa  enorme  des¬ 
proporción  depende  de  los  números  de  los  cer¬ 
tificados  de  defunciones,  obligatorios  aquellos 
desde  el  primero  de  Julio  de  1879  (ley  del  Re¬ 
gistro  cívico). 

Tal  observación  es  inútil  como  vamos  á  cons¬ 
tatarlo  por  la  tabla  siguiente: 


Defunc.  Defunc.  Mortalidad  Defunc. 


Año 

certificadas 

p.  tisis 

general 

de  tisis  prob.  Proporción 

1871 

2738 

251 

4380  - 

401 

9,16 

% 

1872 

1972 

286 

3642  = 

528 

14,50 

% 

1873 

2596 

280 

3669  — 

396 

10,79 

% 

1874 

1771 

288 

3229  = 

525 

16,26 

% 

1875 

2728 

293 

3293  = 

354 

10,75 

% 

1876 

1686 

248 

3063  = 

451 

14,72 

% 

1877 

2967 

369 

3477  = 

432 

12,42 

% 

1878 

2487 

284 

2937  = 

335 

11.41 

% 

1879 

2333 

470 

3275  = 

660 

20,15 

% 

1880 

2359 

645 

3123  = 

854 

27,34 

% 

1881 

2826 

713 

3692  = 

931 

25,22 

% 

2.° — viruela: 


Hemos  dicho  y  establecido  que  la  epidemia 
de  viruela  en  1881  y  1882  fué  mas  extensa, 
y  mas  duradera  que  la  precedente  de  1871. 

Fué  mas  extensa  porqué  se  propagó  é  hizo 
víctimas  en  todos  los  ámbitos  déla  República. 
Mas  duradera  porque  permaneció  por  19  me¬ 
ses  mientras  la  de  1871  duró  aproximativa¬ 
mente  13  meses  y  mas  mortífera,  sobre  todo  en 
los  vacunados  (4)  «á  pesar  de  la  vacunación  y 
revacunación  aconsejada,  mandada  y  ordenada 
por  todos  los  facultativos,  por  las  parteras  y  los 
maestros  de  las  escuelas  de  esta  ciudad». 

Veamos  ahora  los  números  que  se  refieren  á 
la  epidemia  de  1881  y  82: 

Muertos  de  vi-  Id.  id.  id. 

Meses  ruela  1881  1882 


Enero  .  .  . 

2 

68 

Febrero. 

3 

69 

Marzo  . 

9 

70 

Abril 

2 

72 

Mayo  . 

9 

81 

Junio  . 

13 

47 

Julio.  . 

26 

26 

Agosto  . 

43 

6 

Setiembre  . 

31 

6 

Octubre.  . 

40 

— 

Noviembre, 

53 

— 

Diciembre  .  . 

61 

— 

Como  se  vé  claramente  por  esta  tabla  la  vi- 

(4)  Podríamos  citar  un  sinnúmero  de  hechos  pero  no  lo  hace¬ 
mos  por  brevedad. 


_  2-i 


ruela  recorrió  las  fases  de  una  verdadera  epide¬ 
mia,  como  una  curva  cuya  mayor  altura  fue  en 
Mayo  de  1882,  siendo  los  extremos  Enero  1881 
y  Setiembre  1882.  En  el  párrafo  9o  del  artículo 
publicado  en  el  diario  ¿a  Razón  de  hoy,  esta¬ 
blecí  también  lo  siguiente: 

«Resumiendo  todo  lo  dicho  hasta  aquí  y  con 
las  razones,  las  opiniones,  los  hechos  y  las  es¬ 
tadísticas,  puedo  establecer  sin  temor  de  ser 
contradicho  la  siguiente  conclusión: 

En  los  países  donde  la  vacunación  es  obliga- 
toi  ia  las  epidemias  de  viruela  parecen  dismi¬ 
nuir:  pero  si  antes  de  la  vacunación  la  viruela 
era  solamente  epidémica  y  se  presentaba  cada 
40  ó  mas  años,  desapareciendo  después  total¬ 
mente,  después  de  la  vacunación  es  casi  perma¬ 
nente  y  endémica.  Además  la  vacunación  hizo 
aumentar  extraordinariamente,  como  ya  lo  he¬ 
mos  probado,  la  mortalidad  por  otras  enferme¬ 
dades,  en  una  proporción  que  no  es  relativa  al 
número  de  los  años  precedentes  ni  al  aumento 
de  la  población,  y  eso  á  pesar  délas  mejoras 
que  se  han  introducido  en  las  naciones  por  la 
higiene  etc.  » 

Publico  ahora  como  prueba  de  lo  ante  dicho 
la  siguiente  tabla  que  demuestra  cómo  la  virue¬ 
la  es  permanente  en  esta  ciudad,  desde  el  año 
1865: 


Año 

Muertos  de 
viruela  [1] 

Año 

Muertos 

viruela 

1865 

297 

1874 

16 

1866 

146 

1875  (2) 

21 

1867 

78 

1876  » 

182 

1868 

99 

1877  » 

444 

1869 

41 

1878  »> 

34 

1870 

45 

1879 

5 

1871 

1087 

1880 

4 

1872 

255 

1881 

296 

1873 

134 

1882  (3) 

445 

«Actualmente,  dijo Vaillant,  la  estadística  no 
se  limita  á  presentar  guarismos  exactos  sobre 
una  cuestión  dada,  sino  que  se  impone  otra  ta¬ 
rea  mas  aun,  cual  es  la  de  dar  á  conocer  la  re¬ 
lación  de  las  causas  que  existen  en  todos  los  fe¬ 
nómenos  mas  notables  de  la  vida  pública  y  so¬ 
cial.»  (4) 

No  han  faltado  vacunistas  que  han  atribuido 
á  la  vacunación  hasta  el  poder  de  prolongar  la 
vida  humana!  A  esto  podemos  contestar  que 
siendo  la  media  de  la  mortalidad,  en  las  princi¬ 
pales  ciudades  del  mundo,  la  de  un  habitante 
sobre  40,  deberíamos  tener  aquí  aproximativa¬ 
mente  la  misma  proporción,  mientras  que  se  vé 
por  la  mortalidad  de  los  últimos  años  ser  de 
i  por  cada  35  habitantes,  tomando  por  base  la 

(1)  Yéase  el  articulo  publicado  en  El  Siqlo  del  2de  Agosto  de 
1871. 

(2)  Véase  la  Memoria  de  las  reparticiones  Municipales  Mon¬ 
tevideo  1879— Pág.  19  y  31. 

(3)  Hasta  todo  el  mes  de  Setiembre. 

'4)  Véase  el  articulo  de  estadística  publicado  en  el  número 
2978  del  diario  El  Si:j  lo. 


1  media  mortalidad  en  los  últimos  5  años  y  esto 
!  á  pesar  de  las  vacunaciones  practicada  úl¬ 
timamente. 

Si  la  misma  proporción  continúa,  entre  po¬ 
cos  años  tendremos  1  sobre  32,  ó  menos. 

Por  todo  lo  espuesto  concluyo  pidiendo  sea 
libre  la  vacunación,  y  no  obligatoria  por  medio- 
de  una  Ley  sancionada  por  la  Asamblea  ú  otra 
autoridad. 

lie  demostrado  acabadamente  en  el  terreno 
de  la  Estadística  medica  que  la  vacunación  ha 
producido  y  produce  males  inmensos  á  la  salud- 
pública,  pues  es  indudable  que  la  vacuna  no  so¬ 
lamente  ha  engendrado  enfermedades  en  per¬ 
sonas  sanas,  sino  que  ha  hecho  muchas  incu¬ 
rables,  aumentando  las  defunciones  de  tisis  y 
produciendo  la  viruela  endémica  ó  permanente» 

Pero  sobretodo,  basta  el  hecho  de  haber  anar¬ 
quía  y  divergencia  de  opiniones  en  el  terreno 
de  la  ciencia  médica  sobre  la  bondad  ó  no  bon¬ 
dad  de  la  vacuna,  para  que  no  se  haga  obliga¬ 
toria,  por  medio  de  una  Ley,  la  vacunación  y 
revacunación  de  los  individuos.  Esto  solo  bas¬ 
taría  para  dar  poco  ó  ningún  prestigio  á  la  Ley 
en  cuestión. 

Pero  no  es  esto  lo  único.  llago  por  el  mo¬ 
mento  caso  omiso  de  todo  lo  demostrado  y  de 
todo  lo  dicho,  para  hacer  la  siguiente  pregunta, 
que  quisiera  me  la  contestasen  los  partidarios 
de  la  vacunación  obligatoria:  ¿Tiene  el  Estado 
ó  el  Gobierno  la  facultad  de  imponer  á  los  indi¬ 
viduos,  so  pretesto  del  bien  social,  un  sistema 
dado  de  curación? 

Dados  los  principios  del  derecho  político  mo¬ 
derno,  por  los  cuales  se  proclama  como  única 
misión  del  Estado  garantir  la  libertad  indivi¬ 
dual  ¿pueden  los  gobiernos  obligar  á  los  indi¬ 
viduos  á  que  se  vacunen  contra  sus  propias 
convicciones  en  el  caso  que  tengan  dudas  sobre 
la  bondad  ó  no  bondad  de  ese  medio  preservativo? 

Indudablemente,  no. 

Arriba  de  todas  las  argucias  de  la  escuela  de 
los  Gobiernos  paternales,  están  los  principios 
de  justicia  invariables,  que  en  el  caso  que  tra¬ 
tamos,  no  prescribe  que  los  individuos  se  vacu¬ 
nen  quieran  ó  no  quieran,  como  tampoco  pue¬ 
de  obligarlos  á  que  se  curen  por  un  sistema 
dado.  Con  la  teoría  contraria  tendríamos  que 
el  mejor  dia  se  le  antojaría  á  los  Gobiernos  ó 
Legisladores  hacer  una  Ley,  en  nombre  de  la 
salud  pública, prohibiendo  á  los  ciudadanos  y  á 
los  extranjeros  también,  Io  no  tomar  alimentos 
indisgestos;  2o  no  curarse  por  la  alopatía  sino 
por  la  hidropatía  ó  vice  versa,  etc.  etc. 

En  fin,  por  fortuna  ya  se  acabaron  los  tiem¬ 
pos  en  que  florecían  estas  teorías  de  interven¬ 
ción  del  Estado.  Hoy,  dados  los  principios  del 
derecho  político,  no  se  pone  ya  en  duda  el  de¬ 
recho  que  tiene  cada  individuo  de  curarse  co¬ 
mo  quiera  ó  con  el  sistema  que  quiera,  ó  no  cu- 


rarse,  si  también  tiene  la  peregrina  idea  de  mo¬ 
rirse.  como  no  se  pone  en  duda  tampoco,  tra¬ 
tándose  de  religión,  que  cada  uno  tiene  el  de¬ 
recho  de  profesar  cualquiera  de  las  infinitas  que 
existen  en  el  mundo. 

Hay  muchos  módicos  y  estadistas  que  con¬ 
sideran  á  la  vacuna  como  un  mal  de  funestas 
consecuencias  para  el  individuo.  Yo  soy  de 
esa  opinión.  Para  concluir  ¿puede  nadie  obli¬ 
garme  á  que  me  vacune  y  vacune  á  mis  hijos? 
¿Puede  hacerse  una  Ley  en  ese  sentido? 

No.  Eso  seria  todo  menos  una  Ley,  seria 
una  monstruosidad,  que  no  porque  se  haya 
cometido  en  otras  partes,  deja  de  ser  tal  mons¬ 
truosidad. 

Montevideo  27  de  Octubre  de  1882. 

Dr.  Wónner. 

X — Las  palabras  necesarias  contra  la 
vacunación 

Señor  Gerente  de  El  Siglo. 

Agradézcole  de  antemano  la  publicación  de 
este  articulo,  como  le  doy  las  gracias  por  haber 
dado  lugar  en  las  columnas  de  este  tan  impor¬ 
tante  diario,  á  mi  primer  artículo  sobre  vacu¬ 
nación. 

Neutral  ha  sido  siempre  este  periódico  en  las 
varias  discusiones  científicas  entabladas  en 
varias  épocas:  yo  espero  que  lo  será  también 
ahora  y  nada  opondrá  á  la  publicación  de  este 
trabajo  hecho  por 

S.  S.  S. 

Dr.  Wónner. 

C/Vd.,  2  de  Noviembre  de  1882. 

Sr.  Dr.  Leopold. 

Haleido  Vd.  mi  trabajo  de  estadística  en  con¬ 
tra  de  la  vacunación,  pero  paréceme  que  no  ha 
leido  los  otros  que  publiqué  en  los  números  del 
22  y  27  del  mes  pasado  en  el  diario  La  Razón, 
En  ellos  jamas  he  citado  á  Vd.:  me  cita  Vd. 
ahora  en  el  suyo,  publicado  en  el  número  5299 
de  este  mismo  diario;  debo  pues  contestarle  en 
el  número  5300,  para  ser  ordenado. 

Ante  todo  doy  las  mas  espresivas  gracias  á 
Vd.  por  su  artículo,  pues  precisa  y  ansiosa¬ 
mente  lo  esperaba  á  Vd.  ó  á  otro  en  el  terreno 
científico. 

Me  trata  Vd.  de  inexacto  en  todo  (1)  hasta 
en  las  cifras  referentes  á  la  mortalidad  de  esta 

(1)  La  viruela  no  es  endémica  y  permanente!  Lea  las  noticias 
recibidas  el  31  del  pasado  por  la'  mala  del  Equateur:  «i.a  virueca 

ESTA  CAUSANDO  GRAN  NÚMERO  DE  VÍCTIMAS  EN  CÓNDRES.i  el  Centl'O  Ur¬ 
bano  mas  clásico  de  la  vacuna  obligatoria  en  todo  el  mundo.» 

Véase  Ferro-Carril  noticias  por  la  mala.  N.®  3982  (31  de  Octu¬ 
bre,)  pág.  1.®  columna  3.»  y  linea  83. 


ciudad?  Sest  írop  fort.  Debía  haberlas  rectifi¬ 
cado  antes  de  negarlas. 

Pero  hay  algo  mas,  y  aquí  repito  á  Vd.  cuan¬ 
to  publiqué  en  el  número  1189  de  La  Razón 
(Octubre 27  de  1882):  disculpe  la  trascripción. 

«Los  hechos,  dijo  Castelar,  son  silogismos 
vivientes  que  llevan  al  alma  convicciones  mas 
profundas  é  incontrastables  que  las  de  otros 
raciocinios.  Pues  bien  á  pesar  de  esta  opinión 
del  gran  escritor  español,  si  ellos  faltasen  y  me 
faltase  también  el  apoyo  de  los  números,  me 
bastaría  otro  raciocinio  moral  mas  grande  que 
todos  los  números  y  citas  posibles.» 

¿Sabe  Vd.  Dr.  Leopold  cuál  es  este  racioci¬ 
nio?  Es  el  siguiente: 

« Nace  el  hombre,  ser  superior  al  bruto, 
puro  y  sano  aunque  algunas  veces  algo  en¬ 
fermo  y  débil;  pues  bien  para,  precaverlo  y 

DEJARLO  INMUNE  DE  UNA  ENFERMEDAD  FUTU¬ 
RA  É  INCIERTA,  SE  LE  INOCULA  EL  VIRUS,  PUS, 
ES  DECIR  EL  PRODUCTO  DE  LA  ENFERMEDAD  DE  UN 

bruto  enfermo!  Este  es  un  absurdo  tal  pa¬ 
ra  mi  que  no  se  de  que  manera  patentizarlo 
mejor  y  ridiculizarlo,  si  no  me  viniese  á  la  .me¬ 
moria,  que  el  hombre  con  su  soberbia,  ha  te¬ 
nido  el  atrevimiento  de  enmendar  ¡as  obras  de 
Dios!» 

Este  razonamiento  mió  está  apoyado  por  la 
ciencia,  como  Vd.  verá. 

Abordemos  pues  lacuestion  científica,  y  des¬ 
de  ahora  declaro  que  será  este  mi  último  artí¬ 
culo  contra  la  vacunación,  pues  ya  he  cansado 
al  público  con  este  tópico.  Ahora  pertenece  á 
los  Representantes  y  á  la  Asamblea  de  esta 
Nación  decidir  aprobando  ó  desechando  la  ab¬ 
surda  ley  de  la  vacunación  obligatoria. 

Saluda  á  Vd.  atentamente. 

Su  colega. 

Dr.  H  ónner . 

Fecha  ut  supra. 

CONTRA  LA  VACUNACION 
faz  científica 

En  los  tres  artículos  publicados  en  dos  dia¬ 
rios  de  esta  capital  (2),  abordó  la  cuestión  va¬ 
cunación  bajo  el  punto  de  vista  de  los  peligros 
y  enfermedades  engendradas  por  la  vacuna¬ 
ción,  y  de  las  razones,  hechos  y  estadísticas 
contra  de  ella.  Pero  en  este  que  llamaré  artí¬ 
culo  4.°  me  voy  á  limitar  únicamente  á  la  faz 
científica. 

Con  razones  claras  é  innegables  probaré  que, 
siendo  el  método  homeopático  el  único  científi¬ 
co  y  lógico,  mientras  que  el  método  llamado 
alopático  es  pura  rutina  y  empirismo,  capricho 

(2)  Números  de  La  Razón  del  22  y  27  de  Octubre  del  82,  y 
del  Siglo  28  del  mismo  mes. 


26  — 


ó  moda  (1),  ningún  homeópata  puede  científica 
y  lógicamente  admitir  la  vacunación  para  pre¬ 
servar  al  hombre  de  la  viruela. 

Dividiré  este  trabajo  en  tres  partes: 

1. a  Pasteur  y  sus  experiencias: 

2. a  Teoría  de  los  Bacterios. 

3. a  Preventivos  y  preservativos  ,  como  con¬ 

clusión. 

I 

Pastear  y  sus  experiencias — En  un  artículo 
publicado  en  la  Revue  Cientifique  del  Dr.  Paul 
Bert,  «discípulo  de  Claudio  Bernard,  profesor 
del  Colegio  de  Francia,  ex-Ministro  de  Instruc¬ 
ción  Pública»  (2)  y  con  todos  los  mas  grandes 
títulos  que  se  le  puedan  conceder,  los  que  no 
servirían  por  cierto  á  dilucidar,  mas  ó  menos, 
la  cuestión  porque  seria  la  opinión  única  de  un 
número  uno  y  nadie  es  infalible,  se  dice  lo  si¬ 
guiente:  «  Los  bellos  descubrimientos  del  Sr. 
Pasteur  dan  la  esplicacion  científica  de  la  ac¬ 
ción  preservadora  de  la  vacuna.  Se  sabe  que  el 
eminente  experimentador  ha  producido  artifi¬ 
cialmente  la  vacuna  del  carbunclo  y  del  cólera , 
de  las  gallinas.  »  Esplicaremos  mejor  este 
último  período  que  es  algo  confuso. 

El  Sr.  Pasteur  ha  ingertado  el  pus  diluido  de 
un  carbunclo  maligno  á  un  carnero  para  pre¬ 
caverlo  de  esa  enfermedad  y  de  la  fiebre  espié- 
nica  ó  del  bazo,  á  veces  epizoótica  en  Francia: 
los  resultados  fueron  los  siguientes:  habiendo 
á  los  pocos  dias  observado  que  en  este  carnero, 
al  que  inoculó  un  microbo  antracoide  (infuso¬ 
rio)  de  los  mas  virulentos,  no  se  desarrollaba 
el  carbunclo,  concluyó  como  Jenner  que,  la 
inoculación  del  antracoide  diluido  preservaba 
los  carneros  de  la  enfermedad  susodicha.  En 
vista  de  este  descubrimiento  dió  á  su  procedi¬ 
miento  el  nombre  de  vacunación  como  home- 
nage  á  Jenner. 

Referiré  otra  esperiencia  del  mismo  autor 
para  mejor  establecer  el  hecho.  «Cincuenta 
carneros  fueron  puestos  á  mi  disposición  de  los 
cuales  veinticinco  fueron  inoculados  y  los  otros 
veinticinco  no  lo  fueron.  Quince  dias  mas  tarde 
el  mas  virulento  microbo  antracoide  fue  inger¬ 
tado  á  los  cincuenta  carneros.» 

«  Los  veinte  y  cinco  ingertados  precedente¬ 
mente  resistieron  á  la  infección,  y  los  otros 
veinte  y  cinco  murieron  de  la  fiebre  esplénica 
en  el  espacio  de  cincuenta  horas.» 

«  Veamos  ahora,  dice  el  Dr.  Garth  Wilkin- 
son  (3)  el  valor  de  esta  esperiencia,  la  que  se 

(1)  La  rutina  y  el  empirismo  se  patentizan  cía  amente  en  el  tra 

tannento  alopático  de  la  viruela.  El  Dr.  B....  asiste  á  sus  enfermos 
con  el  agua  tria.  Los  dóctores  C —  y  R. . . .  con  los  baños  calien¬ 
tes.  Otro  los  coloca  en  un  cuarto  con  las  ventanas  y  puertas 
abiertas;  este  otro  con  mucho  abrigo  y  puertas  cerradas.  Pur¬ 
gantes,  sulfato  de  quina,  para  la  fiebre  y  otros  remedios  enérgicos 
son  empleados  según  la  simpatía  de  tal  ó  cual  facultativo:  y  el 
resultado  ordinario  es  ¿ . ? 

(2)  Véase  el  numero  5271  de  F.l  Siglo— Sección  Científica  (22 
Octubre  1882). 

(3)  Biblotheqne  Homeopathique— Abril  1882— París. 


reduce  á  lo  siguiente:  Que  los  carneros  inocu¬ 
lados  con  el  antracoide  diluido  y  después  con 
el  antracoide  el  mas  dañino  y  virulento  no 
mueren  por  esta  última  operación.  Ellos  están 
protegidos  contra  de  ello.  Al  contrario,  los  car¬ 
neros  que  no  han  sido  ingertados  con  el  antra¬ 
coide  diluido  y  solamente  con  el  antracoide  vi¬ 
rulento,  mueren  sin  excepción.» 

«  Pero  esta  esperiencia  no  demuestra  que  los 
carneros,  después  de  algunas  semanas,  meses 
ó  años,  espuestos  á  la  influencia  natural  del 
antracoide  ó  de  la  fiebre  esplénica,  queden  pro¬ 
tegidos  contra  ella  y  por  consiguiente  no  es  de 
una  demostración  irrecusable.» 

Dar  este  hecho  como  una  prueba  favorable  á 
la  vacunación  es  una  ofuscación  de  los  vacunis- 
tas:  pero  hay  otra  razón  importante.  En  esta 
experiencia  se  trata  del  idem  in  idem,  es  decir, 
la  enfermedad  de  un  bruto  enfermo  en  otro  bru¬ 
to,  del  cual  ignoramos  el  estado  de  salud.  No  es 
la  enfermedad  de  un  bruto  enfermo  trasmitida 
al  hombre  sano  y  ser  muy  superior  á  aquel  y 
dotado  de  razón  para  que  sepa  preservarse  de 
los  peligros,  nacido  sin  abrigo  para  que  lo  sepa 
buscar  y  sin  medios  de  defensa  para  que  se  los 
procure. 

Esos  razonamientos  derivados  del  bruto  al 
hombre ,  son  poco  favorables  á  los  que  los  es¬ 
tablecen.  En  verdad  que  aquel  nos  da  varias 
enseñanzas  en  la  vida  material,  en  el  cariño  á 
los  hijos  etc.,  pero  en  asuntos  científicos  ¿ellos 
qué  nos  podrán  enseñar? 

Non  bis  in  idem,  decían  los  romanos  y  este 
refrán  cae  perfectamente  al  caso  de  las  espe- 
riencias  de  Pasteur: 

La  naturaleza  enseña  que,  los  niños  en  parti¬ 
cular  (4)  suelen  tener  una  sola  ves  ciertas  en¬ 
fermedades,  quizás  necesarias  en  ellos,  para 
precaverlos  de  otras  mas  graves  en  la  edad 
mayor.  Tales  son  el  sarampión,  la  escarla¬ 
tina,  la  tos  convulsa  y  otras;  pero  el  vacunis- 
ta,  vacunando  y  revacunando,  duplicando  así  y 
triplicando  otras  veces  las  inoculaciones  de 
distintos  virus  por  medio  de  la  vacunación, 
corrige  la  ley  de  la  creación  y  es  por  eso  que 
las  consecuencias  son,  en  esos  pobres  niños, 
gravísimas  y  probadas  por  la  estadística. 

Repetiré,  entre  tanto,  lo  que  dice  el  citado 
Dr.  Garth  Wilkinson:  (5) 

(4)  Esta  opinión  que  someramente  hemos  apuntado  aquí,  re¬ 
lativa  á  ciertas  enfermedades  propias  do  la  infancia,  y  que  los 
niños  suelen  naturalmente  tener  una  sola  vez  en  la  vida,  para 
preservarlos  en  la  edad  mayor  de  otras  mas  "graves,  es  la  misma 
de  un  eminente  alópata  el  Dr.  Bouehardat,  Profesor  de  Higiene 
en  la  Facultid  de  Medicina  de  París.  En  efecto,  leyendo  su  Trai¬ 
te  d'Higiéne  edición  1881,  pág.  952,  hemos  hallado  lo  siguiente : 
«  Ceux  qui  ont  eu  la  varióle  sont  beaucoup  moins  exposés  que 

les  indemnes  ou  non  vaccinés .  11  en  est  de  me'me  pour  la 

rougeole,  scarlatine,  etc.  Ces  individus  sont  munis,  par  l’effet 
d'une  premie’re  atteinte.  d’une  cuirasse  pathologique  »  Esto  es 
exactamente  lo  opinión  del  Dr.  Marqués  de  Nuíloz  homeópata, 
quien  en  18GD  dijo  :  «  la  vacuna  es  un  paliativo  pero  no  ataci  la 
causa  eficiente  de  la  enfermedad  y  por  esta  razón  EL  VACUNA¬ 
DO  QUEDA  EXPUESTO  A  REPETIDAS  invasiones  de  viruela.» 
—Criterio  Medico,  18G9,  pág.  32">. 

(5)  Véase  Biblioth.  Homeop.  Abril  7  de  1882  París. 


—  27 


«  Desde  ahora  podemos  profetizar,  por  lo 
sucedido  á  Jenner,  que  las  enfermedades 
antracoideas  aumentarán  en  las  epizootias  fu¬ 
turas  y  los  antracoides  serán  parte  integrante 
y  constitucional  de  los  ganados  lanar,  vacu¬ 
no  y  caballar  de  la  Francia.  Esta  es  la  verda¬ 
dera  deducción  racional  é  histórica  de  las  es- 
periencias  del  Sr.  Pasteur.  » 

Cabe  aquí,  al  propósito,  referir  un  hecho  su¬ 
cedido  en  Turin  en  los  años  1853  ó  1854.  Ejer¬ 
ciendo  yo  la  profesión  médica  en  aquella  ciudad, 
se  propagó  la  noticia  de  un  importante  descu¬ 
brimiento,  decian,  hecho  por  el  Dr.  Sperino, 
quien  aseguraba  que  sifilisando  al  hombre  sa¬ 
nóle  le  preservaba  de  la  enfermedad  sifilítica. 
Era  siempre  la  misma  teoria  del  idemin  idetn. 

Disparate  mayor  no  podía  concebirse  y  sin 
embargo,  se  estableció  en  aquella  ciudad  un  si¬ 
filicomio  y  se  sifilisó  en  grande  escala.  Poco 
duró  en  descubrirse  esa  falsa  teoria  viéndose, 
á  los  cinco  ó  seis  años,  los  terribles  é  innume¬ 
rables  resultados  que  producía,  y  ahora  ella 
-está  relegada  al  olvido  sino  al  desprecio. 

No  dejaremos  este  párrafo  sin  hacer  la  si¬ 
guiente  consideración  :  ¿  Quién  podrá  dudar 
de  la  bondad  y  superioridad  de  la  carne  de  esos 
animales  así  ingertados?  Será  por  cierto  sa¬ 
brosísima  . y  los  que  la  coman? . 

El  tiempo  lo  dirá:  no  esperaremos  mucho. 

2.® — TEORÍA  DE  LOS  BACTERIOS. 

Esta  teoría  muy  moderna,  basada  en  la  ob¬ 
servación  y  deducida  con  el  apoyo  del  micros¬ 
copio  tiene  por  fundamento  que,  en  muchas  en¬ 
fermedades  como  la  tisis,  (1)  la  fiebre  tifoidea, 
el  carbunclo  maligno,  y  muchas  otras,  se  des¬ 
cubren  infusorios  ó  sean  pequeñísimos  insectos 
especiales  del  género  de  los  Nibronianos  fa¬ 
milia  de  los  Bacterides.  Es  probable  que  se 
descubran  también  en  la  escarlatina,  en  la  fie¬ 
bre  amarilla,  (2),  así  como  se  vé  el  Aearus  en 
las  pústulas  de  un  sarnoso. 

Bajo  esta  faz  es  todavía  mas  grave  el  resul¬ 
tado  de  la  vacunación, 

El  hombre  está  sano  y  no  tiene  Bacterios 
traídos  de  la  enfermedad  de  la  vaca;  se  le  in¬ 
troduce  por  la  vacunación  una  cantidad  de 
ellos  que . le  van  á  modificar  la  sangre  pro¬ 

pia  que  está  sana. 

¿Qué  sucedería  al  hombre  si  se  le  ingertara 
un  Aearus  diluido  de  la  sarna,  para  precaverlo 
de  ella?  Quedaría  alterada,  seguramente,  su 
sangre,  ó  mejor  dicho,  quedaría  mas  ó  menos 
sarnosa. 

A  este  propósito  traducimos  del  ya  citado 
'número  de  la  Biblioth.  Homeop .,  página  310, 
lo  siguiente: 

«  Mr.  George  B.  Jesse  dice  en  el  Morning 
Post  del  17  de  Octubre  de  1881  lo  que  sigue: — 

(1)  Tiene  el  infusorio  Bacillus. 

(2)  En  la  fiebre  intermitente  se  descubrió  el  Bacilus  malariae. 


Ya  podemos  esperar,  (repite  el  Times )  que  en 
breve,  diferentes  formas  de  inoculación  nos  li¬ 
braran  déla  peste,  de  los  furúnculos,  de  la  fie¬ 
bre  escarlatina,  del  sarampión,  de  la  difteri¬ 
tis,  del  cólera  y  de  otras  enfermedades  terri¬ 
bles.  Y  observad  bien  la  espresion,  podemos 
esperar  y  en  breve. 

«Figuraos  ahora  la  medicina  moderna  inocu¬ 
lando  al  hombre  los  Bacterios  y  Bacilus  de  to¬ 
das  las  enfermedades  contagiosas  que  existen 
en  el  mundo,  sin  excluirla  sífilis.  Representaos 
á  vuestros  hijos  ingertados  con  los  parásitos 
del  Sr.  Pasteur  y  convirtiéndose  en  otros  tan¬ 
tos  albañales  ó  depósitos  infecciosos  de  todas 
las  enfermedades!!...» 

«  Y  sin  embargo,  esta  locura,  este  sueño  de 
ingertos  está  puesto  á  la  orden  del  dia,  ahora 
que  la  fé  en  la  eficacia  de  la  vacunación,  contra 
la  viruela,  disminuye  cada  dia  mas  y,  en  mu¬ 
chas  poblaciones  los  individuos  prefieren  incu¬ 
rrir  en  la  -penalidad  legal,  mas  bien  que  expo¬ 
nerse  y  exponer  á  sus  hijos  al  peligro  de  infec¬ 
ciones  por  la  lanceta  del  doctor.  » 

Y  yaque  hablamos  de  ingertos  de  Bacterios 
es  aquí  el  momento  de  preguntar  á  los  aluci¬ 
nados  con  la  moderna  teoria,  sino  seria  conve¬ 
niente,  útil  y  hasta  provechoso,  especialmente 
á  los  golosos,  que  se  le  ingertara  al  hombre  al¬ 
gunas  Trie  hiñas (3) puras  ó  rebajadas  (diluidas) 

«au  gout  des  acheteurs» .  para  que  se 

puedan  comer  con  toda  seguridad  buenos  ja¬ 
mones  y  morcillas  sin  temor  de  tener  la  Trichi- 
nosisl 

3.° — CONCLUSION, 

Preventivos  y  preservativos: 

Todos  los  homeópatas  admitimos  los  preser¬ 
vativos  para  ciertas  enfermedades,  las  epidé¬ 
micas  sobre  todo  y  únicamente  usados  en  el 
tiempo  que  ellas  dominan. 

En  efecto  ellos  existen  hasta  en  el  estado  na¬ 
tural  del  hombre.  Yo  cubriéndome  con  la  ropa 
necesaria  me  preservo  delirio  y  me  preservo 
también  del  hambre  comiendo  los  necesarios 
alimentos:  me  preservo  del  sol  con  la  sombra 
de  los  árboles  que  la  Naturaleza  ha  puesto  en 
toda  la  superficie  de  la  Tierra,  etc. 

Y  aquí  se  vé  muy  patente  y  clara  como  la  luz 
del  dia,  la  ley  de  los  contrarios,  ley  ó  principio 
que  rige  al  hombre  y  su  vida  material  en  el  es¬ 
tado  de  salud.  Aplicar  ese  principio  al  hombre 
enfermo  (alopatía),  es  un  grandísimo  error,  así 
como  aplicar  el  principio  de  los  semejantes  al 
hombre  en  estado  de  salud.  Pero  no  sucede  lo 
mismo  con  los  preventivos. 

Preventivo  es  aquel  medicamento  ó  método 
por  el  cual  uno  se  prepara  ó  dispone  su  cuer- 

(3)  Animalito  microscópico  que  se  halla  en  los  cerdos  enfermos 
y  que  tomado  por  el  hombre  sano  se  propaga  con  una  asombrosa 
rapidez  produciendo  la  muerte  en  poco  tiempo. 


—  28  — 


po,  con  anticipación,  contra  una  enfermedad  fu¬ 
tura,  supuesta  é  incierta. 

Tales  son  los  purgantes  que  los  alópatas 
suelen  ordenar  á  sus  clientes  ántes  de  empezar 
los  baños  en  la  estación  de  verano,  purgantes 
que  nada  de  bien  suelen  producir,  pero  sí  un 
mal  seguro  cual  es  la  irritación  intestinal;  tal 
fué  la  sifilisacion,  sueño  de  Sperino,  y  tal  es, 
cierta  é  indudablemente  la  vacunación  para 
preservar  al  hombre  sano  de  la  viruela  futura 
é  incierta;  introduciendo  entre  tanto  segura¬ 
mente  en  el  hombre  sano  la  materia  virulenta 
y  los  Bacterios  de  la  vaca. 

Y  para  hacer  mas  tangible  la  esplicacion,  el 
preventivo  se  asemeja  exactamente  á  lo  que 
haría  un  viajero,  quien  debiendo  atravesar  el 
desierto  de  Africa  y  sabiendo  que  por  muc  ?os 
dias  no  encontrará  allá  agua,  y  que  por  esa  fal¬ 
ta  perecería  de  sed,  ántes  de  emprender  su  via¬ 
je,  se  tomase  un  balde  de  agua  podrida. 

Las  consecuencias  de  esta  supuesta  preven¬ 
ción,  saltan  á  los  ojos  del  mas  ignorante.  Tal 
es  la  vacunación  y  los  preventivos  todos,  nin¬ 
guno  esceptuado. 

Los  preservativos,  al  contrario,  son  aquellos 
que  tienen  la  facultad  de  preservar  al  hombre 
de  una  enfermedad  especial,  la  cual  conocemos 
ciertamente  como  los  homeópatas  conocemos, 
del  mismo  modo,  la  acción  del  preservativo  por 
las  esperiencias  en  personas  sanas;  verdadera 
base  científica  esta,  de  la  homeopatía  y  los  to¬ 
mamos  mientras  ya  estamos  espuestos  á  ella 
ó  sentimos  algunos  síntomas,  sea  de  escarla¬ 
tina,  cólera,  fiebre  amarilla,  viruela,  etc.  por¬ 
que  en  tiempo  de  epidemia,  todos  estamos  bajo 
la  influencia  de  ella,  esplicándose  esto  por  los 
Bacterios  que  absorbemos  por  el  aire  ó  bebe¬ 
mos  con  las  aguas. 

Los  preservativos  son  en  relación  á  la  epide¬ 
mia, á  su  especialidad  (l)y  al  individuo  que  los 
toma,  no  habiendo  por  consiguiente  preserva¬ 
tivos  absolutos;  por  el  contrario,  la  vacuna¬ 
ción  decantada  por  los  alópatas  seria  un  pre¬ 
servativo  absoluto  (2)  para  todas  las  epide- 

(1)  La  especialidad  de  los  preservativos  en  relación  á  las  epi¬ 
demias  fue  proclamada  ya  por  Hahnemann— En  efecto,  en  el  ar- 
tículo  Bellad.  pág.  492,  edic.  París  1834,  dice:  "la  propiedad  de  la 
Belladona  do  preservar  de  la  Escarlatina:«pero  el  Acónito  es  mejor 
cuando  la  escarlatina  está  reunida  á  la  miliar  pourprée .»  De 
este  modo  se  esplica  que  para  la  viruela  el  Dr.  Teste  preconice  el 
Zincum  como  preservativo:  (pág.  193)— Clematis  por  Nuñez  ( Cri¬ 
terio  Médico ,  1869,  pág.  223);  Thuya  por  Beninghausen:  Hidras- 
tis  por  Wilkmson.  Vease  Hughes,  pág.  70,  edición  Barcelona, 
1878),  Dulongia  acuminala  por  otros  médicos  y  hasta  Saracena 
por  algunos  alópatas. 

(2)  En  apoyo  de  esta  doctrina  notamos  lo  siguiente: 

En  el  diario  La  Razón  del  28  de  Octubre  de  1882  se  cita  la  opi¬ 
nión  del  profesor  Bouchardat.  Hemos  buscado  la  página  á  que  se 
refiere  el  autor  del  artículo  La  linfa  pura  y  hemos  encontrado 
que  es  exacta  la  cita.  En  efecto  Bouchardat,  Profesor  de  higiene 
en  la  facultad  de  medicina  de  París,  Miembro  de  la  academia  de 
medicina,  Presidente  honorario  de  ía  sociedad  de  medicina  públi¬ 
ca  y  de  higiene,  Miembro  del  consejo  de  higiene  pública  y  ae  sa¬ 
lubridad  del  Departamento  del  Sena,  etc.  etc.  etc.,  dice:  On 
sait  aujourd’hui  que  la  preservation  n’est  pas  absolue,  et  que 
elle  varié  suivant  les  hidiosyncrasies,  suivant  les  attenuations 
du  virus  et  suivant  d'autrés  conditions  difficiles  d  demoler .» 
'frailé  d’Higiene  1881 . 


mias  de  viruela  y  para  todos  los  individuos. 

Ahora,  pues,  siendo  innnogable  que  nada 
hay  de  absoluto  en  la  naturaleza,  y  sobre  todo 
en  las  enfermedades,  que  en  relación  á  los  indi¬ 
viduos  son  todas,  diremos,  algo  distintas  é  in¬ 
dividuales,  se  vé  claramente  que  la  vacuna¬ 
ción,  bajo  este  aspecto,  es  un  preventivo  absur¬ 
do  y  quimérico  y  no  preservativo  verdadero 
tal  como  está  establecido  por  el  sistema  curati¬ 
vo  Hahnemaniano. 

Fundado  en  los  cuatro  puntos  principales 
que  son:  l.°,  la  experiencia  de  los  medicamen¬ 
tos  ánticipadamente  en  el  hombre  sano,  para 
conocer  los  efectos  que  producen  en  él;  2.°, 
aplicación  de  ellos  en  el  hombre  enfermo,  por  el 
principio  de  los  semejantes,  que  es  el  que  rige  al 
hombre  enfermo;  3.°,  unidad  de  remedio  y  no 
mezclas  y  brevajes;  4.°,  pequenez  de  dosis,  el 
sistema  homeopático  es  el  mas  lógico  (3)  y  el 
único  científico  que  desde  Adan  ha  existido 
hasta  la  fecha. 

Todos  los  demás  pasados  y  presentes,  son  ó 
fueron  utopías,  sueños,  visiones  con  el  resulta¬ 
do  desgraciado  que  «mas  fueron  los  que  murie¬ 
ron  por  culpa  de  los  médicos  que  por  las  enfer¬ 
medades.» 

Hemos  visto,  según  las  teorías  mas  moder¬ 
nas,  que  los  Bacterios  y  Microbos  (animalitos 
del  tamaño  de  un  doce  milésimo  de  milímetro 
de  diámetro)  son  les  productores,  «las  causas 
eficientes  de  las  enfermedades  infecciosas  y  con¬ 
tagiosas  (4)  y  sin  embargo  el  médico  alópata 
las  quiere  destruir  con  dosis  enorme  de  medi¬ 
camentos  ¡Qué  lógica!  Tanto  vale  decir  ó  razo¬ 
nar  del  siguiente  modo:  En  mi  jardín  hay  mu¬ 
chas  hormigas;  las  voy  á  destruir  echándoles 
toda  la  Europa  encima!!  ¡Qué  locura,  qué  de¬ 
vaneo! 

En  conclusión  y  bajo  cualquier  aspecto  que 
se  considere  la  vacunación,  ella  es  un  absurdo, 
pura  alopatía  y  contraria  á  todo  raciocinio;  de¬ 
biendo  todos  los  homeópatas  rechazarla,  sien¬ 
do  ella,  como  dice  el  ya  citado  Dr.  Garth  Will- 
kinson,  «la  incoronacion  de  todas  las  violacio¬ 
nes  de  las  leyes  de  Dios  y  de  la  naturaleza.» 

Dr.  Wónner. 


(3)  En  el  terreno  de  la  lógica  y  en  el  de  la  caridad  á  sus  colé  - 
gas,  el  Dr.  Leopold  ha  sido  pocofeliz.  En  efecto,  leo  en  el  número 
5,188  del  diario  El  Siglo  un  artículo  de  este  facultativo  que  dice: 
«es  hecho  indisputable  de  que  la  mayor  parte  de  las  enfermeda¬ 
des  agudas  como  la  neumonia  crupal," erisipela,  viruela,  etc.,  etc., 
terminan  de  un  modo  cíclico  sin  intervención  terapeútica  de  nin¬ 
guna  especie.» 

Establézcolc  pues,  al  Dr.  Leopold  el  siguiente  dilema; 

O  casi  todos  los  módicos  alópatas  sabiendo  que  la  mayor  parte 
de  las  enfermedades  son  cíclicas,  dando  remedios  sin  necesidad, 
son  unos  farsantes,  ó  todos  esos  médicos  viendo  la  necesidad  de 
dar  remedios  reconocen  la  conveniencia  y  utilidad  de  ellos,  des¬ 
mienten  con  los  hechos  toda  la  aseveración  [falsa]  del  Dr.  Leopold. 

(4)  Véaso  El  Siglo  del  2  de  Diciembre  1878,  articulo  Bacte- 
riues. 


29 


ANEXOS 


Croup 

Adjuntamos  á  este  trabajo  una  estadística  que  hi¬ 
cimos  años  atrás  y  ahora  hemos  completado  por 
medio  de  los  libros  de  la  Junta  y  los  apuntes  de  la 
Mesa  de  Estadística. 


Suicidios 

En  varias  partes  hemos  dicho  que,  desde  que  se 
estableció  la  vacunación,  se  notó  un  aumento  de 
suicidios  y  que  este  aumento  es  progresivo,  solamen¬ 
te  en  los  países,  donde  ella  es  obligatoria.  Como  una 
prueba  reproducimos  aquí  una  estadística  que  he¬ 
mos  hallado  en  la  página  127  de  la  obra  ya  citada 
del  Dr.  Verde  Delisle. 


ESTADÍSTICA  COMPARATIVA 

De  los  fallecidos  de  la  viruela  y  del  croup,  y  otras 
difteritis  en  el  período  de  34  años,  en  el  departa¬ 
mento  de  Montevideo  según  los  libros  y  docu¬ 
mentos  municipales. 


AÑOS 

MUERTOS  DE 

| 

AÑOS 

MUERTOS  DE 

VIHUELA 

CHOUP 

vihuela 

CROUP 

1859 

9 

22 

1871 

1087 

103 

1860 

107 

9 

1872  1 

255 

86 

1861 

27 

22 

1873  | 

134 

63 

1862 

27 

33 

1874 

16 

66 

1863 

191 

58 

1875 

21 

26 

1864 

137 

39 

1876 

182 

24 

1865 

297 

74 

1877 

444 

61 

1866 

146 

85 

1878  ! 

34 

60 

1867 

78 

40 

1879 

5 

(1)  25 

1868 

99 

43 

1880 

4 

1869 

41 

70 

1881 

!  296 

— 

1870 

l  45 

61 

1882 

1  (2)  445 

— 

Lo  que  se  observa  en  esta  ciudad,  se  observa  del 
mismo  modo  en  Inglaterra.  —  Véase  la  tabla  si¬ 
guiente  (3). 


AÑOS 

VIHUELA 

CROUP 

1860 . 

2,749 

8,555 

1861 . 

1,320 

12,309 

1862 . 

1,628 

12,272 

1863 . 

5,964 

11,275 

1864 . 

7,684 

8,520 

1865 . 

6,411 

8,647 

Ambas  estadísticas  prueban  que  mientras  au¬ 
menta  la  mortalidad  de  viruela,  disminuye  la  del 
croup  y  vice-yersa.  (4) 


(1)  Desde  1 .°  de  Enero  á  30  de  Junio. 

(2)  Hasta  el  30  de  Setiembre.  Era  nuestra  intención  dar  comple¬ 
ta  esta  tabla  relativa,  pero  hemos  tropezado  en  un  error  ó  descui¬ 
do  lamentable,  existente  en  los  estados  de  mortalidad  establecido 
desde  t.°  de  Julio  do  1879  por  el  linado  Sr.  Vaillant. 

El  error  ó  deseuido  es  que  se  englobaron  el  croup  y  varias  otras 
distintas  enfermedades  con  otras,  haciéndose  una  confusión,  de 
cuyas  resultas  se  tendrá  que  renovar  toda  la  estadística  desde  l.° 
de  Julio  1879  hasta  la  fecha. 

(3)  Revista  Homeopática  Italiana,  1877,  pág.  43.  Ella  está  to¬ 
mada  del  Register  General  lieport. 

(4)  Esta  suba  y  baja  relativas  de  croup  y  viruela  suceden  idénti 
camente  en  Francia.  Así  leo  en  el  diario  Le  Siecie,  número  de 
fecha  o  de  Abril  1873,  que  «en  los  primeros  dias  de  ese  mes  hubo 
en  Paris  7  muertos  do  viruela  mientras  que  el  croup  y  la  angina 
gangrenosa  (diftérica)  hacían  estragos  en  forma  epidémica ». 

Pero  si  esta  cita  no  basta,  agregaremos  la  siguienie: 

En  los  estados  de  mortalidadad  de  la  ciudad  de  Paris,  publica¬ 
dos  deade  el  número  l.°  de  Enero  hasta  el  30  de  Setiembre  de  es¬ 
te  ano  1882,  en  el  periódico  francés  les  Mondes,  que,  como  cientí- 


AÑOS 

NÚM.  de  suicidas 

AÑOS 

KÚM.  DE  SUICIDAS 

1827 

1.542 

1839 

2.747 

1828 

1.754 

1840 

2.752 

1829 

1.904 

1841 

2.814 

1830 

1.754 

1842 

2.866 

1831 

2.084 

1843 

3.020 

1832 

2.156 

1844 

2.973 

1833 

1.973 

1845 

3.084 

1834 

2.078 

1846 

3.102 

1835 

2.305 

1847 

3.647 

1836 

2.340 

1848 

3.306 

1837 

2.443 

1849 

3.583 

1838 

2.586 

Si  se  comparan  las  cifras  de  suicidios  con  la  po¬ 
blación  de  Francia  se  verá  lo  siguiente: 


AÑOS  POBI  ACION 


1827..  31:913.393 

1831..  32-566.934 

1836..  33:540.910 

1841..  34:236.178 

1846..  35:406.486 


1.542=1  en  20.696  habitantes 

2.084=1  »  15.624  » 

2.340=1  »  14.333  » 

2.814=1  »  12.164  » 

3.102=1  »  11.412  » 


Sífilis  (5) 


La  ciencia  ha  constatado  que  un  descuido  ó  ne¬ 
gligencia  por  parte  de  los  encargados  de  inocular 
la  vacuna,  suele  acarrear  funestos  ó  irremediables 
males. 

Un  nuevo  ejemplo  de  ese  peligro  lo  tenemos  en 
la  siguiente  nota  que  publican  los  diarios  bonae¬ 
renses  y  cuya  lectura  recomendamos  á  las  personas 
encargadas  entre  nosotros  de  la  administración  de 
la  vacuna. 

El  hecho  á  que  se  refiere,  no  reconoce  otra  causa 
que  el  haberse  procedido  al  exámende  las  pústulas 
que  daban  el  virus  para  reconocer  su  carácter  bé¬ 


lico,  es  el  mas  importante  y  de  fama  universal,  observamos  las  ci¬ 
fras  siguientes : 


MESES 

VIRUELA 

CROUP 

Enero . 

59 

252 

Febrero . 

57 

241 

Marzo . 

56 

249 

Abril . 

96 

214 

Mayo . 

82 

213 

Junio . . . 

67 

206 

Julio . 

78 

204 

Agosto . 

29 

154 

Setiembre . 

36 

145 

560 

2888 

( 3 )  Véanse  las  citas  de  este  hecho  en  las  páginas  11  y  XG„ 


—  30 


nigno  ó  maligno,  antes  de  proceder  á  la  vacuna¬ 
ción. 

Hó  aquí  esa  nota: 

Buenos  Aires,  Mayo  15  do  1874. 

Al  señor  Presidente  de  la  Comisión  Municipal. 

El  Consejo  de  Higiene  tuvo  conocimiento  que  en 
la  calle  de  Azcuénaga,  núm.  52,  casa  de  D.  Lisan- 
dro  Luzuriaga,  existía  un  niño  de  tres  años  y  una 
joven  de  diez  y  seis,  vacunados  hace  treinta  y  siete 
dias,  y  cuya  vacuna  presentaba  caracteres  anóma¬ 
los,  por  lo  que  resolvió  trasladarse  en  cuerpo  á  la 
mencionada  casa  y  encontró  que  el  informe  era 
fundado,  pues  las  dos  personas  presentaban  una 
erupción  y  síntomas  que  revelan  una  infección  sifi¬ 
lítica,  causada  ciertamente  por  la  linfa  empleada 
en  la  vacunación. 

El  Consejo  ha  sabido  al  mismo  tiempo  que  con  la 
misma  linfa  han  sido  vacunadas  diez  ó  quince  per¬ 
sonas  más  y  que  es  esta  la  que  se  emplea  en  la  ad¬ 
ministración  de  vacuna  humana  y  cree  de  su  deber 
ponerlo  en  conocimiento  do  la  Municipalidad,  para 
que  se  sirva  disponer  que  suspenda  toda  vacuna¬ 
ción,  hasta  que  el  Consejo  provea  de  una  fuente 
más  pura  que  no  produzca  los  terribles  males  que 
se  denuncian. 

Dios  guarde  al  señor  Presidente, 

LUIS  M.  DRAGO. 

J.  Dillon . 

(  El  Siglo,  Mayo  23,  1874). 


Academia  Homeopática  Española  (I) 

Hace  poco  tuvo  lugar  la  sesión  inaugural  de  la 
Academia  homeopática  española,  celebrada  para  so¬ 
lemnizar  el  111.°  aniversario  del  natalicio  de  ffanhe- 
mann ,  á  cuyo  acto  asistió  numerosa  concurrencia, 
entre  la  cual  brillaban  importantes  hombres  políti¬ 
cos  y  algunos  literatos  El  Sr.  Zoilo  Perez  estaba 
encargado  de  leer  un  dicurso  sobre  este  interesantí¬ 
simo  tema:  «¿Es  de  verdadera  ó  incontestable  utili¬ 
dad  la  vacunación?». 

Antes  de  leer  nuestro  amigo  ol  Sr.  Perez  su  dis¬ 
curso,  había  leído  otro  muy  bien  escrito  el  secreta¬ 
rio  general  do  la  Academia  Sr.  Urdapilleta,  relativo 
á  los  trabajos  y  propósito  de  la  corporación  en  el 
año  anterior,  y  en  él  hizo  mérito,  entre  otras  cosas, 
del  eminente  servicio  que  prestó  á  Madrid  durante 
la  última  invasión  del  cólera,  la  asociación  de  Ami¬ 
gos  de  los  Pobres,  cuya  sociedad  cada  dia  adquiere 
mayor  prestigio,  á  pasar  do  la  apasionada  opinión 
que  acerca  de  su  filantrópico  objeto  y  su  sublime 
abnegación  so  haya  permitido  emitir  en  pleno  Par-  j 
lamento  un  ministro  de  la  coroaa,  que  por  lo  visto 
no  conoce  tan  elevados  sentimientos. 

El  discurso  del  Sr.  Perez,  cuya  lectura  fue  el 
gran  acontecimiento  de  la  sesión,  y  respecto  del 
cual  pensamos  que,  por  el  trascendental  asunto  á 
que  lo  consagra,  merece  llamar  mucho  la  atención 
de  los  hombres  de  ciencia  y  de  los  hombres  de  Es¬ 
tado,  nos  pareció  no  solo  notablo  b3jo  el  aspecto  de  ¡ 
obra  facultativa,  nutrida  de  datos  dignos  de  medita¬ 
ción  y  exámen,  sino  también  en  ol  concepto  litera-  i 
rio.  Descubro  en  él  desde  luego  el  señor  Perez,  que 

(I)  Este  articulo  fue  reproducido  en  el  número  328  de  El  Siglo, 
fecha  Junio  9  de  (866. 


cultiva  con  éxito  además  do  la  medicina,  la  filosofía 
do  los  hechos  que  se  producen  en  los  momentos  so¬ 
lemnes  de  la  historia,  y  apreciando  como  un  acon¬ 
tecimiento  científico,  como  una  manifestaccion  del 
génio  del  progreso  la  aparición  de  Hanhemann  en 
la  hora  suprema  en  que  la  sociedad  antigua  se  des¬ 
pojaba  del  secular  sudario  de  la  autoridad,  en  el 
crítico  instante  en  que  la  humanidad  regenerada 
por  la  conciencia  de  su  inmortal  derecho,  se  apres¬ 
taba  á  romper  toda  la  tradición  de  errores  que  la 
oprimía,  presta  un  tributo  de  admiración  y  respeto 
á  esos  héroes  sublimes  de  la  ciencia,  ardientes  ado¬ 
radores  de  la  verdad,  que  aparecen  en  el  mundo 
cuando  son  oportunas  las  grandes  trasformaciones, 
y  que  muchas  veces  sucumben  en  la  gigantesca 
lucha  contra  la  preocupación,  calumniados  casi 
siempre  por  sus  contemporáneos. 

Plácenos  sobre  manera,  é  infunde  en  nuestra  al¬ 
ma  inmenso  consuelo,  oir  en  el  austero  recinto  de 
las  ciencias  la  apoteosis  del  progreso,  la  consagra¬ 
ción  do  este  dogma  en  cuya  infalibilidad  nada  más 
creemos,  porque  basta  para  inspirarse  en  él  para 
adquirir  íntegra,  perfecta  ó  inquebrantable  la  no¬ 
ción  del  derecho  y  de  la  justicia,  la  idea  absoluta  de 
la  libertad,  principio  orgánico,  esencial  y  genera¬ 
dor  de  todas  las  verdades  de  cuya  aplicación  depen¬ 
de  la  solución  de  esos  pavorosos  problemas  que  la 
escuela  estética  prosenta  como  términos  de  la  cues¬ 
tión  por  eselencia  «  la  cuestión  de  órden  ». 

Respecto  á  la  esencia  del  discuso  leído  por  el  £r. 
Perez,  ajenos  nosotros  al  conocimiento  de  la  ciencia 
módica,  nos  limitaremos  á  enunciar  que  juzgamos 
de  vital  interés  para  la  humanidad  resolver  la  tesis 
propuesta  por  el  autor;  que  los  facultativos  deben 
fijar  su  consideración  especialísimamente  en  ese 
punto  capital,  que  tanto  afecta  á  la  salud  pública,  y 
que  el  gobierno  mismo,  puesto  que  en  España  to  ¬ 
davía  el  gobierno  lo  es  todo,  tiene  el  altísimo  deber 
de  invitar  á  todas  las  corporaciones  científicas  á 
ocuparse  de  una  tan  grave  cuestión  para  los  aman¬ 
tes  del  bienestar  de  su  especio.  Grave  y  delicado  es 
el  asunto  que  sirvió  de  tema  al  Sr.  Perez,  y  se 
presta  á  serias  preocupaciones  por  la  influencia  que 
debe  ejercer  sobre  los  padres  de  familias  la  idea 
sostenida  por  un  profesor  de  medicina  estudioso, 
idea  que  ya  hac9  años  sostuvo  en  la  Academia  de 
Medicina  de  Paris  un  sabio  ilustre,  acerca  «de  los 
funestos  cuanto  perniciosos  resultados  que  la  vacu¬ 
na  está  produciendo  en  el  mundo .» 

Sin  prejuzgar  nosotros,  ni  siquiera  emitir  un  jui¬ 
cio  concreto  sobre  tan  delicada  cuestión,  afirmamos 
sin  embargo,  que  las  conclusiones  del  S.  Perez  nos 
impresionaron  vivamente,  llenándonos  de  terror  la 
sospecha, de  que  por  medio  de  la  vacuna  se  inoculo 
un  virus  mortal  en  la  sangre  de  nuestros  hijos,  en 
la  descendencia  toda  deosta  generación,  ya  por  tan¬ 
tos  títulos  infeliz,  y  doble  infortunada  si  hallándo¬ 
se  en  la  hora  crepuscular  de  un  dia  de  completa 
verdad,  hubiese  visto  lucir  su  espléndida  magnifi¬ 
cencia  cuando  ya  habió  dejado  en  aquella  el  germen 
de  la  muerte. 

No  pudiendo  estendernos,  por  la  índole  de  este 
trabajo,  en  la  serie  de  consideraciones  á  que  se 
presta  el  discurso  del  Sr.  Perez,  á  quien  por  él  en¬ 
viamos  la  mas  cordial  enhorabuena,  invitando  así 
mismo  áque  lo  amplié  y  en  oportuna  forma  lo  pu¬ 
blique  y  propague,  creemos  que  agradecerán  nues¬ 
tros  lectores,  y  que  prestamos  un  servicio  á  la  cien- 


31 


cia  compendiando  las  proposiciones  quo  se  propu¬ 
so  demostrar. 

«l.°  Que  la  viruela  es  una  crisis  orgánica, algunas 
veces  terrible  y  violenta,  y  necesaria  pero  saludable 
constantemente ; 

2. “  Que  está  vedado  por  todas  las  leyes  fisiológico- 
palológicas  oponerse  á  esa  elocuente  manifestación 
do  la  naturaleza ; 

3. °  Que  la  vacuna  no  es  aún  conocida  como  enti¬ 
dad  patológica,  siendo  muy  peligroso  introducirla 
en  el  organismo  humano; 

4. °  Que  no  impidiendo  la  vacuna,  en  muchos  ca¬ 
sos,  la  manifestación  de  la  viruela.se  introduce  con 
ella  una  enfermedad  en  el  individuo,  bajo  la  pro¬ 
blemática  probabilidad  de  preservarle  de  otra 
menos  dañosa  que  el  medio  profiláctico  empleado  ; 

5. °  Que  cuando  se  vacuna  de  brazo  á  brazo,  se 
introducen  en  la  economía  del  individuo  todos  los 
miásmas  crónicos,  todos  los  virus  de  quo  está  sa 
turado  el  organismo  del  que  se  estrae  la  vacuna; 


6. °  Que  por  confesión  de  sus  partidarios  la  vacu¬ 
na  solo  preserva  temporariamente; 

7. °  Que  oponiéndose  la  vacuna  al  desarrollo  de  la 
viruela, cuando  la  naturaleza  tiene  necesidad  de  esta 
crisis,  abre  paso  á  enfermedades  tan  terribles,  co¬ 
mo  la  tisis  pulmonar  y  mesentórica,  el  croup ,  la 
fiebre  tifoidea  y  otras  muchas.» 

De  lo  expuesto  deduce  el  Sr.  Perez,  y  con  la  ener¬ 
gía  de  su  carácter,  con  la  firmo  lealtad  de  una  con¬ 
vicción  sincera,  afirma,  «quo  la  vacuna  es  verdade¬ 
ramente  perjudicial  á  la  especie  humana,  y  que  es 
un  deber  de  ciencia  y  de  conciencia  el  combatirla  á 
todo  trance.»  Felicitamos  á  nuestro  amigo  por  el 
celo  humanitario  que  ha  mostrado  en  este  último 
trabajo,  dando  una  nueva  prueba  de  lo  que  val9 
como  médico  estudioso  y  pensador. 

('La  Iberia ,  do  Madrid/1. 


—  32  — 


RECHAZO,  EN  LA  CÁMARA  DE  REPRESENTANTES,  DEL  PROYECTO  DE  LEY  DE  VACUNACION  OBLIGATORIA, 
SEGUN  CONSTA  DEL  SIGUIENTE  EXTRACTO  QUE  COPIAMOS  DEL  NÚMERO  I  195,  FECHA  4  DE  NOVIEMLRE  DE 
1882,  DEL  DIARIO  «LA  RAZON»,  PÁG.  2a,  COLUMNA  2a. 

Cámara  de  Representantes 

SESION  DE  AVER 

Presentes  veinte  y  nueve  Diputados  y  bajo  la  presidencia  del  Sr.  Bustamante,  se  abre  la  sesión  á  las 
2  de  la  tarde. 


Por  indicación  do  la  mesa,  pasa  la  Cámara  á  cuarto  intermedio. 

Vueltos  á  la  sala,  éntrase  á  la  discusión  del  proyecto  de  Ley  presentado  por  la  Comisión  do  Legisla¬ 
ción,  declarando  obligatorias  en  toda  la  República  la  vacunación  y  la  revacunación. 

Hacon  uso  do  la  palabra  los  señores  Mayo!,  Freire,  Arostogui,  Idiarte  Borda,  González  Rodríguez  y 
Fernandez  (V). 

Dado  el  punto  por  discutido,  se  vota  el  artículo  primero  del  proyecto  de  la  Comisión  y  es  rechazado, 
lo  mismo  que  una  modificación  propuesta  por  el  señor  Mayol. 

Es  sancionado  el  siguiente  proyecto  sustitutivo,  propuesto  por  el  Sr.  Fernandez  (V.J : 

Artículo  l.°  El  P.  E.  invertirá  de  las  rentas  generales  la  suma  de  10,000  $  anuales  con  el  esclusivo 
objeto  de  propagar  la  vacuna. 

Art.  2.°  El  P.  E.  reglamentará  la  presente  Ley. 

Pásase  nuevamente  á  cuarto  intermedio. 


Señor  Gerente  do  El  Siglo. 
Estimado  señor : 


Presente. 


Suplico  á  Vd.  se  sirva  insertar  en  el  primor  número  de  ese  tan  importante  diario  las  siguientes  lí¬ 
neas,  favor  que  espera  de  Vd.  su  atento  y  S.  S. 

Dr.  Wónner. 

S/c.,  6  do  Noviembre  do  1882. 


Sr.  Colaborador  de  La  Razón :  Vd.  no  es  médico  y  menos  homeópata.  Pero  los  dos  unidos  nos  hemos 
hallado  en  el  terreno  de  la  verdad  y  hemos  ganado  una  descomunal  batalla,  contra  la  falange  de  los  vacu- 
nistas  á  la  fuerza.  La  ley  de  vacunación  obligatoria  ha  sido  rechazada  por  la  Cámara  de  Representantes. 
Hurrah,  pues  y  tres  veces  Iíurrah!  Uno  á  la  libertad  y  á  la  verdad  que  no  pueden  siempre  comprimirlas 
las  influencias  de  círculo  ó  do  personas;  otro  á  los  Sres.  Representantes  que  justamente  rechazaron  et 
proyecto  de  esa  absurda  ley,  y  por  último  á  las  familias  y  á  todos  los  que  no  son  vacunistas. 

Permítame  Vd.,  señor,  que  publique  de  nuevo  todos  juntos  los  brillantes  artículos  que  Vd.  ha  es¬ 
crito  en  eso  periódico  y  los  agregue  al  folleto  quo  voy  á  imprimir  contra  la  vacunación. 

De  Vd.  atento  y  S.  S. 

Dr.  Wónner. 

C/de  Vd.,  Noviembre  5  de  1882. 

Esta  carta  ha  sido  publicada  en  los  siguientes  diarios,  con  fecha  7  de  Noviembre  de  1882:  núm. 
5303  de  El  Siglo,  núm.  1489  de  La  Colonia  Española,  núm.  247  de  Vitalia,  núm.  1197  de  La  Razón, 
núm.  564  de  La  Democracia  y  con  fecha  8  de  Noviembre  en  el  núm.0  3988  do  El  Ferro-Carril. 

A  esto  contestó  el  colaborador  do  La  Razón  con  las  siguientes  líneas,  que  vieron  la  luz  en  el  núm. 
1198  del  referido  diario  : 

Concedido 

Sr.  Dr.  D.  Estóban  Wónner. 

Mi  estimado  señor  : 

Agradezco  sus  benévolos  conceptos  y  aunque  creo  que  no  merecen  ser  reproducidos  los  artículos  á 
■que  Vd.  alude,  queda  autorizado  para  reimprimirlos. 

Su  atento  S.  S. 

El  Colaborador  de  «La  Razón». 

S/C.,  Noviembre  7  de  1882. 

Aunque  sepamos  de  lastimar  la  modestia  de  ese  colaborador,  no  podemos  menos  de  hacer  público  su 
nombre,  que  es:  Carlos  M.  de  Pena,  uno  de  los  jóvenes  abogados  mas  ilustrados  del  foro  Uruguayo. 


Artículos  acerca  de  la  vacunación  obligatoria,  publicados  por  el 
Dr.  D.  Carlos  M.  de  Pena,  uno  de  los  mas  ilustrados  Redac¬ 
tores  de  «La  Razón». 

-  - 


La  vacuna  (1) 

ESTADO  ACTUAL  DE  LA  CUESTION 

Se  ha  iniciado  on  la  Cámara  de  Representantes 
la  discusión  general  del  proyecto  de  ley  que  hace 
obligatoria  la  vacuna  y  la  revacuna  de  una  mane¬ 
ra  permanente  y  para  todo  el  territorio  de  la  Repú¬ 
blica. 

La  Comisión  de  Legislación  creyó  prudente  oir  la 
opinión  de  algunos  médicos  distinguidos,  y  confor¬ 
mándose  con  ese  dictamen  profesional  aconseja  en 
mayoría  la  sanción  del  proyecto  que  establece  la 
vacuna  y  revacuna  obligatorias. 

El  estrado,  que  se  ha  publicado,  de  la  discusión 
general  del  proyecto,  denuncia  la  disconformidad 
de  opiniones  do  los  que  legislan,  y  tratándose  de 
cuestiones  que  afectan  á  todo  el  mundo,  que  intere¬ 
san  directa  y  profundamente  la  salud  pública  y 
la  higiene  general,  no  os  posible  dejar  de  interve¬ 
nir  en  el  debate  que  bajo  auspicios  nada  lisongeros 
se  inicia  en  los  altos  del  Cabildo. 

—  Viva  la  Suizal  esclamaba  lleno  do  júbilo  el 
eminente  profesor  A.  Vogt,  de  la  Universidad  de 
Berna,  al  conocer  el  resultado  del  plebiscito  que  re¬ 
chazó  la  ley  de  la  vacuna  obligatoria. 

Las  Camaras  legislativas  habían  votado  en  Enero 
del  82  una  ley  sobre  epidemias.  En  esa  ley  se  decla¬ 
raba  que  la  vacuna  era  obligatoria.  La  Constitución 
Suiza  del  71  dispone  que  las  leyes  federales  deben 
ser  sometidas  á  la  aceptación  ó  rechazo  del  pueblo, 
si  la  petición  se  formula  por  30,000  ciudadanos  en 
los  90  días  después  de  la  promulgación. 

Pusiéronse  en  campaña  los  anti  vacunistas  á  cu¬ 
ya  cabeza  se  encuentran  Vogt  y  el  elocuente  con¬ 
sejero  nacional  Schrenchrer,  y  se  formuló  la  peti¬ 
ción,  siendo  tan  numerosas  las  adhesiones  que  el 
31  de  Mayo,  dos  dias  ántes  de  concluir  el  término 
legal,  78,938  ciudadanos  reclamaban  la  apelación 
al  pueblo.  Se  hizo  el  llamado  al  pueblo  y  el  resul¬ 
tado  fue  el  siguiente : 

En  favor  de  la  ley  que  establecía  la  vacu¬ 
na  obligatoria .  62,554 

Contra  la  ley .  225,730 

Se  dirá  que  este  resultado  numérico  no  responde 
á  un  exámen  científico,  y  que  no  es  el  voto  popular 
el  más  habilitado  para  desmentir  las  experiencias 
de  casi  un  siglo.  Se  equivocan  los  que  piensan  que 
una  gran  parte  del  pueblo  Suizo  ha  votado  á  ciegas 
en  esta  coestion.  Estensa  es  la  bibliografía  de  los 


0)  Artículo  publicado  en  La  Razón,  N.»  1 1 82,  fecha  19  de  Octu¬ 
bre  de  1882. 


libros,  folletos  y  panfletos  en  pró  y  en  contra,  pu¬ 
blicados  con  motivo  de  la  ley  sanitaria.  Añádase  la 
prensa  diaria  y  periódica  y  las  conferencias  públi¬ 
cas  que  han  contribuido  á  formar  opinión,  y  nótese 
que  lo  resuelto  es  simplemente:  que  no  debe  ser 
obligatoria  la  vacuna. 

Las  preocupaciones  contra  la  propagación  de  la 
vacuna  son  numerosas.  Constituyen  una  barrera 
que  no  ha  podido  suprimirse,  ni  aun  mediante 
leyes  coercitivas. 

Las  preocupaciones  no  están  solas  en  el  campo 
del  debate.  Se  discuto  acerca  de  la  eficacia  de  la  va¬ 
cuna  y  de  las  consecuencias  de  su  inoculación.  Son 
muchos  y  muy  respetables  los  sábios  que  no  creen 
en  la  eficacia  de  la  vacuna,  no  ya  como  inmunidad, 
ni  siquiera  como  preservativo  que  atenúa  el  mal,  y 
son  muchos  también  los  que  apuntan  peligros  va¬ 
rios  en  la  inoculación  del  virus  de  brazo  á  brazo. 
Una  ley  inglesa  ÍDr.  Cameron’s  BillJ  confirmando 
la  ley  de  vacuna  obligatoria  sancionada  en  1867, 
deja  al  padre  de  familia  la  libre  elección  entre  la 
vacuna  animal  y  la  vacuna  de  brazo. 

Los  módicos  y  los  higienistas,  los  naturalistas  y 
químicos  más  eminentes  que  han  abordado  el  pro¬ 
blema  en  estos  últimos  tiempos,— podríamos  decir 
en  estos  últimos  dias,  —  están  divididos  en  dos  ban¬ 
dos  :  vacunistas  y  anti-vacunistas:  jennerianos  y 
anti-jennerianos.  Estamos  en  vísperas  de  conocer 
el  resultado  de  las  discusiones  acerca  de  esta  cues¬ 
tión  en  el  Congreso  de  Higiene  reunido  en  Ginebra 
recientemente. 

Se  dirá  que  la  cuestión  está  sin  embargo  resuelta 
por  una  experiencia  constante,  fundada  en  las  esta¬ 
dísticas  mejor  llevadas,  y  favorable  á  la  vacuna 
obligatoria. 

Se  han  constituido  congresos  de  anti-vacunistas, 
y  funciona  permanentemente  una  asociación  titula¬ 
da  « Liga  internacional  de  anti  vacunistas»,  que  ha 
recibido  adhesiones  muy  importantes  de  módicos, 
estaditas  y  sábios  de  todo  el  mundo.  El  primer 
Congreso  de  la  Liga  tuvo  lugar  en  París  en  1880;  el 
segundo  en  Colonia,  en  Octubre  del  81.  Existe  en 
Londres  una  sociedad  consagrada  á  obtener  la  abo¬ 
lición  de  la  vacuna  obligatoria;  figuran  en  esa  so¬ 
ciedad  notabilidades  médicas,  miembros  del  Parla¬ 
mento  y  personas  do  reputación  en  las  ciencias  bio¬ 
lógicas.  Son  muchos  los  profesores  alemanes  que 
trabajan  para  abolir  la  vacuna  obligatoria,  que  exis¬ 
te  desde  1807  en  algunos  estados  y  que  después  de 
decretarse  en  otros,  se  convirtió  en  1874  en  ley  pa¬ 
ra  toda  la  Alemania. 

Estos  antecedentes  bastan  para  que  se  reconozca 
la  trascendencia  de  la  cuestión  que  tiene  entre  ma¬ 
nos  la  Cámara. 


—  34 


Todo  lo  que  se  relaciona  con  la  salud  pública,  en¬ 
cierra  un  problema  social  á  que  deben  consagrarse 
con  preferencia  todos  los  esfuerzos  de  los  hombres 
de  buena  voluntad. 

*  Si  el  hado,  la  astucia,  la  fuerza,  el  dinero,  ó  el 
voto  público  os  han  llevado  á  las  cimas  del  gobierno, 
decía  Disraeli,  rescatareis  la  mancha  del  pecado  ori 
ginal  de  vuestro  empleo,  sirviéndolo  con  toda  de¬ 
voción,  independencia  y  energía.  Y  si  ni  la  suerte, 
ni  la  fortuna,  ni  la  abyección  os  llevaran  jamás á 
abriros  con  ganzúas  las  puertas  del  parlamento, 
soportad  la  desgracia  con  olevaciou  de  ánimo  y 
fiando  todo  á  la  autoridad  de  vuestra  convicción  y 
de  vuestra  palabra,  lanzadlas  al  mercado  para  que 
se  abra  paso  en  el  veredicto  de  la  opinión.  » 

La  prensa  debe  suministrar  con  toda  independen¬ 
cia  y  con  rigorosa  imparcialidad  los  datos  necesa¬ 
rios,  para  que  la  conciencia  pública  pueda  dicernir 
el  pró  y  el  contra  en  esta  grave  ó  importante  cues¬ 
tión  déla  vacuna  y  revacuna  obligatorias. 

Montevideo  y  algunas  otras  ciudades  del  interior 
sufrieron  en  ol  año  pasado  y  á  principios  del  presente 
una  epidemia  de  viruela  con  caracteres  alarmantes. 
Algunas  corporaciones  oficiales  y  algunos  particu¬ 
lares  se  ocuparon  activamente  de  propagar,  como 
preservativo,  la  vacuna  y  de  inocularla.  Pero  nada 
se  hizo  para  averiguar  las  causas  probables  del  ex¬ 
traordinario  desarrollo  de  tan  horrible  contagio.  La 
mortalidad  de  virulentos  fuó  enorme,  pero  ninguna 
corporación  ni  autoridad  pública  se  preocupó  de 
investigar  las  circunstancias  que  mas  contribuían 
á  la  recrudescencia  en  determinados  barrios,  y  na¬ 
die  se  ocupó  de  constatar  los  caracteres  mas  co¬ 
munes  de  esa  epidemia  que  enlutó  á  numerosas 
familias. 

La  apatía  y  la  torpeza  de  nuestra  burocracia  ha- 
ragana  nos  privarán  en  este  debate  de  los  datos  mi¬ 
nuciosos  y  bien  comprobados  con  que  pudieron 
ilustrarlo  corporaciones,  que  no  tienen  otro  come¬ 
tido  que  la  salubridad  y  la  higiene  pública. 

No  basta  invocar  la  existencia  de  leyes  que  impo¬ 
nen  la  vacuna  ni  citar  en  globo  las  estadísticas.  A 
eso  llama  el  presidente  de  la  Liga  internacional 
anti-vacunista  « la  rutina  clásica  ó  jenneriana ». 
Es  necesario  suministrar  ante  el  público  todos  los 
elementos  que  constituyen  hoy  el  debate. 

Nuestros  antepasados  á  principios  de  este  siglo 
1807),  fueron,  según  es  fama,  librados  del  horrible 
flagelo  quo  do  años  atrás  diezmaba  la  población  de 
Montevideo  y  su  campaña,  debido  á  la  introduc¬ 
ción  en  esta  plaza  del  virus  jenneriano.  Hasta  en¬ 
tonces  era  desconocido  el  preservativo  de  la  vacu¬ 
na.  D.  Antonio  Machado,  un  armador,  trajo  la  va¬ 
cuna  á  Montevideo.  Propagóla  el  Cabildo  inmedia¬ 
tamente  y  con  el  mejor  éxito.  Las  crónicas  refieren 
que  jamás  se  presenció  después  una  epidemia  tan 
horrorosa  como  las  que  antes  de  la  vacunación  de 
1807  se  habían  sufrido  en  la  plaza. 

El  Cabildo  acordó  un  premio  á  Machado,  y  como 
una  esclava  habia  puesto  su  brazo  al  servicio  de 
Buenos  Aires,  ofreciendo  á  los  porteños  buen  nú¬ 
mero  da  pústulas,  el  Cabildo  acordó  también  la  li¬ 
bertad  de  esa  esclava. 

Queríamos  dejar  al  lector  bajo  esta  buena  impre¬ 
sión,  preparando  el  camino  para  entrar  á  la  exposi¬ 
ción  de  argumentos  y  cifras  y  á  la  cita  do  alguna 
ley  quo  pueda  estar  a  nuestro  alcance  y  sirva  para 
ilustrar  la  cuestión. 

Abrimos  nuestras  columnas  al  debate,  mante¬ 


niendo  la  neutralidad  de  nuestras  opiniones,  y 
concretándonos  á  trasmitir  al  pueblo  los  anteceden¬ 
tes  ó  datos  de  que  hemos  podido  hacer  caudal. 


Faz  «  Lírica  »  en  la  cuestión  de  la 
vacuna  obligatoria  (1 ) 

En  los  tratados  más  comunes  de  higiene  (habla¬ 
mos  do  trataditos  do  1,350,  ó  de  2,096  páginas  en 
8.°  mayor - J  cuando  se  llega  á  la  vacuna  y  re¬ 

vacuna,  después  de  largas  disertaciones  sobre  la 
teoría  de  los  gérmenes,  se  encuentran  frases  im¬ 
pregnadas  de  lirismo  que  sirven  admirablemente 
para  ilustrar  y  deslumbrar  á  los  lectores  médicos  y 
á  los  profanos. 

Hó  aquí  una  muestra:  «No  es  este  el  momento  de 
rehacer  la  historia  de  la  vacuna  y  describir  los  pro 
cedimientos  de  inoculación,  conservación,  etc.,  mu¬ 
cho  menos  nos  detendremos  en  demostrar  la  efica¬ 
cia  de  la  vacuna  ó  en  defenderla  contra  las  imputa¬ 
ciones  fantásticas  de  que  ha  sido  objeto  de  parte  de 
algunos  espíritus,  aficionados  á  la  hipótesis,  á  la 
contradicción  y  á  la  paradoja.  «Y  para  rematar  el  tra¬ 
bajo  ilustrativo  se  agrega:  «la  Academia  de  Paris  se 
ha  declarado  unánimemente  partidaria  de  la  vacuna 
obligatoria,  y  el  congreso  internacional  de  higiene 
celebrado  en  Turin  en  1880  ha  emitido,  casi  por  una¬ 
nimidad,  un  voto  favorable  á  la  vacuna  y  revacuna 

obligatorias.  Además _  la  estadística  de  todas  las 

naciones  europeas,  ántes  y  después  de  la  vacuna 
jenneriana  es  decisiva.»  A  todo  eso  llama  el  doctor 
Boóns,  (uno  de  los  leaders  mas  entusiastas  de  la 
liga  anti-vacunista  de  Colonia)  la  rutina  clásica,  ó 
sea  la  música  jenneriana ,  ó  como  dicen  otros  fu¬ 
riosos  anti-vacunistas  « música  celestial  de  la  va¬ 
cuna ». 

Parece  que  el  Dr.  Jonner  murió  creyendo  que  el 
cow-pox,  ó  sea  viruela  de  vaca,  de  cuyas  pústulas 
se  extrajo  el  pus  llamado  vacuna,  provenía  de  una 
enfermedad  peculiar  al  caballo  (horse  pox  J  tras¬ 
mitida  á  la  ubre  de  las  vacas  por  los  mozos  que  las 
ordeñaban,  sin  lavarse  las  manos  que  habían  tocado 
ántes  el  pus  que  padecían  algunos  caballos  en  los 
asientos  de  manos  y  piés  y  fué  en  las  manos  y  bra¬ 
zos  de  algunos  de  esos  mocetones  de  cuadra  y  de 
algunos  vaqueros  ó  tamberos,  que  se  hizo  el  ha¬ 
llazgo  de  la  vacuna,  encontrando  pústulas  seme¬ 
jantes  á  los  granos  de  la  viruela  y  advirtiendo  que, 
en  medio  do  las  horribles  epidemias  que  diezmaban 
á  los  ingleses,  las  personas  consagradas  á  aquellas 
tareas  y  afectadas  de  aquellas  pústulas  no  eran  ata¬ 
cadas  generalmente. 

Después  de  numerosas  experiencias  y  laboriosos 
estudios  acerca  de  la  inoculación  del  mismo  pus  de 
la  viruela,  siguiendo  el  principio  homeopático  de 
quo  Similia  similibus  curantur,  que  en  lengua 
vulgar  quiero  decir  que,  un  clavo  saca  otro  clavo... 
si  no  quedan  los  dos  adentro,  se  dió  por  fio,  con  la 
vacuna  en  1798,  y  honores,  dinero,  estátuas,  diplo¬ 
mas  fueron  la  recompensa  inmediata  de  Jenner, 
proclamado  como  el  bienhechor  de  la  especio  hu¬ 
mana. 

No  hay  lengua  capaz  de  describir  el  júbilo  inmen- 

fl)  Artículo  publicado  en  La  Razón  Núm.  1186,  fecha  Octubre 
24  de  1882. 


3o  — 


so,  las  dádivas  magníficas,  los  munificientes  favo¬ 
res  otorgados  al  inventor.  Un  vacanófilo  ha  dicho 
que  hasta  ahora  no  vió  el  mundo  una  ovación  mas 
unánime  y  estrepitosa,  mas  universal  y  mas  rura  - 
bosa.  Ningún  invento  cundió  mas  pronto  por  el 
mundo.  La  célebre  czarina  Cataiina  II,  que  por  puro 
amor  á  la  humanidad  ó  por  preservar  su  hermosu 
ra  de  los  estragos  del  flagelo,  consintió  en  inocular 
se  la  viruela,  fue  de  los  primeros  soberanos  en  dar 
el  ejemplo  á  sus  vasallos,  aplicándose  la  vacuna  y 
obsequiando  á  Jenner  con  urj  magnífico  diamante. 
El  Parlamento  inglés,  amen  de  un  voto  de  gracias, 
le  mandó  resalar  10,000  libras  esterlinas  y  todavía 
suplicó  d  la  corona  que  añadiese  500  libras  mas. 

¿Y  quién  hay  que  no  recuerde  el  entusiasmo  con 
que  acogieron  el  descubrimiento  de  la  vacuna  algu¬ 
nos  módicos  filántropos,  españoles,  llegando  hasta 
organizar  una  espedicion  marítima  dirigida  por  don 
Francisco  Javier  de  Balmis,  módico  de  la  Cámara 
de  su  Magestad? 

En  una  mañana  de  Noviembre  de  1803  un  el  puer¬ 
to  de  la  Coruña,  á  bordo  de  la  corbeta  María  Pita , 
eran  colocados  22  niños  de  pecho,  robustos,  con  sus 
rollizas  amas  de  cria,  á  los  cuales  se  los  fue  inocu¬ 
lando,  durante  el  viaje,  el  fluido  vacuno.  Esa  espe¬ 
dicion  venia  destinada  á  América.. .  y  costó  la  vida 
á  casi  todos  los  médicos  espedicionarios,  que  según 
parece,  ostaban  revacunados!  Fue  con  motivo  de 
esta  heroica  espedicion  que  el  gran  poeta  Quintana, 
compuso  aquella  célebre  oda  que  comienza  así: 

¡Virgen  del  mundo,  América  inocente! 


oda  que  durará  tanto  como  la  viruela,  ó  como  la 
vacuna. 

España  nos  habia  traído  entra  otras  cosas,  la  vi¬ 
ruela.  El  poeta  español  se  hacia  eco  de  ladesolacioD 
que  el  contagio  habia  producido  en  América,  y  des¬ 
pués  de  espresar  sus  lamentos,  esclama: 

«  Con  tales  quejas  el  Olimpo  hería, 

Cuando  en  los  campos  de  Albion,  natura 
De  la  viruela  hidrópica  al  estrago 
El  venturoso  antídoto  oponía. 

La  esposa  dócil  del  celoso  toro 
De  este  precioso  don  fué  enriquecida, 

Y  en  las  copiosas  fuentes  le  guardaba, 

Donde  su  lecho  cándida  á  raudales 
Dispensa  á  tantos  alimento  y  vida. 

Jenner  lo  revelaba  á  los  mortales: 

Las  madros  desde  entonces 

Sus  hijos  á  su  seno 

Sin  susto  de  perderlos  estrecharon, 

Y  desde  entonces  la  doncella  hermosa 
No  tembló  que  estragase  este  veneno 
Su  tez  de  nieve  y  su  color  de  rosa. 

A  tan  inmenso  don  agradecida 
La  Europa  toda  en  ecos  de  alabanza 
Con  el  nombre  de  Jenner  se  recrea; 

Y  ya  en  su  exaltación  le  eleva  altaros, 

Donde  á  par  de  sus  genios  tutelares 
Siglos  y  siglos  adorar  le  vea.  » 


Tal  es  la  apología  de  la  vacuna.  El  entusiasmo 
vacunífero  llegó  á  tal  punto,  que  hasta  los  caprichos 
de  la  moda  tuvieron  que  ajustarse  á  la  acogida  va- 
rorable  quo  encontró  en  todas  partes  el  virus  rege¬ 
nerador.  Así  se  veian  en  las  ciudades  principales, 
hombres,  mujeros  y  niños  vistiendo  trajes  á  lata- 
cuna ,  sombreros  y  zapatos  á  la  vacuna ,  según  re¬ 
fiere  la  crónica  andariega. 


Tras  los  fanáticos  vacunistas  vinieron  los  fanáti¬ 
cos  anti-vacunistas  ó  los  vacunófobos ,  y  se  dijo  des¬ 
de  el  pulpito  que, al  patriarca  Job  le  habia  inoculado 
el  demonio  la  viruela,  y  so  armaron  contra  la  vacu¬ 
na  varios  procesos  en  que  figuran  declaraciones 
como  aquellas  de  las  brajas  que  subian  por  el  aire 
á  la  carrera  á  ensartarse  en  la  flecha  del  Espíritu 
Santo  colocada  en  la  cúpula  de  una  iglesia  espa¬ 
ñola,  donde  se  daban  citas  con  el  mismo  Satanás. 

Tambiense  dijo,  desde  los  primeros  dias  del  famo¬ 
so  hallazgo  de  la  vacuna,  que  el  mismo  glorioso  in¬ 
ventor  dudaba  de  su  bondad,  habiendo  llegado  á 
reconocer  que  la  inoculación  del  virus  vacuno  oca¬ 
sionaba  enfermedades  mas  ó  menos  peligrosas. 
Preservaba  de  la  viruela,  pero  producía  fiebres, 
erisipelas,  escrófulas,  y  podía  inocular  gérmenes  de 
alguna  enfermedad  peculiar  á  la  res  vacunífera, 
como  el  carbunclo,  etc. 

Acabamos  de  leer  que  se  han  hecho  en  la  prensa 
de  Londres  revelaciones  muy  importantes  acerca  de 
las  esperiencias  que  realizaba  el  mismo  Jenner  y  del 
empeño  que  ponía  para  impedir  que  se  publicaran 
estudios  que  hacían  dudoso  el  éxito  proclamado  por 
los  primeros  observadores  del  virus  vacuno. 

Ahora  so  discute  con  mas  libertad  en  estas  mala¬ 
rias  y  se  publican  cifras  de  la  estadística  oficial  con 
comentarios  en  sumo  grado  desfavorables  á  la  va¬ 
cuna  y  revacuna  obligatorias,  y  se  vá  hasta  la  fuente 
misma,  del  virus,  sometiendo  la  vacuna  al  micros¬ 
copio  y  encuadrando  el  estudio  del  ccw-pox  en  la 
teoría  de  los  gérmenes,  tan  socorrida  con  los  pas¬ 
mosos  descubrimientos  de  Pasteur  y  otros  sábios. 

Pero  puede  bien  suceder,  dice  un  higienista,  que 
esta  cuestión  de  la  vacuna  siga  la  misma  evolución 
que  la  de  la  gelatina,  preconizada  por  años  y  años 
como  sustancia  nutritiva  de  primer  orden,  llegando 
á  producir  el  fanatismo  gelatinoso,  víctimas  del 
cual  perecieron  de  consunción,  muertos  de  hambre, 
muchos  pobres  enfermos  en  hospitales  afamados!... 
concluyendo  por  persuadirse  los  mas,  que  un  poco 
de  estopa  podia  reemplazar  la  gelatina  en  el  estó¬ 
mago  de  los  pacientes,  sin  que  eso  alterase  la 
nutrición  que  recibían. 

No  incurriremos  en  la  temeridad  de  prestar  nues¬ 
tro  asentimiento  al  dictámen  del  higienista  mencio¬ 
nado.  En  nuestro  papel  de  narradores  nos  concreta¬ 
mos  á  trasmitir  esa  duda,  dando  con  ella  punto  á  la 
faz  lírica  do  la  vacuna. 


La  linfa  pura  (1) 

Somos  narradores,  nada  mas.  Lo  digimos  al 
empezar  y  lo  repetimos  ahora.  Hay  personas  que 
prestan  á  los  números  una  autoridad  desmedida. 
Para  ellas  una  estadística,  bien  ó  mal  llevada,  lo  de¬ 
cide  todo.  Ven  números  en  columnitas  y  casillas  y 
esclaman:  «  esto  es  irrefutable;  las  cifras  han  ha¬ 
blado  con  una  elocuencia  brutal;  nada  hay  mas  elo¬ 
cuente  que  las  cifras;  creed  ó  reventad.  » 

Oh!  pero  se  ha  visto  muchas  veces  y  en  asuntos 
tan  delicados  como  el  de  la  vacuna,  que  las  cifras 
no  son  otra  cosa  que  manequíes,  pudiendo  mane¬ 
jarlas  á  su  arbitrio  cualquier  sofista,  cuando  se 
obtienen  por  imperfectos  procedimientos,  ó  se  les 
atribuye  una  significación  que  no  tienen,  ó  se  les 
separa  de  otras  cifras  complementarias:  ó  se  des- 

(I)  Publicado  en  La  Razón,  núni  1 190,  28  de  Octubre  de  1882. 


36  — 


caída  la  enumeración  de  hechos  simultáneos  ó  pos¬ 
teriores,  ó  la  de  causas  eficientes  ó  secundarias. 

En  la  cuestión  de  la  vacuna  hay  cifras  en  pró  y 
cifras  en  contra.  Hay  mas:  hay  exámen  de  las  cifras. 
¿Para  que  ocultarlo?  y  el  exámen  arroja  conclusio¬ 
nes  dudosas,  que  requieren  una  estadística  comple¬ 
mentaria. 

El  ejemplo  de  los  módicos  de  Londres  debe  tener 
imitadores  aquí.  Es  por  la  observación  escrupulosa, 
metódica  y  cada  día  mas  ilustrada  por  la  crítica  cien¬ 
tífica,  que  se  ha  llegado  allá  á  constatar,  en  la  clíni¬ 
ca  de  virulententos  y  vacunados,  la  persistencia  de 
la  erisipela,  ya  observada  en  los  albores  de  la  va¬ 
cuna  por  su  propio  descubridor,  y  que  negaban  por 
preocupación,  por  rutina,  ó  por  sistema  algunos 
vacunistas.  No  comprendemos  como  sedá  en  Mon¬ 
tevideo  por  resuelto  sin  apelación,  un  problema 
que  en  sus  elementos  principales  está  á  la  orden 
del  dia  entre  las  notabilidades  médicas  del  mundo 
científico  y  en  el  centro  urbano  mas  clásico  de  la 
vacuna  obligatoria. 

No  se  comprende  que  haya  anti-vacunistas  por  el 
puro  gusto  de  serlo.  No  se  concibe  que  haya  quien 
se  esponga  á  morir*e,  quedándose  premeditada 
mente  sin  vacuna.  ¿Por  qué  se  han  constituido  en 
Alemania,  Bélgica  ó  Inglaterra  ligas  anti-vacunis¬ 
tas?— ¿Por  qué  son  muy  bárbaros  por  allá?— En  In¬ 
glaterra  se  ha  tomado  con  tanta  abnegación  la  abo¬ 
lición  de  la  vacuna  obligatoria,  que  el  Comité  de 
investigación  constata,  que  en  1876  tuvo  lugar  un 
ruidoso  proceso  ante  la  Corte  de  su  Magostad,  pro¬ 
vocado  por  las  resistencias  de  un  consejo  parroquial 
ó  de  distrito  que  se  había  rehusado  á  proceder  con¬ 
tra  los  refractarios  de  la  ley  de  la  vacuna.  La  liga 
inglesa  anti-vacunista  paga  las  multas  de  las  per 
sonas  que  desobedecen  la  ley  de  la  vacuna,  y  no 
faltó  en  1877,  en  la  Cámara  de  los  Comunes,  quien 
sostuviera  que  no  debían  multiplicarse  las  multas 
infligidas  á  los  infractores,  temiendo  convertir  en 
mártires  á  los  que  son  víctimas  de  una  preocupa¬ 
ción!...  Exentricidades  inglesas,  se  dirá,  y  con  repe¬ 
tirlo  cundirá  la  opinión  de  que,  realmente,  no  son 
sino  exentricidades. 

Por  otra  parte,  se  ignora  que  si  bien  muchos  son 
los  sábios  que  se  inclinan  á  las  conclusiones  deri¬ 
vadas  de  los  últimos  esperimentos  de  Mr.  Pasteur, 
en  lo  tocante  á  la  atenuación  de  algunos  virus,  hay 
otros  sábios,  como  el  Dr.  Koch  de  Berlin,  á  la  ca¬ 
beza  de  sus  discípulos,  que,  según  el  mismo  Pas¬ 
teur,  atacan  sus  trabajos  con  una  estraña  vivacidad. 
Las  esperiencias  son  de  tal  importancia  y  se  proce¬ 
de  con  tanta  prudencia  y  escrupulosidad,  que  un 
físico  eminente,  Tyndall,  deseoso  de  contribuir  á  la 
revelación  de  la  verdad  se  hizo  construir  una  cáma¬ 
ra  especial  para  sus  esperimentos,  relativos  á  la 
teoría  de  los  gérmenes,  publicando  no  hace  mucho, 
sus  ensayos  particulares  con  toda  minuciosidad. 

El  mismo  Pasteur,  tan  feliz  en  algunos  de  sus  ma¬ 
ravillosos  esperimentos  que  han  venido  á  confirmar 
sus  profecías,  por  hechos  accesibles  á  muchas  gen 
tes,  se  ha  visto  obligado,  después  de  todo  eso  á  con¬ 
testar  algunas  diatribas  alemanasl  dando  sus  prue¬ 
bas  por  medio  de  inoculaciones  en  animales  bovinos 
y  ovinos  en  presencia  de  una  comisión  especial¬ 
mente  nombrada  por  el  Ministro  de  Agricultura  de 
Prusia.  Ese  informe  ha  sido  presentado  al  Ministro 
en  este  año.  No  se  conoce  todavía  (5  Setiembre  82) 
la  opinión  de  la  Comisión,  en  la  que  figuran  nota 
bilidades  como  Virchow,  Miiller  y  otros.  Se  cree  que 


I  el  dictámen  es  favorable  al  sábio  francés.  No  basta 
ya  presentar  las  cifras  en  toda  su  brutal  desnudez 
para  dar  el  problema  por  resuelto. 

Se  dice  con  razón  que  los  esperimentos  de  Pas¬ 
teur  han  de  traer  una  revolución  en  la  higiene,  en 
la  medicina  y  la  cirugía.  El  microscópio  ha  sido 
aplicado  á  la  viruela  humana,  y  de  ella  se  han  he¬ 
cho  inoculaciones  en  vacas  y  caballos,  observando 
detenidamente  los  resultados  y  llegando  hasta  de¬ 
mostrar  que  esos  animales  no  sufren  ningún  daño 
y  pueden  servir  como  fuente  de  vacuna. 

Es  de  notar  que  la  vacuna  ha  degenerado  desde 
su  descubrimiento. 

En  los  primeros  años  las  erupciones  eran  mas 
considerables  y  la  preservación  mas  duradera; 
(Perdreau  y  Bousquet  citados  por  Bouchardat).  Y 
se  agrega:  «es  sabido  hoy  quo  la  preservación  no 
es  absoluta  y  que  varia  seguu  las  idiosincracias,  las 
atenuaciones  del  virus,  y  según  otras  condiciones 
difíciles  de  desentrañar.» 

Los  lecheros  por  su  ignorancia  en  estas  cosas, 
tienen  la  culpa  de  que  no  topemos  con  la  vacuna 
verdadera ,  con  el  verdadero  y  genuino  cow-pox. 
El  sábio  Pasteur  no  ha  ensayado  todavía  el  cultivo 
del  cow-pox ,  en  toda  su  prístina  originalidad. 

Y  tendrá  sus  dificultades  el  dia  que  lo  emprenda, 
pues  el  eminente  Paul  Bert  no  ha  de  encontrar  fᬠ
cilmente  vaquero  ó  lechero  que  se  presente  á  re¬ 
clamar  el  premio  Jenner,  adjudicable,  según  desea 
Bert,  á  los  que  presenten  vacas  con  la  viruela  na¬ 
tural. 

Seguimos  de  tiempo  atrás  el  procedimiento  ensa¬ 
yado  por  un  médico  de  Nápoles,  inoculando  á  las 
vacas  el  virus  sacado  de  los  brazos  de  los  niños  va¬ 
cunados,  y  á  esto  llamamos  vacuna  animal  artificial, 
que  se  ingerta  nuevamente  en  los  brazos.  Y  un 
cuarto  de  mundo  lleva  esa  vacuna,  y  otro  cuarto  la 
vacuna  humana  quo  se  trasmite  de  brazo  á  brazo. 
Así  pasan  las  cosas  hace  muchos  años.  El  invento 
de  Jenner  ha  sufrido  metamórfosis  radicales,  con 
que  no  soñó  el  humanitario  doctor,  á  quien,  si  hoy 
apareciera  por  el  mundo  á  presenciar  su  apoteosis, 
le  seria  muy  difícil  encontrar  la  maravillosa  linfa 
pura. 

Son  muchas  las  estadísticas  favorables  á  la  vacu¬ 
na  y  la  mayoría  de  los  higienistas  y  los  médicos  las 
invocan  como  pruebas  concluyentes. 

Pretendióse  primero  que  la  vacuna  era  una  inmu¬ 
nidad  :  los  vacunados  jamás  se  enfermarían  de  vi¬ 
ruela.  La  esperiencia  de  todos  los  dias  daba  un  des¬ 
mentido  constante  Hoy  no  se  encuentra  uno,  entre 
los  módicos  ó  higienistas  que  algo  valen,  que  con¬ 
sidere  la  vacuna  como  inmunidad  contra  la  viruela. 
Se  reconoce  que  es  un  preservativo,  con  lo  que  se 
admite  que  los  vacunados  pueden  morir  y  mueren 
de  viruela,  y  con  lo  que  se  establece  que  los  no  va¬ 
cunados  están  mas  espuestos  á  perecer  quo  los  va¬ 
cunados. 

Este  hecho  tiene  los  caractóres  de  incontroverti¬ 
ble,  según  las  estadísticas  mas  dignas  de  aprecio, 
quo  han  servido  en  estos  últimos  tiempos  para  ilus¬ 
trar  el  debate. 

Y  aquí  comienza  la  estadística  de  la  linfa  pura, 
cuya  ostensión  obliga  á  echar  un  párrafo  aparte, 
con  comentarios. 


—  37  — 


Estadística  de  la  linfa  pura  (f) 

Como  este  asunto  de  la  vacuna  y  revacuna  obli¬ 
gatorias  sigue  una  tramitación  lenta  en  la  Cámara 
de  Diputados,  no  nos  apuramos  mucho  en  nuestra 
tarea  narrativa,  dando  así  tiempo  para  que  se  ilus¬ 
tren  y  comparen  todas  las  opiniones. 

Los  derechos  de  la  familia  y  la  salud  de  la  huma¬ 
nidad  doliente  imponen  eD  el  problema  de  la  vacuna 
prudentes  apreciaciones  ó  independencia  de  criterio 
desligándose  de  toda  rutina,  con  sincera  devoción  á 
la  verdad  aunque  sea  contraria  á  preocupaciones 
áulicas  ó  de  secta,  aunque  lastime  ridiculas  pre¬ 
tensiones  de  innovación  ó  de  novelería.  No  puede 
mezclarse  en  el  debato  la  idolatría  por  la  autoridad 
de  un  sábio  ó  médico,  por  mas  fama  que  goce,  ni  la 
idolatría  de  las  cifras,  tan  ocasionadas  á  estravíos 
cuaodo  se  concretan  á  hechos  incompletamente 
observados,  con  prescindencia  de  otros  concomi¬ 
tantes,  anteriores  ó  posteriores,  cuya  relación  ó 
ligámen,  se  omite  ó  desestima,  sea  por  ignorancia, 


olvido,  preocupación  ó  rntina.  Si  alguna  idolatría 
fuese  permitida  seria  la  de  la  verdad,  que  siempre 
aparece  incompleta  ante  la  conciencia  de  los  sábios, 
servidores  ó  intérpretes  de  la  naturaleza,  que  solo 
permite  alzar  una  punta  del  velo  con  que  encubre 
sus  misterios. 

Entremos  por  fin,  á  la  estadística  de  la  linfa  pura. 

Se  sabe  que  el  Parlamento  ioglós  decretó  en  1848 
la  formación  de  una  oficina  general  de  higiene  que 
funcionó  por  6  años,  siendo  prorogada  hasta  1858, 
en  que  fué  abolida.  El  Parlamento  nombró  después, 
sucesivamente,  comisiones  especiales  para  el  estu¬ 
dio  esmerado  de  varias  cuestiones  sanitarias. 

Esas  distintas  comisiones  han  acumulado  datos 
para  la  estadística  de  la  vacuna,  que  ha  sido  llevada 
con  mas  esmero  después  de  la  ley  ds  1872  que  or¬ 
ganizó  en  aquel  país  la  higiene  pública. 

El  gran  arsenal  de  los  vacunistas  está  en  esta  es¬ 
tadística,  puesta  bajo  el  patrocinio  del  Parlamento 
británico.  He  aquí  el  cuadro  ó  resúmen  que  se  en¬ 
cuentra  en  casi  todas  las  publicaciones  recientes: 


PERÍODOS  ANTES  Y  DESPUES  DE  LA 
INTRODUCCION  DE  LA  VACUNA, 


MORTALIDAD  ANUAL  SOBRE  UN 
MILLON  DE  HABITANTES 


A  LOS  CUALES  SE  REFIEREN  LOS 
DATOS  ACERCA  DE  LA  MORTALI¬ 
DAD  DE  LA  VIRUELA 


PAISES 


ANTES  DE  LA  INTRO¬ 
DUCCION  DE  LA 
VACUNA 


DESPUES  DE  LA  IN¬ 
TRODUCCION  DE  LA 
VACUNA 


1777-1806  y  1807-1850 
1777  1806  y  1807  1850 
1777-1806  y  1807  1850 
1777  1806  y  1807-1850 
1777-1806  y  1838  1850 
1777-1803  y  1807-1850 
1777-1806  y  1807  1850 
1777-1806  y  1807  1850 
1777-1806  y  1807  1850 
1777-1806  y  1807  1850 
1787-1806  y  1807  1850 
1781-1805  y  1810  1850 
1774  1801  y  1810  1850 
1751  1800  y  1801  1850 


Austria  inferior  .... 
Austria  Superior  Salsbourg 

Estiria . 

Iliria . 

Trieste . 

Tirol  y  Voralberg  .  .  . 

Bohemia . 

Moravia . .  . 

Silesia  Austríaca.  .  .  . 

Galitzia . 

Bukowina . 

Berlín . 

Suecia . 

Coponhaguen  . 


2484 

1421 

1052 

518 

14046 

911 

2174 

5402 

5812 

1194 

3527 

3422 

2050 

3128 


380 

501 

446 

244 

182 

170 

215 

225 

198 

696 

516 

176 

286 

158 


La  mayor  parte  de  los  países  que  figuran  en  ese 
cuadro,  esceptuando  muy  especialmente  á  Suecia 
y  la  ciudad  do  BerÜD,  ofrecían  en  el  período  de  1777 
á  1850  una  estadística  deficiente,  confusa  y  poco 
decisiva.  Antes  de  1806,  año  en  que  empezó  á  di¬ 
vulgarse  asombrosamente  la  vacuna,  se  usaba  co¬ 
mo  preservativo  contra  la  viruela  la  inoculación  de 
la  misma  viruela  humana.  Cuando  se  presenta  la 
estadística  anterior  á  ese  año,  no  se  hace  otra  cosa 
que  probar  que  era  muy  contagiosa  y  mortal  la 
inoculación  de  la  viruela,  propagándose  activamen¬ 
te  las  epidemias  variólicas  que  diezmaron  á  los 
pueblos. 

Qué  mortalidad  es,  pues,  la  que  se  compara  con 
esa  tabla  clásica  de  la  estadística?  La  mayor  parte 
de  las  defunciones  de  virulentos  no  vacunados  son 
debidas  á  la  inoculación  de  la  viruela,  que  se  prac¬ 
ticaba  hasta  fines  del  siglo  pasado  con  el  mismo 
entusiasmo  que  hoy  se  practica  la  vacuna.  Desde 
1713  se  practicaba  la  inoculación  en  Inglaterra. 

La  terrible  epidemia  de  1727,  dice  un  higienista, 

(I)  Publicado  en  La  Razón,  núm.  1193,  fecha  I.»  de  Noviembre 
de  1882. 


sacrificó  á  los  niños  por  millaradas:  los  inoculado* 
morian  en  igual  proporción  que  los  no  inoculados 
y  en  su  consecuencia  cayó  en  descrédito  la  inocu¬ 
lación,  mandando  el  Parlamento  inglés  que  no  pu¬ 
diera  inocular  quien  no  estuviera  especialmente 
autorizado  para  ello  por  el  Colegio  Módico  de  Lon¬ 
dres.  En  París  y  Boston  se  dieron  decretos  seme¬ 
jantes 

Estas  restricciones  dieron  resultados  satisfacto¬ 
rios,  según  parece,  pues  á  partir  de  1746  la  inocu¬ 
lación  de  la  viruela  cundió  rápidamente  en  Europa 
y  se  practicó  en  América.  La  Sociedad  Módica  de 
Lóndres  con  los  auxilios  espirituales  de  cuatro  obis¬ 
pos,  declaró  un  buen  dia  que  nada  era  mas  útil  y 
lícito  que  la  inoculación  de  la  viruela.  Francia  con¬ 
vocó  una  asamblea  especial  de  médicos  y  teólogosl 
y  52  votos  contra  26  declararon  que  la  viruela  de¬ 
bía  inocularse.  Y  siguió  la  inoculación  dejando  tras 
sí  gran  número  do  ciegos,  mutilados,  ó  picoteados, 
y  ofreciendo  una  enorme  cifra  de  defunciones. 

En  el  cuadro  estadístico  que  precede,  ha  debido 
indicarse  el  número  de  inoculados  de  viruela  y  el 
de  no  inoculados,  hasta  1800;  proporción  de  la  mor¬ 
talidad  de  unos  y  otros  hasta  1880.  De  ahí,  hasta 


—  38  — 


1815,  proporción  de  inoculados  de  viruela,  de  no 
inoculados  de  viruela,  ni  de  vacuna,  y  proporción 
de  vacunados,  debiendo  añadirse  la  proporción  de 
los  inoculados  de  viruela  que  después  se  inocularon 
la  vacuna.  ¿Por  qué  medios  se  constató  la  vacuna¬ 
ción?  ¿Por  cuáles  otros  se  constató  que  no  existia? 
Los  países  que  figuran  en  la  estadística  citada  no 
eran  de  los  mas  adelantados  en  la  época  á  que  so 
refiero,  salvo  la  mención  especial  antes  indicada.  Es 
después  de  1820  que  la  demografía  ha  empezado  á 
organizarse  en  los  países  mas  adelantados  de  Euro¬ 
pa  en  materia  de  estadísticas.  La  Suecia  y  la  Dina¬ 
marca,  la  Baviera  y  Ginebra  ofrecen  sus  anales  con 
datos  interesantísimos,  pero  aun  así  mismo  incom 
pletos,  bajo  el  punto  de  vista  de  la  vacuna  y  reva¬ 
cuna  obligatorias. 

Si  esa  estadística  patrocinada  por  el  Parlamento 
inglés  no  sirviese  para  maldita  la  cosa,  no  será  posi¬ 
ble  que  so  niegue  exactitud  y  autoridad  completas 
á  los  datos  suministrados  por  el  Dr.  Lotz  de  Bale,  y 
especialmente  á  los  suministrados  por  el  Dr.  Han, 
de  Lóndros,  en  obras  que  datan  apenas  del  año  80 
y  que  condensan  nuevos  datos  para  dilucidar  el 
problema. 

La  estadística  gráfica,  que  va  á  continuación,  in¬ 
dica  la  proporción  (por  millón  do  habitantes)  de  la 
mortalidad  por  viruela,  en  5  años,  de  1868  á  1873, 
en  varios  países,  teniendo  unos  la  vacuna  obligato¬ 
ria  y  otros  nó. 


Proporción  (por  millones  de  habitantes)  de  muer¬ 
tos  por  la  viruela  en  cinco  años,  de  1868  á  1863. 

¿Cómo  se  ha  llegado  á  estos  resultados  estadísti¬ 
cos?  no  lo  sabemos,  ni  lo  dice  La  Revista,  de  donde 
los  tomamos.  Sabemos,  porque  otra  Revista  lo  con¬ 
signa,  que  eu  punto  á  estadísticas  vacunistas  de 
Alemania  y  de  Inglaterra,  «.  la  Academia  de  Medi¬ 
na  da  Bélgica  no  ha  podido  conocerlas  sin  decla¬ 


rarse  impotente  para  constatar  su  exactitud  y  su 
alcance  decisivo.  »  Sabemos  también  que  en  el  Con¬ 
greso  anti-vacunista  de  Colonia  el  Dr.  Oidtmann, 
de  Linnich  (Prusia)  se  encargó  de  revelar  la  mane¬ 
ra  increibie  como  se  formaron  las  estadísticas,  en 
cuya  virtud  se  impuso  á  toda  la  Alemania  la  vacuna 
obligatoria.  La  estadística  transcripta  es  irrefutable, 
según  los  vacunistan  que  la  citan. 

La  Baviera  es  el  país  en  que  se  aplica  con  ma¬ 
yor  vigor  la  vacuna  obligatoria.  La  ley  del  64  hizo 
obligatoria  la  vacunación  de  todos  los  niños  nacidos 
en  el  año,  debiendo  ejecutarse  antes  del  primero  de 
Abril  del  año  siguiente.  Los  recalcitrantes  son  muy 
raros.  Del  67  al  70  figuran  por  0’7  p.  %  del  número 
total  de  niños  vacunados.  La  Baviera  presenta,  en 
el  cuadro  anterior,  por  millón  do  habitantes,  un 
número  mayor  de  defunciones  de  viruela,  que  la 
Suecia  y  la  Escocia,  donde  la  ley  no  ha  sido  aplicada 
í  con  tanta  exactitud. 

La  estadística  del  Dr.  Lotz  ofrece  una  particulari¬ 
dad  que  dá  que  pensar.  Ha  comparado  la  estadística 
de  la  ciudad  de  Ginebra  antes  de  la  vacuna  de  1380 
á  1760,  con  la  ostadística  de  la  vacuna  obligatoria 
de  la  Baviera  desde  1837  á  1873,  calculando  por 
edades  sobre  mil  muertos  de  viruela. 


EDAD 

En  Ginebra 
1580-1760 

En  Baviera 
Octubre  1857  á 
fines  de  1875 

0  á  1 

año.  . 

.  202  50.  .  . 

227 

1  á  5 

» 

.  602  50.  .  . 

36 

5  á  10 

»)  . 

.  155.75.  .  . 

10 

10  á  20 

» 

.  26  50.  .  . 

23 

20  á  30 

.  10  25.  .  . 

91 

Do  masd«30 

» 

2.50.  .  . 

613 

Eu  primer 

lugar 

los  dos  períodos 

comparados 

son  desiguales.  Uno  es  de  180  años,  y  el  otro,  el  de 
la  vacunación  obligatoria,  es  de  18  años  solamente. 

En  180  años,  no  existiendo  la  vacuna,  hubo  en 
cada  mil  defunciones  de  viruela  202  niños  de  0  á  1 
año,  y  en  18  años  de  vacuna  obligatoria  hubo  en 
cada  mil  defunciones  de  viruela  una  mortalidad  de 
227  niños  de  0  á  1  año  ¡Curiosa  estadística  en  favor 
de  la  vacuna  obligatoria!  Serviría  para  probar  qne 
nada  es  tan  peligroso  como  inocular  la  vacuna  á 
los  niños  menores  de  un  año,  y  probaria  además 
que  mejor  estáu  esos  niños  sin  vacuna  que  con 
ella. 

En  180  años,  en  cada  mil  muertos  do  viruela, 
cuando  no  existia  la  vacuna,  solo  aparecen  26  per¬ 
sonas  de  10  á  20  años;  y  en  18  años  de  vacuna  obli¬ 
gatoria,  en  cada  mil  muertos  de  viruela,  aparecen 
23  personas  de  10  á  20  años. 

En  !a  mortalidad  anterior  á  la  vacuna,  en  cada 
mil  defunciones  de  viruela,  durante  180  años,  habia 
10  personas  de  20  á  30  años.  En  la  mortalidad  pro¬ 
ducida  bajo  el  régimen  de  la  vacuna  obligatoria,  en 
cada  mil  defunciones  de  viruela  durante  48  años, 
se  encuentran  91  personas  de  20  á  30  años. 

Y  lo  mas  curioso  es  este  último  dato:  en  un  pe¬ 
riodo  de  180  años  antes  del  descubrimiento  de  la 
vacuna,  en  cada  mil  defunciones  de  viruela  se  eu- 
cuentran  apenas  2  ó  3  personas  de  mas  de  30  años; 
y  eu  un  período  de  18  años  bajo  el  rógimeu  de  la 
vacuna  obligatoria,  en  cada  mil  defunciones  de  vi¬ 
ruela  hay  613  personas  de  mas  de  30  años. 

Soberbia  estadística!  sirve  para  probar  que  la 
vacuna  obligatoria  protege  especialmente  la  injan- 


—  39  — 


cia  y  ha  dado  por  resultado  modificar  la  reparti¬ 
ción  de  las  defunciones  variólicas...  Es  decir,  que 
en  cada  mil  muertos  de  viruela  en  un  país  de  vacu¬ 
na  obligatoria,  haya  512  personas  de  mas  de  30  años, 
y  tan  solo  227  niños  do  menos  de  un  año.  Quiere 
decir:  vale  mas  que  se  mueran  los  grandes  que  los 
chiquititos. 

Y  esa  estadística  está  reproducida  en  varios  tra¬ 
tados,  revistas,  informes  y  periódicos  vacunistas, 
sin  comentarios  y  como  muy  concluyente  y  deci¬ 
siva!.... 

Uno  de  esos  estadistas  hace  notar,  sin  embargo, 
que  esa  estadísiica  prueba  especialmente  que  la  in¬ 
munidad  vacunal  es  limitada  y  que  la  revacunación 
es  necesaria  cada  cinco  años,  ó  cada  diez  cuando 
menos.  Lo  cierto  es  que  cuando  no  existia  la  vacu¬ 
na,  ni  la  revacuna,  las  personas  de  0  á  10  años  eran 
las  que  mayor  tributo  mortuorio  pagaban  á  la  vi¬ 
ruela;  y  que  después  de  la  vacuna  y  revacuna  obli¬ 
gatorias,  las  personas  que  mayor  tributo  pagan  son 
las  de  10  á  30  años,  y  mayor  todavía  las  que  pasan 
de  los  30  años.  Es  lo  quo  dice  Paul  Pert  en  el  ar¬ 
tículo  traducido  para  El  Siglo,  por  el  Dr.  Heguy: 
«  la  vacuna  obligatoria  protegiendo  especialmente 
la  infancia  ha  tenido  por  efecto  el  modificar  la  re¬ 
partición  de  las  defunciones  variólicas,  como  lo 
comprueba  la  estadística  del  Dr.  Lotz,  de  Bale...  » 

Dios  nos  libre  de  estadísticas  como  la  del  doctor 
Lotz,  aparentes  como  para  creer  ó  reventar! 

Felizmente  hay  otras  estadísticas,  muy  sórias  y 
favorables  á  la  vacuna  do  queso  instruirá  el  curioso 
lector  que  haya  formado  el  propósito  de  acompar- 
nos  hasta  la  conclusión  de  nuestras  narraciones 
acerca  de  la  vacuna. 


Suma  y  sigue  (I) 

Quedamos  en  que  la  estadística  del  doctor  Lotz, 
presentada  al  Consejo  Federal  de  Suiza,  ofrécelos 
mismos  caracteres  desfavorables  ó  dudosos  de  la 
clásica  estadística  de  1777  á  1850  presentada  al  par¬ 
lamento  inglés.  No  puede  decirse  lo  mismo  de  la 
estadística  gráfica  que  imperfectamente  reproduji¬ 
mos  en  nuestro  último  número,  ni  de  otras  cifras 
que  presentamos  en  seguida. 

Desde  Octubre  de  1867  es  obligatoria  la  vacuna  en 
el  ejército  francés.  La  estadística  médica  se  ha  lle¬ 
vado  con  bastante  prolijidad  en  las  casermas.  El 
doctor  Legouest  ha  conaensado  los  datos  más  inte¬ 
resantes  : 

A-período  de  1857 Á 1875  (sin  incluir  los  años  1870-71) 
Virulentos  2,ól  por  cada  1.000  hombres  de  efectivo 
Muertos . .  7,02  »  »  100  virulentos 

A  partir  de  1875  estableciéronse  en  el  ejército 
francés  prescripciones  más  rígidas  y  eficaces,  para 
impedir  que  se  violase  la  ordenanza  relativa  á  la 
vacuna,  y  se  organizó  el  servicio  completo  para  la 
vacunación.  Hó  aquí,  según  el  doctor  Legouest,  el 
resúmen  estadístico: 

B— PERÍODOS  DE  CUATRO  AÑOS 

1872—1875 

Anterior  á  las  nuevas  prescripciones 


Virulentos .  0,651  por  1.000  hombres 

Muertos .  12,47  »  100  virulentos 


(I)  Publicado  en  La  Razón,  nüm.  *  I0V,  fecha  3  de  Noviembre  de 
1882. 


1876—1879 

Posterior  á  las  nuevas  prescripciones 


Virulentos. .  1,9  por  1.000  hombres 

Muertos .  8,5  »  100  virulentos 


Resulta  que  el  número  de  virulentos  es  tres  ve¬ 
ces  mayor  en  el  segundo  período,  y  en  estela  mor¬ 
talidad  ha  disminuido  apenas  en  un  tercio.  No 
parece  que  los  resultados  hayan  sido  tan  favorables 
como  se  vaticinaba.  Se  debe,  en  opinión  de  algu¬ 
nos,  á  que  después  de  la  gran  epidemia  de  1869  al 
71  la  receptividad  variólica,  ó  sea  la  predisposición 
para  tener  la  viruela,  se  había  casi  agotado  en 
Francia,  en  tanto  que  parecía  reaparecer  en  1876. 

La  esplicacion  no  es  satisfactoria  porque  en  nin¬ 
guno  de  los  dos  períodos  se  tratado  la  Francia, 
sino  del  ejército  para  el  cual  la  vacuna  era  obliga¬ 
toria,  siéndolo  aún  más  rigorosamente  desde  1875. 
De  modo  que  el  número  de  virulentos  debió  dismi¬ 
nuir,  y  aparece  triplicado  ! 

Y  véase  ahora  cómo  engañan  las  estadísticas,  y 
cómo  las  más  luminosas  pueden  servir  para  intrin¬ 
car  un  poco  el  problema. 

Comparando  las  cifras  del  cuadro  A  con  las  de! 
cuadro  B,  segunda  parte  (1876  á  1879),  resulta  que 
después  de  la  mejora  en  el  servicio  de  vacuna¬ 
ción  se  nota  en  los  virulentos  apenas  una  disminu¬ 
ción  de  0,57  en  cada  mil  hombres  de  efectivo;  de 
manera  que  en  cada  mil  no  ha  podido  arrebatarse 
un  solo  hombre  al  contaqio,  á  pesar  de  las  refor¬ 
mas  sanitarias  de  1875.  Y  si  de  esa  misma  estadís¬ 
tica  so  toma  un  período  do  4  años,  1866  á  1869,  se 
encuentra  que  la  cifra  de  militares  virulentos  fue 
de  3,32  !  por  cada  mil  hombres  de  efectivo. 

¿A  qué  atribuir  estas  cifras  tan  desfavorables? 
¿A  la  manera  de  inocular?  ¿A  la  mala  calidad  del 
virus  ó  de  la  linfa?. . . 

Se  ha  recorrido  á  la  demografía  de  algunas  du¬ 
dados  principales  de  Escocia,  y  de  uno  de  los  infor¬ 
mes  anuales  de  estadística  especial  resulta: 

SOBRE  CIEN  MIL  HABITANTES 

1856  á  1864 

Antes  de  la  vacuna  obligatoria 

0  á  6  meses  6  á  12  meses 


Mortalidad  general .  17.254  9.769 

Idem  por  la  viruela .  310  341 

1865  á  1873 

DESPUES  DE  LA  VACUNA  OBLIGATORIA 

0  á  6  meses  6  á  12  meses 


Mortalidad  general .  18.546  9.958 

Idem  por  la  viruela .  174  49 

En  Escocia  la  vacuna  es  obligatoria  en  los  seis 
primeros  meses  y  se  practica  con  notable  regulari¬ 
dad.  La  disminución  de  la  mortalidad  de  la  viruela 
en  los  niños,  bajo  el  régimen  de  la  vacuna  obliga¬ 
toria,  es  de  56,12  p.  %  en  los  niños  menores  de  seis 
meses,  y  la  de  los  niños  de  6  á  12  meses  alcanza 
apénas  á  un  sétimo  de  la  mortalidad  anterior  á  la 
vacuna  obligatoria.  Según  esta  estadística,  bien 
comprobada,  á  estar  á  la  autenticidad  que  se  le  re¬ 
conoce,  la  vacuna  obligatoria  disminuye  notable¬ 
mente  la  cifra  mortuoria  de  los  virulentos  de  6  á  12 


40  — 


meses,  no  siendo  tan  notable  la  disminución  en  los 
niños  menores  de  seis  meses.  Esta  circunstancias 
ha  sido  invocada  para  no  hacer  obligatoria  la  vacu¬ 
na  basta  la  edad  de  un  año.  Se  ha  observado  que 
á  los  3  y  6  meses  del  nacimiento  presenta  inconve¬ 
nientes  graves  para  los  niños.  El  término  más  ge¬ 
neral  es  el  de  seis  meses,  y  una  de  las  estadísticas 
en  que  se  ha  apoyado  esa  amplitud  de  plazo  es  la 
de  Kscocia,  que  acabamos  de  mencionar. 

Otra  estadística  que  tiene  caracteres  de  exactitud 
es  la  que  se  refiere  al  ejército  prusiano.  Desde  1834 
se  introdujo  la  vacuna.  Antes  de  la  vacunación  solo 
salvaban  de  la  viruela  un  40  p.  % ;  después  de  esta  - 
blecida  salváse  un  70  p.  %  ;  de  1835  á  1874  el 
ejército  prusiano  aparece  perdiendo  tan  solo  449 
hombres  por  la  viruela.  En  un  período  de  9  años, 
de  1825  á  1834,  perdió  496,  número  superior  á  la 
pérdida  durante  39  años  de  vacuna  obligatoria. 

Una  estadística  llevada  por  el  doctor  Bertillon.  en 
París,  desde  el  l.°  de  Enero  al  l.°  de  Julio  de  1880 
dá  los  siguientes  resultados: 


sobre  10.000  vivos 

Fiebre  tifoidea  Viruela 


Población  civil  masculina, 

de  15  á  35  años .  14.7  9.50 

Población  militar .  85.5  1.25 


SOBRE  10.000  HOMBRES 


En  el  ejército 
prusiano 


En  la  guarnición 
francesa  de  Lan- 
gres. 


Muertos  por  viruela 
Id.  id.  disentería.  . 
Muertos  por  fiebre 
tifóidea . 


5.8 

32.3 

118.8 


222.6 

19.3 

80.6 


Parece  que  la  batalla  está  ganada  por  los  vacu- 
nistas.  Agrégase  como  refuerzo  que  en  algunas 
ciudades  como  Chicago  y  Venecia  se  ha  inoculado 
la  vacuna  y  se  ha  hecho  la  revacuna  en  el  período 
álgido  de  la  epidemia  de  viruela;  que  igual  cosa  se 
hizo  en  Paris  durante  el  sitio  y  que  los  resultados 
no  contradichos  hasta  ahora,  que  nosotros  lo  sepa¬ 
ramos  al  menos,  han  sido  favorables  á  la  vacuna 
y  revacuna. 

Puede  haber  exageraciones  vacunistas  y  estadís¬ 
ticas  preconcebidas  en  favor  del  virus  jenneriano, 
pero  esa  estadística  bastardeada  no  es  la  que  aca¬ 
bamos  de  trasmitir  al  lector.  Suponemos  que  las 
diversas  fuentes  de  donde  la  entresacamos  no  son 
tan  turbias  como  la  linfa  impura  que  ha  metido  en 
Lóndres  tanto  barullo  en  estos  últimos  tiempos. 

Vendrá  en  seguida  la  estadística  y  comentarios 
desfavora bles  para  que  el  lector,  teniendo  delante 
el  pró  y  el  contra,  pronuncio  su  veredicto  inape¬ 
lable. 


En  el  ejército  francés  la  vacuna  y  revacuna  son 
obligatorias,  y  desde  el  8  de  Marzo  de  1875,  raro, 
muy  raro  os  el  soldado  que  escapa  á  la  inoculación. 
La  guarnición  militar  de  Paris  no  sufrió  casi  nada 
durante  la  epidemia  de  viruela,  mientras  que  la  po¬ 
blados  civil,  mónos  resguardada  por  la  vacuna  y 
revacuna,  ofreció  numerosas  víctimas 
La  epidemia  de  1869-71  en  Francia  fuó  tan  hor¬ 
rible  y  desastrosas  como  las  grandes  epidemias  que 
tenían  lugar  ántes  de  la  inoculación  de  la  vacuna. 
Noventa  mil  personas,  según  el  cálculo  deChauf- 
fard  y  Vernois,  fueron  víctimas  do  la  viruela.  Va- 
cher  constata  las  cifras  correspondientes  al  año  1871: 


Nacimientos . 821.129 

Virulentos .  226.417 

Muertos  por  la  viruela .  58  236 

Desfigurados .  24.004 


La  proporción  de  la  mortalidad  es  de  1  muerto  en 
cada  5  ó  7  enfermos.  Hemos  visto  que  en  el  ejército 
francés,  la  proporción  de  la  mortalidad  fuó,  del  72  al 
75,  de  12  muertos  en  cada  109  enfermos,  y  de  8  ó 
9  muertos  en  cada  100  enfermos,  desde  1876  á  1879. 

El  lector  se  dirá  :  «  basta  con  estas  estadísticas. 
Debemos  estar  satisfechos.  La  vacuna  es  un  pre¬ 
servativo,  aunque  no  sea  una  inmunidad  contra  la 
viruela.  La  revacuna  es  necesaria;  el  preservativo 
dura  poco.  » 

Los  estudios  á  que  dió  motivo  la  gran  epidemia 
de  1870  suministran  datos  importantes,  comparando 
las  cifras  relativas  al  ejército  prusiano  con  las  que 
se  ordenaron  regularmente  y  correspondían  á  la 
guarnición  francesa  de  Langres,  «  una  de  las  pocas 
guarniciones  que  estuvieron  en  condiciones  relati¬ 
vamente  buenas,  bajo  el  punto  de  vista  de  la  higie¬ 
ne  y  de  la  vacuna  »;  sin  haber  pasado,  en  su  gran 
mayoría,  por  la  revacuna. 


La  estadística  en  contra  (1) 

Anuncian  las  crónicas  parlamentarias  que  la  Cᬠ
mara  de  Representantes  rechazó  ayer  el  proyecto 
de  vacuna  y  revacuna  obligatorias,  sancionando 
una  sustitutivo que  se  limita  a  establecer  una  «au¬ 
torización  al  Poder  Ejecutivo  para  que  invierta  diez 
mil  pesos  anualmente  en  la  propagación  de  la  va¬ 
cuna.  » 

Damos  el  pósame  á  los  vacunistas,  y  vacunófobos. 
El  Proyecto  sancionado  pasará  en  breve  al  Senado  y 
es  para  nosotros  indudable  que  ha  de  tener  allí  im¬ 
pugnadores. 

No  esperábamos  tan  pronto  la  solución  do  la  Cᬠ
mara  de  Diputados;  pero  ya  que  queda  un  último 
baluarte  continuaremos  nuestros  estudios,  ofrecien¬ 
do  terminarlos  en  el  número  próximo,  pues  abriga¬ 
mos  el  justo  temor  de  que  nuestros  lectores  escla- 
men:  «¡Qué  solo  de  vacuna!  ostamos  vacunados  y 
revacunados  por  La  Razón.» 

Aparto  del  interés  del  momento,  debido  á  la  san¬ 
ción  de  una  ley  acerca  de  la  vacuna,  tiene  esta  cues¬ 
tión  una  importancia  y  utilidad  permanentes,  por¬ 
que  afecta  directamente  á  la  salud  individual  y  pú¬ 
blica,  á  la  familia  y  á  la  sociedad. 

Ofrecimos  la  estadística  desfavorable,  y  la  dare¬ 
mos,  aunque  el  lector  ha  de  haberse  apercibido  de 
que  las  estadísticas  favorables  á  la  vacuna  y  reva¬ 
cuna  obligatorias  son  también  favorables  á  la  fiebre 
tifoidéa.  Carnot  y  otros  módicos  notables  han  afir¬ 
mado  que  si  bien  la  vacuna  preserva  de  la  viruela, 
ésta  es  reemplazada  por  la  fiebre  tifóidea.  Se  ha  ob¬ 
servado  que  desde  principios  del  siglo,  á  medida  que 
se  ha  ido  propagando  la  vacuna,  la  fiebre  tifoidea 
ha  ido  aumentando.  Sean  cuales  fueren  las  impug- 

(I)  Publicado  en  el  nüm.  1 196  de  La  Razón,  fecha  5  de  Noviem¬ 
bre  de  1882. 


—  41 


naciones  que  á  esa  observación  se  hagaD,  es  lo  cier¬ 
to  que  los  estadísticas  mejor  llevadas  en  favor  de  la 
vacuna  autorizan  para  decir  que  no  era  tan  locoCar- 
not  cuando  opinaba:  que  mediante  la  vacuna  la  fie¬ 
bre  tifoidea  reemplazaría  á  la  viruela.  Es  el  caso  do 
preguntar:  ¿Cuál  de  las  dos  es  peor? 

En  el  ejército  prusiano,  sometido  rigorosamente 
á  la  vacuna  y  revacuna,  se  observó  este  fenómeno 
durante  la  guerra  última  con  la  Francia. 

En  10,000  hombres,  seis,  apenas,  raorian  de  vi¬ 
ruela;  119  morían  de  tifóidea.  En  la  guarnición  fran¬ 
cesa  de  Langres  que  no  habia  recibido  con  tanta  ri 
gorosidad  el  virus  sagrado  y  que  en  su  mayor  par¬ 
te  no  estaba  revacunada,  morían  de  viruela  523 
hombres  por  grupo  de  10,000;  y  si  morían  de  tifo¬ 
idea.  La  estadística  del  doctor  Bertillon,  ya  citada, 
dá  un  resultado  semejante. 

En  París  desde  1.*  Enero  á  1."  Julio  de  1880  obser 
vó  el  benemérito  doctor  este  fenómeno:  que  en 
10,000  personas  de  la  población  civil,  masculina,  de 
15  á  35  años,  se  producían  10  casos  do  viruela  y  15 
de  tifoidea  y  en  la  población  militar,  en  10,000  in¬ 
dividuos  dos  casos  apenas  de  viruela  y  86  casos  de 
tifoidóa.  Recuérdese  que  desde  1875  se  practica  en 
el  ejército  francés  con  toda  severidad  la  vacuna  y 
revacuna,  y  que  la  vacuna  y  revacuna  en  la  ciudad 
de  Paris  han  sido  muy  descuidadas  á  pesar  de  las 
horribles  epidémias  porque  ha  pasado  aquella  gran 
capital. 

Abramos  la  estadística  módica  del  ejército  fran¬ 
cés  y  encontraremos  en  el  año  75  la  estadística  me¬ 
dia  de  entradas  á  los  hospitales: 

FIEBRE  TIFOIDEA 

Entradas  4637-  Proporción  en  1000  entradas  39  ! 

VIRUELA  Y  VARIOLOIDE 

Entradas  613— Proporción  en  1000  entradas  5  ! 

L.  Colín,  notabilidad  módica  vacunista,  condensa 
en  un  cuadro  las  causas  de  muerte  durante  el  año 
75,  en  el  ejército  francés. 

En  4725  defunciones,  la  cifra  mas  notable  de  todas 
es  la  ocasionada  por  la  fiebre  tifóidea;  escede  á  la 
cuarta  parte  del  total  de  las  defunciones,  y  es  veinte 
veces  mayor  que  la  mortalidad  de  virulentos. 

Do  4725  defunciones,  1553  son  de  tifoidéa,  y  solo 
77  de  viruela.  El  Dr.  Arnold  hace  Dotar  que  esto 
cuadro  del  año  75  puodo  tomarse  como  general,  pues 
no  hay  grandes  oscilaciones  en  la  morbosidad  mi¬ 
litar.  Arnold  escribe  en  el  81. 

Bouchardat  observa  que  los  que  sufren  una  vez 
la  viruela,  la  escarlatina,  el  sarampión,  gozan  por 
ese  hecho  de  una  especie  de  inmunidad,  ó  coraza 
patológica.  Es  muy  raro  que  vuelvan  á  ser  ataca¬ 
dos.  Con  la  fiebre  tifóidea  pasa  lo  mismo.  «Es,  en 
mi  opinión ,  un  argumento  de  gran  fuerza  para 
reunir  estas  en  el  mismo  grupo  bajo  el  punto  de 
vista  de  la  etiología .»  « Tengo  una  fé  profunda, 
agrega  el  ilustre  profesor,  en  la  inoculación  pre¬ 
ventiva  de  la  fiebre  tifóidea  en  el  porvenir .» 

Concluiremos,  según  vaticinan  los  sabios  del  dia, 
por  inocularnos  todas  las  enfermedades  para  no  te¬ 
ner  ninguna. 

Será  el  mejor  estado  de  salud  aquel  en  que  haya 
mos  llegado  á  ingertarnos  el  máximum  de  micro 
bios  atenuados;  ó  sea,  cuando  nos  hayamos  inocu¬ 
lado  los  gérmenes  microscópicos,  debilitados,  que 


se  reputan  hoy  en  su  estado  de  virulencia  como 
promotores  ó  engendradores  de  las  enfermedades 
contagiosas  mas  comunes.  No  pasará  mucho  tiem¬ 
po  sin  que  nos  ingertomos  la  rabia  atenuada,  para 
estar  precavidos  contra  algún  mordisco  de  los  ra¬ 
biosos.  Lástima  grande  que  no  se  haya  encontrado 
el  medio  do  concluir  con  los  vibriones  (no  vayan  á 
poner  bribones  los  cajistas),  bacterios  ó  microbios 
absorventes  y  devastadores  de  que  están  plagadas 
la  política  y  las  finanzas!  Si  se  pudiese  encontrar 
el  microbio  atenuado  de  las  ambiciones  mengua¬ 
das,  podria  inocularse  á  algunos  para  curarles  radi¬ 
calmente  de  insensatez.  Decididamente:  lo  semejan¬ 
te  se  cura  con  lo  semejante. 


Sigamos  con  la  estadística  desfavorable  á  la  vacu¬ 
na  y  revacuna 

La  que  sigue  ha  sido  tomada  del  Registro  Gene¬ 
ral  Ioglés,  y  fué  recojida  por  el  Dr.  Pearce.  En  1853 
fue  declarada  obligatoria  la  vacuna  en  Inglaterra; 
se  repitió  ó  confirmó  la  ley  en  1867  y  fue  estableci¬ 
da  con  mayor  rigor  en  1871.  Desde  el  53  ha  habido 
tres  epidemias  do  viruela,  siendo  cada  una  de  ellas 
mas  mortífera  que  la  precedente.  La  primera  abra¬ 
zó  los  años  1857  58-59,  y  las  defunciones  fueron 
14,244.  La  segunda,  en  1863-64-65,  con  20,059  falle¬ 
cimientos.  La  tercera,  en  1870-71  72,  ascendiendo 
los  muertos  á  44,840.  El  aumento  de  población  des¬ 
de  la  primera  á  la  segunda  epidemia  fue  de  7  %  y 
el  aumento  de  la  viruela  en  el  mismo  período  fue 
próximamente  do  58  %.  De  la  segunda  á  la  tercera, 
el  aumento  de  población  fue  de  18  %  y  el  de  la  vi¬ 
ruela  en  igual  período  de  120  %. 

La  mortalidad  por  viruela  en  los  primeros  diez 
años  en  que  fué  obligatoria  la  vacuna,  de  1854  á 
1863,  fué  33,515.  En  los  segundos  diez  años,  1864  á 
1873,  fué  70.458.  La  última  relación  al  parlamento, 
titulada:  «vacunación,  mortalidad »,  número  433, 
sesión  1877,  publicada  en  el  registro  general,  pone 
de  manifiesto  el  número  proporcional  anual  de  ni¬ 
ños  de  monos  do  un  año,  de  quince  enfermedades, 
que  son  inccunab les ó  agravadas ,  del  mo¬ 
do  siguiente: 

Antes  de  la  ley  de  vacunación  obligatoria,  mu¬ 
rieron  : 


1847-62,619  niños  en  una  población  de  17.927,609 
almas. 


Después: 
1854  73,000 

id 

id 

id 

V 

1867-92,827 

id 

id 

id 

20.066,224 

1868-96,282 

id 

id 

id 

1875-106,107 

id 

id 

id 

22.712,266 

Mientras  la  población  iDglesa  habia  aumentado  de 
18  á  23  millones  de  defunciones  de  niños  por  quin¬ 
ce  enfermedades,  aumentaron  en  el  mismo  período 
de  63,000  á  106,000!  Si  la  mortalidad  hubiera  segui¬ 
do  á  la  población,  la  mortalidad  do  1875  hubiera  si¬ 
do  do 80,000;  lo  cual  parece  indicar  que  si  la  vacu¬ 
nación  hubiese  estado  menos  en  boga,  pudieran  ha¬ 
ber  vivido  en  Inglaterra  26,000  niños  mas. 

De  80.000  casos  de  viruela  que  hay  en  la  citada 
rol  ación,  43  mil  fueron  niños  de  menos  de  cinco 
años  de  edad-,  se  cree  que  la  vacunación  obligato¬ 
ria  proteje  especialmente  á  la  infancia.  Y  fíese  uno 
de  las  cifras! .... 

Debe  tenerse  tenerse  también  en  cuenta  que  este 


—  42  — 


formidable  aumento  de  la  mortalidad  coincide  en 
Inglaterra  con  las  habitaciodes  mejoradas,  mejores 
aguas  postables,  establecimientos  de  baños  y  casas 
de  idem,  aberturas  de  parques  y  jardines  en  todos 
los  grandes  centros  de  población;  y  el  gasto  (desde 
que  es  obligatoria  la  vacuna)  de  120  millones  de  li¬ 
bras  esterlinas  en  obras  sanitarias! 

En  el  artículp  do  Paul  Bort  que  tradujo  para  El 
Siglo  el  señor  doctor  Heguy,  se  presenta  la  estadís¬ 
tica  del  doctor  Marson,  módico  de  uno  de  los  hospi¬ 
tales  de  virulentos  do  Lóndres.  En  la  Revista  Cien¬ 
tífica  de  Enero  del  81  encontramos  esa  estadística, 
con  proporciones  que  difieren  notablemente  de  las 
que  Paul  Bert  le  dá.  Para  que  se  puedan  apreciar 
las  diferencias,  hé  aquí  las  dos  estadísticas  atribui¬ 
das  al  doctor  Marson: 

En  6,000  casos  do  viruela  tratados  en  el  estable¬ 
cimiento: 

Según  Paul  Bert  Según  Rev.  Científica 

Número  de  muertes  por  cien 


Individuos  no  vaojna- 


DOS . 

25.50 

% 

35.50 

% 

Id  vacunados  pero  sin 

cicatrices . 

21.75 

» 

51.75 

Id  presentando  una  ci- 

triz  bien  marcada  . . 

4.25 

> 

4.25 

Id  id  id  mal  id . 

12.00 

12.00 

» 

Id  dos  cicatrices  bien 

marcadas .  . . 

2.75 

» 

2.75 

)) 

Id  id  id  mal  marcadas. 

7.25 

» 

7.25 

» 

Id  tres  cicatrices . 

1.75 

1.75 

Id  cuatro  cicatrices  ó 

mas . 

0.75 

0.75 

Qué  prueba  esta  estadística?  Que  el  número  de 
inoculaciones  ejerce  una  influencia  segura  como 
preservativo?  Y  que  del  número  y  persistencia  de  las 
cicatrices  depende  el  valor  y  eficacia  de  la  vacuna  y 
revacuna?  Pero  de  esta  estadística  resulta  también 
que  los  no  vacunados  solo  murieron  en  la  propor¬ 
ción  de  un  35.50  %  y  los  vacunados  que  n>  conser¬ 
vaban  cicatriz,  en  la  proporción  de  un  51.75  %. 

Con  mas  esta  particularidad:  reuniendo  el  tanto 
por  ciento  do  los  individuos  fallecidos  queteoian  ci¬ 
catrices,  mal  ó  bien  marcadas,  resulta  que  perecie¬ 
ron  on  la  proporción  de  un  28.75  %  en  los  6,000  ca¬ 
sos  observados  por  el  doctor  Marson.  Paul  Bert  dá 
el  25.50  %  do  muertos  on  los  no  vacunados.  Mr.  A. 
J.  Martin  en  La  Revista  Científica  dá  el  35. 5C  en 
los  no  vacunados,  y  51.75  %  en  los  fallecidos  que 
estaban  vacunados  y  no  tenían  cicatriz. 

Ya  puede  el  lector  lanzarse  á  conjeturar  si  esa  es 
tadística  es  favorable  ó  desfavorable  á  la  vacuna  y 
revacuna  obligatorias. 

Se  ha  dicho  en  la  prensado  Lóndres  que  la  vacu¬ 
na  en  los  niños  ocasionaba  la  meningitis,  la  erisi¬ 
pela,  escrófulas,  etc. 

Se  habían  observado  casos  de  erisipela  provocada 
indudablemente  por  la  vacuna.  Los  vacunistas  re¬ 
sistieron  y  negaron.  Fuó  preciso  desenterrar  la  bio¬ 
grafía  de  Jennery  decir  á  los  vacunófobos  que  no 
se  empeñaran  en  desconocer  lo  que  había  sido 
constatado  inequívocamente  de.sde  1799.  El  doctor 
Pearson  escribia  á  Jenner,  su  amigo  y  asociado  en 
el  descubrimiento:  «Al  decir  al  Dr.  Woodvillo  que 
Vd.  me  habia  tenido  muy  ansioso  con  motivo  de  re¬ 


comendar  el  uso  del  cáustico,  él  replicó:  teso  habría 
condenado  la  operación».  El  doctor  Pearson  añade: 
«Puede  estar  seguro  de  que  si  la  práctica  del  cow- 
pox  no  puede  ser  introducida  sin  el  cáustico,  nunca 
tendrá  éxito  ante  el  público. » 

La  epidemia  de  viruela  del  año  pasado  despertó 
el  entusiasmo  por  la  vacuna.  Sabemos  que  hubo 
muchos  casos  de  erisipela,  poro  no  tenemos  medios, 
ni  autoridad  profesional,  para  constatar  que  sucedió 
aquí  lo  que  el  dector  Dudgeon  habia  observado  en 
los  niños  en  los  hospitales  de  Lóndres. 

Se  ha  notado  también  que  después  de  la  vacuna 
obligatoria  mueren  mas  niños  que  antes,  de  escar¬ 
latina,  sarampión,  garrotillo,  etc.,  aunque  muera 
mucho  menor  número  de  viruela. 

Hó  aquí  un  pensamiento  diabólico  que  asoma  la 
cabeza  en  medio  de  un  abismo  de  conjeturas:  ¡Dios 
sabe  si  no  resulta,  que  la  atenuación  del  microbio 
de  la  viruela  ó  sea  la  inoculación  del  virus  jenne- 
riano,  si  bien  preserva  de  la  viruela,  provoca  por 
su  atenuación  otras  entermedades! 

Que  la  vacuna,  cuidosamente  inoculada  es  u  i 
preservativo  contra  la  viruela,  en  el  sentido  de  que 
están  mucho  mas  espuestos  á  sufrir  el  mal  y  á  pe¬ 
recer  los  no  vacunados  que  los  vacunados,  y  reva¬ 
cunados,  parece  ser  un  hecho  generalmente  acep¬ 
tado. 

Que  ese  hecho  traiga  aparejadas  tales  ó  cuales 
consecuencias  mas  ó  menos  desastrosas,  es  lo  que 
no  ha  sido  suficientemente  estudiado  hasta  ahora. 
Y  es  forzoso  confesar  que  en  ese  terreno  tiene  gran 
horizonte  la  investigación,  y  que  de  ella  puede  re¬ 
sultar  una  solución  que,  reconociendo  una  vez  mas 
la  virtud  presorvativa  do  los  virus  atenuados  de¬ 
nuncie  y  prevenga  las  consecuencias  mediatas  ó  in¬ 
mediatas  do  la  inoculación,  pero  al  fin  y  al  cabo  los 
microbios  se  inoculan  porque  algún  papel  desem¬ 
peñan  en  la  economia  del  organismo. 

Quedan  algunas  consideraciones  generales  para 
el  próximo  número. 

Nos  parece  que  la  solución  dada  por  la  Cámara  es 
de  las  menos  inconvenientes  en  el  estado  actual  de 
la  cuestión. 


Y  aquí  dá,  fin  la  linfa  pura  (1) 

Al  empozar  estos  estudios  acerca  de  la  vacuna  y 
revacuna  echábamos  de  menos  los  datos  locales. 
Las  corporaciones  públicas  no  han  podido  suminis¬ 
trar  datos  estadísticos  para  ilustrar  el  problema.  Si 
se  votan  definitivamente  los  diez  mil  pesos  para  la 
propagación  de  la  vacuna,  y  no  se  van  á  malgastar 
como  tantas  otras  partidas  del  presupuesto,  puede 
esperarse  que  la  Administración  de  vacuna  hará  lo 
necesario  para  que  con  el  mayor  esmero  y  kscrupu  - 
losidad!  se  distribuya  la  vacuna,  se  inocule,  y  se 
anoten  sus  resultados,  recojiendo  constantemente 
los  datos  de  la  estadística  mortuoria,  y  obligando  á 
los  médicos  á  pasar  parte  do  los  virulentos  que  en¬ 
tren  á  su  clínica.  Algunas  de  estas  medidas  pueden 
adoptarse  desde  luego.  En  la  libre  Inglaterra  la  ley 
ha  impuesto  multa  á  los  médicos  que  no  comuni¬ 
can,  á  la  autoridad  sanitaria,  el  parte  de  enferme¬ 
dades  contagiosas,  y  ha  hecho  responsables  á  los 
particulares  de  los  accidentes  provenientes  de  con¬ 
tagio  por  falta  de  aviso  á  la  autoridad  ó  a  los  voci- 

ft)  Publicado  on  La  Razón,  mim.  M97,  focha  7  de  Noviembre 
de  1882 


43  — 


nos,  autorizando  para  reclamar  contra  los  omisos  ó 
encubridores  de  daños  y  perjuicios. 

En  algunas  ciudades  de  Alemania  el  dueño  de 
casa  esiá  obligado  á  poner  en  la  puerta  un  lazo  de 
género  amarillo,  para  anunciar  que  hay  peste.  Algo 
parecido  al  lazo  de  merino  negro  que  en  el  llama¬ 
dor  de  nuestras  puertas  denuncia  el  duelo  en  el 
hogar. 

Estas  precauciones  obedecen  á  la  necesidad  de 
aislar  los  virulentos,  impidiendo  en  cuanto  es  po¬ 
sible  la  difusión  del  flagelo.  Muchos  son  los  casos 
en  que  una  epidemia  de  viruela  ha  sido  disminuida 
y  estinguida  por  el  aislamiento  de  los  virulentos 
impidiendo  su  contacto  con  los  sanos,  y  reuniendo 
en  un  solo  barrio,  ó  en  un  hospital  de  virulentos, 
dispersos  ó  desparramados,  como  otros  tantos  focos 
de  infección,  en  los  diferentes  barrios  de  una  ciu¬ 
dad. 

Los  salvajes  han  enseñado  el  procedimiento  á  los 
hombres  civilizados.  Huyen  aterrorizados,  para  li¬ 
brarse  del  flagelo,  y  de  paso  diremos,  que  el  pro¬ 
fesor  Vogt  se  lanzó  á  un  viaje  con  el  solo  propósito 
de  averiguar  si  eran  ciertos  los  horrores  atribuidos 
á  la  viruela  en  medio  de  los  pueblos  semi  salvajes 
del  Oriente;  y  volvió  persuadido,  según  lo  asevera, 
de  que  la  viruela  es  menos  mortífera  en  las  comar¬ 
cas  donde  la  vacuna  no  ha  sido  practicada. . . . 

Pero  á  parte  de  los  diversos  medios  preventivos 
y  medidas  de  higiene  particular  y  general  que  pue¬ 
den  aconsejarse,  y  son  mas  ó  menos  conocidas  de 
las  familias,  debe  notarse  que  la  eficacia  profilác¬ 
tica  de  la  vacuna  no  ha  llegado  hasta  impedir  que 
se  reproduzcan  epidemias  de  viruela  en  el  seno  de 
poblaciones  sometidas  al  régimen  déla  vacuna  y 
revacuna  obligatoria.  Los  estadistas  y  los  módicos 
comienzan  á  afirmar  categóricamente  que  la  virue¬ 
la  es  una  epidemia  cíclica,  que  tiene  su  evolución 
trazada  en  períodos  que  varían  do  5,  7  á  10  años, 
según  las  condicione*  de  las  localidades  en  que  se 
estaciona. 

Ernesto  Besnier  so  ha  consagrado  especialmente 
á  reunir  datos  que  confirman  plenamente  la  reapa¬ 
rición  de  las  epidemias  de  viruela  en  períodos  de 
quinquenios,  setenios  ó  decenios.  Se  ha  observado 
que  la  viruela,  una  vez  que  ha  prendido  con  fuer¬ 
za  en  una  localidad,  vuelve  á  reproducirse,  «co¬ 
menzando  por  un  período  de  gestación  ó  incuba¬ 
ción  durante  dos  ó  tres  años  hasta  que  se  produce 
el  año  epidémico,  después  del  cual  hay  un  período 
de  reposo,  casi  absoluto,  durante  otro  número  de 
años,  como  si  los  gérmenes  hubieran  agotado  su 
poder  de  destrucción  y  se  propusieran  roadquirirlo 
en  el  silencio  y  el  misterio,  provechaudo  de  la  de¬ 
sidia  y  la  imprevisión  que  se  apoderan  de  los  hom¬ 
bres  así  que  ha  cesado  el  período  álgido  de  la  epi¬ 
demia.» 

También  se  ha  obeervado  que  los  microbios  do 
la  viruela  y  del  sarampión  suelen  andar  acompa¬ 
ñados  y  producen  simultáneamente  sus  estragos. 
El  sarampión  precede  muy  á  menudo  á  la  viruela 
Willerain  afirma  que  sus  observaciones  le  llevan  á 
establecer  que  si  la  viruela  estalla  primero  que  el 
sarampión,  suspendo  su  marcha  y  el  sarampión 
progresa,  como  si  fuese  un  terrible  escudero  que 
reclama  el  derecho  de  ir  adelante  allanando  los  ca¬ 
minos  de  la  muerte. 

Laveran  y  Bouchardat  han  constatado  también 
que  ol  órdon  de  la  evolución  para  los  no  aclimata¬ 
dos  y  recion  llegados  á  los  barrios  infestados  de  las 


ciudades  populosas,  es  el  siguiente:  en  los  prime¬ 
ros  meses  el  sarampión  y  la  escarlatina,  después  la 
viruela,  y  por  últim  la  fiebre  tifóidea. 

Los  micróbios,  engendradores  de  la  escarlatina, 
el  sarampión,  la  viruela,  la  tifóidea,  la  difteria,  pu¬ 
lulan  en  los  grandes  centros  urbanos.  ¡Cuidado, 
pues,  con  los  microbios! 

Tyndall  dice:  «así  como  una  semilla  puede  en- 
jendrar  un  bosque  entero,  así  las  enfermedades 
epidémicas  plantarían  literalmente  su  germen,  cre- 
corian,  y  exparcerian  á  su  rededor  nuevos  gérme¬ 
nes,  que,  á  condición  de  encontrar  en  el  cuerpo 
humano  la  temperatura  y  el  alimento  convenientes , 
concluirán  por  invadir  finalmente  toda  una  pobla¬ 
ción.  Nada  hay  en  la  química  pura  que  semeje  el 
poder  de  propagación  y  el  modo  de  multiplicación 
de  que  está  dotada  la  materia  que  sirve  do  fuente  á 
esta  clase  de  enfermedades.  La  materia  de  cada 
enfermedad  contagiosa  se  produce  tan  regularmen¬ 
te  como  reproducen  los  perros  y  los  gatos.  > 

Si  la  materia  contagiosa  surge  de  las  impurezas 
de  nuestro  suelo  y  está  difundida  en  la  atmósfera 
urbana,  la  salubrificacion  del  suelo  y  del  aire  deben 
ser  la  preocupación  do  todo  momento.  El  aseo,  la 
limpieza,  en  el  hogar  de  cada  uno;  la  inmediata 
desinfección  de  todo  lo  que  pueda  considerarse  co¬ 
mo  foco  de  gérmenes  malignos.  Aseo  y  limpieza 
en  las  calles,  los  mercados  y  las  cloacas.  Todas  es¬ 
tas  medidas  bien  ejecutadas  y  rigorosamente  ins¬ 
peccionadas  contribuirán  á  disminuir  ó  amortiguar 
los  gérmenes  do  las  enfermedades  contagiosas  e 
impedirán  su  reproducción  periódica,  con  tanta 
mayor  eficacia  que  la  vacuna  y  revacuna  obligato¬ 
rias.  La  buena  higiene,  convertida  en  régimen 
cuotidiano,  si  no  estirpa  completamente  las  enfer¬ 
medades  contagiosas,  las  aminora  ó  las  hace  menos 
temibles,  y  ménos  mortíferas. 

En  estas  indicaciones  finales  tenemos  de  nuestra 
parte  la  opinión  de  un  notable  higienista:  «  La  me¬ 
jor  profilaxis  de  las  enfermedades  contagiosas,  así 
como  do  las  esporádicas,  endémicas  y  epidémicas, 
se  hallará  en  la  fiel  observancia  de  los  preceptos 
higiénicos.  Poro,  no  obstanto  lo  sencillos  que  éstos 
son,  y  la  facilidad  conque  pueden  cumplimentarse, 
no  se  aviene  todavia  el  hombre  á  sujetarse  á  su 
blando  yugo;  y  de  ahí  el  que  desde  tiempo  inme¬ 
morial  haya  soñado  en  el  hallazgo  de  preservativos 
que  le  permitan  entregarse  sin  recelo  á  todo  linaje 
do  transgresiones.  Preservativos  seguros,  infali¬ 
bles,  no  hay  ninguno . » 

Y  aquí  dá  fin  el  solo  de  vacuna  á  que  hemos  so¬ 
metido  al  lector,  tratando  de  inocularle,  en  cuanto 
ha  estado  á  nuestro  alcance,  todos  los  elementos 
que  constituyen  hoy  el  problema  de  la  vacuna  y  re¬ 
vacuna  obligatorias.  Ya  sabe  el  lector  á  qué  ate¬ 
nerse,  y  con  cuánta  diligencia  debe  proceder,  si  es 
padre  de  familia  y  se  propone  icocular  á  sus  hijos 
el  virus  sagrado,  la  maravillosa  iinfa  vacuna.  «Debe 
llamar  muy  sériamente  su  atención  la  vacuna  que 
se  emplee /» 

En  cuanto  ú  los  legisladores,  opinamos  que  no 
podrán  monos  de  titubear  ántes  de  imponer  el  uso 
de  la  lanceta,  para  preservar  de  la  viruela.  No  bas¬ 
ta  que  la  ciencia  haya  constatado  la  eficacia  de  la 
buena  vacuna  para  preservar  ó  atenuar  en  general 
la  viruela. 

Las  consecuencias  de  esa  inoculación  están  en  li¬ 
tigio;  y  los  nuevos  descubrimientos  y  ensayos,  así 
como  el  análisis  esmerado  do  la  estadística  mortuo- 


ria,  el  estudio  clínico  de  los  inoculados,  contribuí' 
rán,  con  la  ayuda  poderosa,  del  microscópio,  á 
completar  la  teoría  moderna  de  los  gérmenes  en 
las  enfermedades  contagiosas,  y  la  de  la  atenuación 
de  los  virus  como  preservativo  ó  coraza  contra  esas 
mismas  enfermedades. 

Darwin,  padre  ó  hijo.  Lubbock,  Siemens,  Huxley, 
Tyndall,  por  no  citar  franceses  y  alemanes,  se  han 
consagrado  á  estudiar  por  medio  de  esperimentos 
diversos  y  con  ayuda  del  microscópio  la  desigual 
distribución  de  los  gérmenes  malignos  en  el  aire 
ambiente.  Los  esperimentos  van  tomando  un  ca¬ 
rácter  localista  muy  interesante  bajo  el  punto  de 


vista  científico.  Los  resultados  obtenidos  se  com¬ 
prueban  ó  rectifican  constantemente. 

El  estudio  de  los  microbios  es  á  la  orden  del  dia 
en  casi  todas  las  Sociedades  y  Academias  científicas, 
y  comienzan  recien  á  difundirse  las  aplicaciones 
novísimas  de  algunos  procedimientos  terapéuticos, 
debidos  á  la  teoría  de  los  górmenos. 

Pocos  años  bastarán  para  que  los  sábios  nos 
trasmitan  la  última  palabra  acerca  de  las  inocula¬ 
ciones  de  virus  atenuados  y  sus  consecuencias  en 
la  economía  animal.  Ellos  pronunciarán  el  fallo  en 
la  cuestión  de  la  vacuna  y  revacuna  obligatoria. 

Ai  posteri  V ardua  smtenzil